Columna de ReneX: Chile y su deuda pública
Entre el discurso electoral catastrofista y la evidencia económica. La verdad es que Chile sigue siendo uno de los país más confiables del mundo emergente.
La discusión pública chilena parece empeñada en sobredimensionar un asunto que, analizado con rigurosidad, dista de ser preocupante como lo quieren hacer ver algunos: la deuda pública.
Se ha intentado instalar la narrativa del endeudamiento excesivo, atribuyendo responsabilidades según conveniencia política. Sin embargo, más allá de la disputa, lo relevante es evaluar los números en contexto y a la luz de la evidencia internacional. Chile registra actualmente una deuda pública cercana al 41% del PIB. Aislada, la cifra puede impresionar; en comparación, revela solidez. Para un país emergente, los márgenes considerados prudentes se sitúan entre 35% y 55% del PIB, según los estándares utilizados por organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial.
Chile se ubica en la parte baja de dicho rango, en una posición claramente sostenible.
La realidad
Los mercados internacionales lo reconocen. La clasificación de riesgo soberano que ostenta el país —categorías A1-A2 en Moody’s, a apenas cinco escalones de la máxima— refleja una combinación de institucionalidad fiscal creíble, historial de cumplimiento y bajo riesgo país.
De hecho, Chile está entre los dos niveles de riesgo más bajos de toda América Latina, señalado por las tres clasificadoras de riesgo más importantes del mundo -Moody’s, S&P y FITCH-, mientras economías como, por ejemplo, Argentina, se encuentra 19 escalones por debajo, en la zona especulativa más riesgosa, en el fondo de la tabla.
Cómo se mide
El nivel de deuda es sostenible en la medida en que confluyen tres factores:
-En primer lugar, la relación entre crecimiento económico y tasas de interés: si el PIB avanza más rápido que el costo de la deuda, el peso relativo se reduce.
-En segundo lugar, el acceso a financiamiento: Chile capta recursos a tasas bajas, resultado directo de su credibilidad y bajo riesgo país.
-En tercer lugar, la composición de la deuda: en gran medida emitida en moneda local, lo que reduce la exposición a choques externos y volatilidad cambiaria.
Comparando
Conviene recordar los umbrales internacionales. Estudios del FMI y del Banco Mundial indican que recién a partir del 90-100% del PIB surgen riesgos claros para la estabilidad. Chile está menos de la mitad de ese límite.
A modo de contraste, Japón sostiene una deuda que supera el 200% del PIB y sigue siendo considerado uno de los mercados financieros más estables del planeta, Estados Unidos supera el 120% y nadie duda de su solvencia. La Unión Europea fijó en Maastricht un rango aceptable de endeudamiento público de 60% a 80%, y muchos de sus miembros lo han superado sin perder acceso a crédito ni estabilidad macroeconómica.
Una pregunta y su respuesta
¿Por qué entonces la insistencia en describir a Chile como un país al borde de la asfixia fiscal?
La respuesta no está en la economía, sino en la política. La deuda se ha convertido en un recurso retórico para quienes buscan instalar la idea de un Estado desbordado.
El problema de fondo es que se confunde responsabilidad fiscal con inmovilidad: administrar bien no significa renunciar al uso del endeudamiento cuando éste es sostenible. Chile, con un 41% del PIB, tiene espacio para utilizar deuda con fines productivos: infraestructura, innovación, transición energética. Lejos de ser un síntoma de debilidad, el endeudamiento actual confirma que la economía chilena mantiene fundamentos sólidos, con márgenes que la mayoría de sus pares regionales envidiarían.
Punto final
En síntesis, la deuda pública de Chile está controlada, es sostenible y se encuentra muy por debajo de los umbrales críticos reconocidos internacionalmente.
Lo que en la política se presenta como un problema, en los mercados globales se interpreta como una fortaleza. Y esa es la diferencia entre la retórica del debate interno y la mirada técnica de quienes, desde la evaluación objetiva, concluyen que Chile sigue siendo una de las naciones más confiables del mundo emergente.
