Patricia Schüller: “Nos falta detenernos a observar las cosas invisibles”
Escritora, terapeuta y directora editorial de La Nación digital, publicó en noviembre el libro “La Niña de las Abejas”, cuento ilustrado que relata la historia de Ana Luisa, una niña autista que reside en el sur del país…
Por RODRIGO CABRILLANA / Fotos: GENTILEZA
Fue el 25 de noviembre del pasado año en la librería Tripantu, en Providencia, que se lanzó el libro “La Niña de las Abejas”. Lo presentaron el escritor Marcelo Simonetti y el psicólogo y apicultor, Alonso Labra. Luego fue presentado en la librería Mac-Kay, en Puerto Varas.
“La Niña de las Abejas” es un libro álbum que en 32 páginas nos invita a sumergirnos en la vida interior de una niña autista amante de la naturaleza que mantiene contacto estrecho con estos insectos. Que, además, vive en Curacautín y que espera deseosa la primavera, estación donde podrá conectarse con el maravilloso mundo de las abejas.
Patricia Schüller Gamboa, autora de este libro y también de “Mujeres Mágicas” (Editorial Aguilar, 2015), que cuenta la historia de siete valientes mujeres, conversó con El Ágora.
Abordamos con Schüller la esencia literaria y significativa de lo que comprende “La Niña de las Abejas”, de las motivaciones detrás del texto y del trabajo que la asoció profundamente con la ilustradora Nacha Márquez.
-¿Cómo nace la idea de gestar este libro y cuáles fueron tus principales motivaciones?
-La historia que da vida a este libro me llegó por casualidad, hace como 20 años. En el marco de una conversación, una psicóloga me explicó que algunas personas tienen capacidades innatas para descifrar otros códigos, atisbar la otra orilla de la vida. Me dio un ejemplo: el de una niña, a la que ella conoció, que vivía con sus abuelos en el campo, en el sur de Chile, que había aprendido a leer el idioma de las abejas.

En ese momento sentí algo en mi interior. Percibí que ahí había una historia potente y me obsesioné con darle forma. Como soy periodista, y he trabajado reporteando gran parte de mi vida, me demoré en el proceso. Empecé a leer libros sobre abejas, aprendí que danzan. A través del baile les comunican a sus hermanas la distancia y dirección del alimento y el agua. El lenguaje de las abejas lo descubrió el zoólogo y Premio Nobel Karl von Frish (1886-1982).
Junto con estudiar a las abejas, conversar con expertos, apicultores, empecé a pensar que la protagonista debía tener alguna condición distinta que le permitiera descifrar este lenguaje. Fue así como concluí que Ana Luisa debía pertenecer al Trastorno del Espectro Autista (TEA). ¿La razón? Los niños autistas o neurodiversos tienen más de 20 sentidos, a diferencia de los neurotípicos, que tienen cinco. Si se les hace una tomografía cerebral, se observan sus impresionantes conexiones cerebrales. Esto les permite “ver” otras cosas.
-¿De qué manera investigaste sobre el TEA? ¿Qué profesionales colaboraron con tu labor?
-Además de ser periodista soy terapeuta floral clínica. A causa de esto, conocí a la terapeuta argentina Marcela Uliarte, quien vive en Chile hace más de 20 años y es autista. Fue diagnosticada recién a los 45 años (hoy tiene 58). Ella dicta talleres sobre Flores de Bach y autismo. Llevo tres años estudiando con ella. Además, he leído harto y he conocido adultos y niños TEA, lo que me ha permitido interiorizarme de esta condición. Como es un espectro, las personas autistas tienen características distintas, es imposible compararlas.
-¿Cómo fue su proceso de escritura y de contar esta historia de Ana Luisa?
-Después de estudiar y conversar con expertos durante más de tres años, me decidí a escribir el cuento. Siempre lo vi como un libro ilustrado. En 2021 escribí la historia, hasta con diálogos. Se lo mostré sólo a dos personas, que lo encontraron muy lindo. Como estaba decidida a que viera la luz, comencé a golpear puertas en las editoriales. Estábamos en pandemia. Era un tiempo difícil, especialmente para las editoriales y las imprentas.
A fines de enero de 2022 por un impulso -en realidad las casualidades no existen- llamé a Ediciones Mac-Kay, que tiene su sede en Puerto Varas. Es una editorial pequeña, que ayuda a los autores emergentes. La gerente Joanna Maino estaba de vacaciones. Me dieron su correo, le escribí. Me pidió que le mandara el cuento. Le encantó. Ella contactó a la ilustradora, Nacha Márquez, y empezó la historia. El cuento se transformó en un libro álbum.
-¿De qué forma se relaciona Ana Luisa con las abejas? ¿Por qué una niña autista podría entender el lenguaje de las abejas y otras cosas que el común de la gente no hace de manera tan fácil?
-Ana Luisa aprende el lenguaje de las abejas por su condición TEA, sus muchísimos sentidos como expliqué. Ella se relaciona con estos insectos con amor, sin miedo, involucrándose en su dinámica, ayudada siempre por su abuelo que es apicultor. Se le hace muy fácil este aprendizaje, a pesar de que la vida cotidiana, el día a día en la escuela, se le hace cuesta arriba. Ana Luisa habla muy poco: prefiere dibujar. Hay escenas muy conmovedoras en el libro que muestran cómo la vida a veces le resulta complicada.
-¿Cómo ha sido la recepción de tus lectores con este texto? ¿Qué comentarios te han llegado?
-El libro, que está muy bellamente ilustrado, ha gustado mucho a grandes y chicos. He sabido de personas mayores que se han emocionado al leerlo, porque sus páginas le han recordado su infancia. Yo misma me conmuevo al ver el impacto que ha provocado.
-¿Cómo fue el proceso de ilustración del texto? ¿Nos podrías contar un poco sobre la ilustradora?
-De acuerdo al texto que escribí, Nacha iba haciendo las ilustraciones, planteando los Storyboard. Lo primero que hizo fueron bocetos de los personajes, sus vestuarios, de qué color tenían la piel, etcétera. El editor, Pedro Maino, y yo los aprobábamos. El trabajo de Nacha siempre me conmovió. Ella se involucró en la historia, es como si hubiese sido Ana Luisa. Es una artista conceptual, que se ha desempeñado en proyectos como el cortometraje Quilla y la serie educativa “Cuéntame una geohistoria”.
-¿Qué nuevos planes tienes con este libro?
-Me interesa que “La Niña de las Abejas” se siga difundiendo, que la gente lea el libro, que empatice con la historia. Que aceptemos y acojamos desde el corazón a las personas que tienen condiciones distintas. Nos falta detenernos a observar las cosas invisibles, como lo hace un niño autista. Preguntarnos por qué un niño no sonríe, por qué se pone ansioso o inquieto frente a estímulos como el ruido o las muchedumbres. El amor es fundamental en los niños y todos los seres vivos. Es muy importante proteger a la población autista desde la infancia y pasar de una mirada compasiva a una realmente inclusiva.

