Columna de Ignacio Figueroa: Una flota frente a Caracas…

La situación en Venezuela podría generar una lectura doble. Implica, por un lado, un chantaje para precipitar un cambio de gobierno. Por el otro, que las formas trumpistas se basan en la impredecibilidad de su actuar en el manoseado guion de “loco”.

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Por Ignacio Figueroa
Actualizado el 1 de noviembre de 2025 - 12:00 pm

Estados Unidos desplegó una gran flota frente a las costas venezolanas. Foto: AGENCIAS

La trama rusa supuso la intervención de ese país en las elecciones de EEUU entre la demócrata Hilary Clinton y Donald Trump, por los Republicanos. La acción habría sido gatillada para favorecer a Trump sobre Clinton, señalada como un enemigo de mayor peligro para el Kremlin.

Desde el primer momento la posibilidad de que Estados Unidos, el país de mayor desarrollo, primera potencia económica y militar del mundo reconociera que un Estado secundario en la geopolítica tuviera la capacidad tecnológica para intervenir en sus elecciones democráticas, parecía un reconocimiento de vulnerabilidad difícil de aceptar para la opinión pública mundial.

Años después, distintas decisiones judiciales y de inteligencia, llegaron a la conclusión de que la trama rusa fue inexistente. Apenas un arma de campaña de desinformación para afectar los resultados de los comicios.

Para tratar el tema, los medios corporativos no incluyeron en sus análisis las intervenciones directas o soterradas de EEUU en contra de los procesos democráticos. Especialmente en Latinoamérica. Y fue expuesto como víctima y no como victimario con un prontuario extenso de intimidación, golpismo y violencia política y militar.

La llegada de Trump al gobierno supuso un cambio de narrativa. Se pasó de la intervención humanitaria, basada maliciosamente en los valores de los Derechos Humanos y la promoción de la democracia contra Estados designados como “fallidos” o “canallas”, hacia una exhibición cruda del poder.

El guion del loco

Al uso de las sanciones tanto como la imposición de aranceles, se transitó hacia la movilización de fuerzas militares. Se ciernen como intimidaciones creíbles sobre sus enemigos en el Asia Pacífico o el Caribe.

El envío de una poderosa flota a Venezuela, incluido el portaaviones Gerald Ford (el más grande con capacidades nucleares), muestra la clara intención de Trump.

También las periódicas ejecuciones extrajudiciales de supuestos “narcoterroristas” que navegan en pequeñas lanchas pesqueras. Es decir, se escala de las amenazas a la acción directa.

En la misma línea contra el narcoterrorismo, el gobernador bolsonarista de Río de Janeiro, Claudio Castro, llevó a cabo una redada contra el Comando Vermelho. Se saldó con centenares de muertos (lo que seguramente contará con la admiración de José Antonio Kast). Es la estrategia de funcionamiento de la ultraderecha internacionalista en todos los países bajo la misma agenda.

Pero la situación en Venezuela podría generar una lectura doble. Implica, por un lado, solamente un chantaje para precipitar un cambio de gobierno. Por el otro, que las formas trumpistas se basan en la impredecibilidad de su actuar en el manoseado guion de “loco”.

La amenaza económica

Se crea en los enemigos la idea de que se es capaz de cualquier acción, incluso del ataque atómico, para cumplir sus objetivos geoestratégicos. Como si los capitalistas estadounidenses no fuesen los más interesados en llevar largas y prósperas vidas.

A las acciones del “loco” Trump se oponen recientes movimientos de sus rivales. Por una parte, el chavismo se fortalece internamente frente a la amenaza imperialista, potenciando sus objetivos nacionales de soberanía y defensa de la patria. Por otra, Rusia firma un Tratado de Asociación Estratégica con Venezuela, que amplía la cooperación en seguridad y energía entre ambas naciones.

En tanto, Rusia mostró sus nuevas capacidades bélicas con su misil Burevéstnik y el dron submarino, Poseidón. Evolucionan la tecnología al presentar micro reactores nucleares que prometen cambiar el arte militar y aspectos relevantes de la vida cotidiana, como la energía.

La respuesta del trumpismo fue ordenar la realización de ensayos nucleares, no efectuados desde 1992. Más aún, durante este siglo solamente Corea del Norte los ejecuta, con el nefasto daño medioambiental en un mundo sumido en una crisis ecológica existencial. Rusia no realizó explosiones nucleares si no que pruebas de reactores. Pero ante la amenaza, indicó que mantendría una actitud “simétrica” frente a una nueva escalada.

En paralelo a la intrusión directa, EEUU incluye un nuevo capítulo de intervencionismo. Esta vez lo hace sin utilizar la amenaza militar, sino que su poder económico para manipular las inclinaciones políticas de los electores.

Fue antes de las elecciones legislativas en Argentina, que dieron como ganador al partido del presidente Javier Milei, La Libertad Avanza (LLA). Ante la posibilidad de una debacle del gobierno libertario por la situación económica, Trump accedió a una ayuda financiera sin precedentes. Pero bajo la condición de que no se entregaría ante una derrota política.

Rebelión imposible

De esta forma, en una manipulación económica/comunicacional, se aleccionó al pueblo argentino por quién era necesario votar para obtener una recompensa. La maniobra de la zanahoria y el garrote tan utilizada por Estados Unidos desde que es nación.

Si bien no es posible aseverar -sin un estudio sociológico- el por qué los ciudadanos se inclinaron por los candidatos de LLA, la intervención electoral descarada es una nueva herramienta de coacción geoestratégica. Constatados sus resultados positivos, la Casa Blanca podrá usarlo como parte del arsenal en futuros diseños de control político/social de la población.

La lógica neoliberal de beneficiar a la élite con ayudas económicas puede haber sido importante a la hora de que los argentinos creyeran en la posibilidad de un chorreo que los favorezca, en la misma idea de que los fondos de pensiones privados hace que los ciudadanos deseen la fortuna del empresariado para que algo de la rentabilidad de su propio trabajo retorne a sus bolsillos.

Este es un intento más de vuelta de tuerca en la cosificación de la conciencia del pueblo. Es un sálvese quien pueda en un mundo en decadencia, fomentando una postura fragmentada y contemplativa hacia la realidad. El poderoso es dueño de la vida y del destino de las personas, en un determinismo donde es indeseable y menos aún posible la rebelión.