Columna de Rodrigo Cabrillana: Acordes y palabras

Cuando las guitarras sonaban en la radio y las páginas callaban, Fabio Salas puso el rock en palabras, y su legado resuena hoy más que nunca.

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Por Rodrigo Cabrillana
Actualizado el 30 de agosto de 2025 - 10:30 am

Fabio Salas Zúñiga fue pionero en romper el silencio editorial cuando nadie se atrevía. Fotos: RODRIGO CABRILLANA Y CRISTÓBAL GONZÁLEZ LORCA

Durante la última década, la publicación de textos vinculados al rock experimentó un auge decisivo en Chile. Lo que durante los años ’80 y gran parte de los ’90 fue un territorio apenas explorado, hoy se ha convertido en un campo fértil, nutrido por escritores y periodistas que se adentraron en ese cruce entre literatura y música.

Con libros donde el rock constituye atmósfera, inspiración o estilo, el público lector de este formato también creció, acompañado por la irrupción de editoriales independientes que ampliaron las posibilidades de circulación de la escritura musical.

Del silencio a la palabra

Sin embargo, cuando nada de esto existía, en plena dictadura a mediados de los ’80 ( tiempo marcado por la precariedad cultural y la censura), Fabio Salas Zúñiga, licenciado en Literatura por la Universidad de Chile, se atrevió a romper el silencio editorial.

En 1987 publicó “El grito del amor”, considerado el primer libro chileno dedicado al rock. En sus páginas, Salas ofrece una mirada amplia a la escena mundial y nacional, e instala en el registro escrito a proyectos fundamentales como Aguaturbia y Los Prisioneros, abriendo así un camino para futuras generaciones de cronistas y ensayistas de la música popular.

Cartografía del rock chileno

Fue así como Salas comenzó a delinear una cartografía musical y literaria que, con el paso de los años, se expandiría de manera sostenida. A partir de aquel primer gesto pionero, su catálogo personal fue sumando un nutrido conjunto de títulos que orbitan en torno a la misma temática. Ahí están “La Primavera Terrestre”, “Incendiemos el Supermercado (memorias del underground chileno)”, la biografía del grupo Aguaturbia o Boogie Sudaca: memorias de un rockero chileno, entre muchos otros.

Obras que, en conjunto, consolidaron a Salas como uno de los nombres imprescindibles en la reflexión y registro escrito de la historia del rock chileno.

Otros nombres, la misma pasión

Con el paso de los años se fueron sumando otros nombres claves a esta naciente literatura musical. Tito Escárate, Freddy Stock, Gonzalo Planet, Emiliano Aguayo, David Ponce y Marisol García, entre varios más. Incluso, desde Argentina, Enrique Symns y Vera Land aportaron con la primera biografía no autorizada de Los Tres, escrita desde su propia trinchera.

Salas fue homenajeado por periodistas, músicos y escritores.

Sin embargo, ante todo este panorama, el punto de partida es claro: Salas fue el primer escritor de rock en Chile. O, como lo definió el musicólogo Gerardo Figueroa Rodríguez, “el primer rock writer nacional”.

En rigor, durante los difíciles años ’80 y los controversiales ’90, la escritura rock en Chile se expresó principalmente a través de artículos, crónicas y reseñas en revistas, semanarios, fanzines y, por supuesto, en las secciones de cultura y espectáculos de la prensa escrita.

Allí brillaron nombres fundamentales del periodismo musical, como Pablo Márquez y el propio David Ponce en El Mercurio; Gabriela Bade y Ana María Hurtado, en La Tercera; Francisco Conejera, en El Carrete; o Eduardo Yentzen y Antonio de la Fuente, en la recordada La Bicicleta.

Sin embargo, pese a su trascendencia y a la influencia que ejercieron en la formación de un discurso crítico sobre la música popular, ese trabajo no se tradujo todavía en libros.

Voz crítica que incomodaba

Es más, el propio Salas también dejó una huella importante desde su pluma en el diario La Nación. Allí, durante un largo período, publicó columnas musicales tan comentadas como polémicas. En más de una ocasión, la dirección editorial decidió censurar y dejar sin publicar algunos de sus textos, posiblemente por el tono frontal y la mirada implacable con que analizaba ciertas obras o artistas.

Fiel a su estilo, Salas nunca transó en sus preceptos musicales ni suavizó sus juicios, consolidando así una voz crítica que incomodaba, pero que resultaba necesaria en el panorama cultural de la época.

Una resistencia editorial que Salas terminó pagando caro, precisamente por ser fiel y auténtico a su estilo. Como todo viejo rockero, el ensayista -y también poeta- debió sostener su voz desde los márgenes de las comunicaciones. Porque su frontalidad permanente lo convirtió en un autor incómodo. Nunca transó en suavizar lo que pensaba, y esa intransigencia crítica, que fue a la vez su mayor virtud y su sello personal, también lo relegó a un lugar periférico dentro de los grandes medios.

Inspiración para nuevas generaciones

Sin embargo, con el paso del tiempo, Salas comenzó también a ser reconocido por la generación más joven de escritores de música chilena. Aquellos que, al adentrarse en sus experiencias y en su particular visión del rock nacional, encontraron inspiración para publicar nuevos títulos y organizar homenajes que subrayaran su importancia.

Autores como Yasna Rodríguez, Johanna Watson, Cristóbal González Lorca o Cristofer Rodríguez, entre muchos otros, destacaron la trascendencia de su obra. Señalaron que sin el aporte de Salas, el desarrollo de las letras y la literatura musical en Chile no habría alcanzado la profundidad que conocemos.

Homenaje en vida

A casi 40 años de la primera publicación de rock en Chile, Salas fue homenajeado recientemente en un evento donde periodistas, editores, músicos y escritores hablaron extensamente sobre su influencia en la historia del rock chileno.

Una ocasión única para reconocer en vida la labor esencial de un autor que dedicó su trayectoria a cumplir el anhelo de dejar un registro permanente del rock en los libros, consolidando así su legado como pionero.

¡Larga vida a Fabio Salas! Un escritor que se mantuvo firme a su ideología y a su trabajo, que nunca transó en sus convicciones musicales y que dedicó su vida a dejar constancia escrita del rock chileno.