Vasili Carrillo vuelve (una vez más) a la lucha (Parte 2)

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Por Andrés Alburquerque
Actualizado el 8 de septiembre de 2024 - 10:00 am

El ex vocero del FPMR, que combatió contra Pinochet y Somoza, busca un lugar entre los concejales de Santiago.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE F. / Fotos: ARCHIVO

Tras regresar a Chile en 1985 y vivir en la clandestinidad (con el mote de “Matías”), Vasili Carrillo es detenido el 11 de noviembre de 1986. Habían pasado casi dos meses del atentado a Pinochet (7/09/1986). Jamás fue condenado a pena aflictiva (cinco años y un día de prisión efectiva), pero en total pasó casi cinco años encarcelado. Y desde la ex Cárcel Pública ejerció como vocero del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR).

En julio de 1991 sale en libertad bajo fianza, y en 1993 es condenado definitivamente por la Corte de Apelaciones de San Miguel a 3 años y 541 días de prisión. Sin embargo, la Corte al constatar que Carrillo estuvo en prisión cerca de cinco años, debió dejarlo en libertad por considerar que la pena estaba cumplida.

-¿Pasó muchos peligros en la clandestinidad?

-Lo menos peligroso era hacer una vida lo más normal posible. O sea, hacer una vida normal en la clandestinidad… No niego, eso sí, que todavía hoy no puedo sentarme en un restaurante dándole la espalda a la puerta. Pero lo que viví es lo menos que me pudo suceder…

-Pero usted pasó cinco años en la cárcel…

-El fiscal militar Fernando Torres Silva me acusó de participar en el atentado a Pinochet y por la internación de armas por Carrizal. Pero fui condenado por militar en el FPMR a tres años, y otros 541 días por supuesta tenencia de armas, que nunca se comprobó. Finalmente estuve en prisión por un “delito” a tres años de cárcel, y por otro “delito” a 541 días. También fui torturado: pasé cinco días colgado y seis meses en aislamiento… Pero no fui fusilado ni fui un detenido desaparecido. Estoy vivo. Y todavía e pregunto por qué mi padre fue asesinado tan joven.

-¿Le cuesta hablar de estos temas?

-No, para nada. No me afecta. De mi historia se ha mistificado mucho. Fui torturado varias veces, pero creo que tuve suerte. En la clandestinidad había sólo tres opciones: quedar vivo, morir o ser encarcelado por muchos años. Y muchos pagaron con su vida. Yo sigo vivo, y estar en la cárcel -para mí- fue lo de menos. Soy una persona común y corriente, y tengo el cariño de mucha gente.

-También debe contar con el odio de muchos…

-Mira. Nunca, nadie, me ha encarado en la calle y me ha dicho algo malo o me ha dicho groserías. Creo que tengo un patrimonio ético y moral que me respalda. Lo negativo ha estado en el plano laboral. Ha sido difícil para mí encontrar trabajo. Me imagino que muchos han tenido temor de que su nombre aparezca vinculado al de Vasili Carrillo.

-Cuando dejó de ser concejal por Lota (2012-2016), dijo que no volvería a ser concejal. Y ahora se presenta para la municipalidad de Santiago. ¿Qué lo hizo cambiar de parecer?

-No me gustó ser concejal, porque el alcalde tiene demasiado poder, y eso tiene que modificarse. Pero creo que puedo aportar. Siento que en el país se han perdido muchas convicciones, mucho de la mística que alguna vez tuvimos. Y eso es lamentable.

-¿Qué es lo peor de la política actual?

-Precisamente eso: que falta espíritu político. Mi padre fue regidor y fue alcalde. Y nunca recibió un peso de sueldo. En esa época los dirigentes sindicales eran un trabajador más, y ahora simplemente no trabajan. Todo eso se perdió, el amor de servir a los demás, de ser solidarios. Yo me pregunto qué les vamos a heredar a nuestros hijos, a nuestros nietos.

-¿Su visión es pesimista?

-Es que tenemos mucho que cambiar. El estallido social no sirvió de nada. Y seguimos bajo la misma Constitución de 1980 y su modelo mercantilista, su sistema de desigualdad. El obispo de Aysén, Luis Infanti, lo tiene muy claro. Él dice que el modelo “produce pobreza legalmente aceptada” y que ha corrompido el alma de nuestra sociedad.

-Como también la destruye la corrupción…

-Acá hay una casta que ha luchado permanentemente por asegurar sus privilegios. Para eso ha matado y sigue matando, y estoy seguro de que serían capaces de hacerlo de nuevo. Ahora los mismos personajes se han convertido en adalides de la lucha contra la delincuencia. Y que incluso tienen la desfachatez de dar clase en la lucha contra la corrupción. Y todos sabemos de qué lado son los alcaldes que han metido las manos en las finanzas públicas.

-Pero la delincuencia es un problema real…

-Sí, por supuesto, y creo que se debe combatir especialmente el narcotráfico y el crimen organizado. Pero eso no significa que se deben dejar de lado los otros problemas, que históricamente han sido muy graves. Por cada asesinado en este país hay más personas que mueren de frío o porque tienen hora para el médico en un año más. Todo lo meten debajo de la alfombra y seguimos con las mismas fallas de antes. Eso incluye la salud, la educación, las jubilaciones, las AFPs, las malas empresas públicas. Y el quehacer del político es hablar y hablar y quedar bien con Dios y con el diablo…