Un hincha desde la cuna…
Acaba de fallecer Eulogio Suárez. Nacido en Nueva Imperial, nieto de un leonés y una murciana, fue profesor, periodista, ensayista y poeta, de reconocida envergadura intelectual. Estudioso y amigo de Pablo Neruda, escribió “Neruda Total”, publicado en varios países y acaba de lanzar “Francisco de Bilbao, una luz en la oscuridad”. En 2011 recibió el Premio Pedro de Valdivia, de las Instituciones Españolas de Chile. El exilio político de 1973 lo llevó a la URSS y Alemania del Este. Testigo de la historia e investigador obstinado, vivió un episodio memorable el Once cuando trabajaba en Radio Magallanes, y se jugó la vida para llevar una copia del último discurso de Salvador Allende al embajador Friedel Trappen de la RDA, quien hizo llegar la cinta a la ONU y a Finlandia, al primer acto de solidaridad a dos días del Golpe. Parafraseando a Neruda y su “España en el corazón”, don Eulogio tuvo a Unión Española en el corazón. Y así lo expresó en esta entrevista póstuma que ofreció hace unos meses en la revista Corazones Rojos.
* “Puedo decir que nací hincha de Unión, hace 81 años. Todo lo que me rodeaba tenía los colores del club, que eran, ciertamente, los de España. En esa época todos los españoles –abuelos, padres, hijos, nietos-, vibraban con las actividades de la Unión. Y yo, ¡más que muchos!, puesto que, como mi padre se había hecho cargo del Centro Español de Nueva Imperial y allí vivíamos, por donde yo pasaba, lo que comía, con quien me encontraba, la música que allí se oía, eran España. Y dentro de ese mundo, instalada en gloria y majestad nuestra querida Unión…
* “En aquellos años de post guerra, hubo discordancias entre la gente de la colonia. Pese a esos naturales resentimientos, residuos del “gran conflicto”, ¡cómo no!, ellos quedaban en asuntos personales o de directivos… La Unión era nuestra, de todos nosotros. De los españoles, y de una gran masa de chilenos: en Santiago, los de Plaza Chacabuco, de Franklin, de Avenida Matta. Y muchos otros, en cada una de las provincias. Nuestra historia es algo grande que hay que reconocer y mantener en la memoria. La Unión no se dividió ni tuvo que cambiar de nombre, como debió hacerlo el Real Madrid, durante las Repúblicas… Aquí no, salvo algún acomodo (Unión Española, Unión Deportiva Española, Unión Española), lo que ha sido y es una garantía de identidad para nuestro futuro.
* “Un día lluvioso de 1951 –lluvia de verano en La Frontera–, Unión había llegado a la final del campeonato de 1950 en empate con Everton y debió disputar la corona el domingo 14 de enero en el Nacional. Me había instalado desde temprano en el salón de la casa de mi abuela Fuensanta, al lado de nuestra tienda y frente al Centro Español, a esperar a que apareciera por el éter el relato de Darío Verdugo, para la transmisión de aquel partido memorable. Hasta recé para que ganáramos aquel título. Había cumplido hacía poco 13 años. La UE estaba formada por Hernán (Nano) Fernández , Isaac Fernández, Américo Azares, Valentín Beperet; Rosamel Miranda, Jorge Ibáñez; Benito Armingol, Atilio Cremaschi, Carlos Rojas, Mario Lorca, y José Dunevicher.
* “Llegó la hora del partido y el Estadio Nacional repleto con 42 mil 551 espectadores. Para qué decir el berrinche que tuve, cuando a los 104 minutos –ya terminado el tiempo reglamentario–, René Orlando Meléndez mete el gol de triunfo. Aunque exagere un poco, puede decir que me desplomé en llanto. Mi abuela, al ver esa tragedia vino y me consoló con un buen presagio: tranquilízate hijo, nuestros peloteros serán los campeones de este año. Te lo aseguro.
* “Ese mismo 1951, el 13 de diciembre, nos tocó disputar el título con el Audax Italiano, en el Nacional y ante 41 mil 877 personas. Me instalé en el salón, en casa de la abuela. Estuve nervioso todo el partido, por un “maldito” 0-0 que nos atormentaba… Pero, a los 74’, alguien del Audax comete un penal, y Mario Lorca nos ofrece la gloria. Salimos campeones. Y yo gritaba, y saltaba. Y mi abuela, que no sabía qué pasaba llegó de nuevo, pero ahora para decirme: ¡Ves tú. ¿No te lo dije…? Y me regaló 100 pesos.
* “Pocos años después me vine a estudiar a la universidad. Lo primero que hice fue ir al Edificio El Pilar, antiguo Palacio Undurraga, en Estado con Alameda, donde estaba la sede de la Unión. Allí me encontré con Pedro Hugo López, gran ex delantero, quien iba registrando a los socios y que Corcuera me había presentado. Me dio mucha pena al ver que le habían cortado esa pierna que tantos goles hiciera para nuestra querida Unión. Allí, en 1960, me hice socio del club.
* “Un primo hermano de mi padre, Roberto Fernández López, vino desde Lautaro a trabajar a Santiago y se había empleado con unos españoles, llegados no hacía mucho desde Logroño: Elías y Juan García Muro, dueños de Calzados Flecha, en Franklin. Era fanático de la Unión como yo y los García Muro. Cada sábado o domingo almorzábamos cerca del mercado y nos íbamos al estadio, premunidos de chorizos y de una bota Tres ZZZ, de las de Pamplona, llena de un rico mosto, que mi primo preparaba, como una bendición. A veces nos sentábamos cerca de la marquesina, donde casi siempre se instalaban muchos hinchas contrarios. La euforia que manifestábamos por algún gol de nuestro equipo, provocaba la ira de nuestros vecinos y, tras el grito de “coños” de no sé qué, lanzábamos nuestra inmediata respuesta de “¡Oye, de no sé cuánto…!”, tras lo cual, brindábamos con nuestra bota, y a veces la compartíamos con ellos, y todo volvía a la normalidad… ¡Qué tiempos benditos aquellos, cuando no se prohibía echarse un buen trago para ayudar a la alegría y a la propia convivencia con los del equipo contrario.
* “Y al Santa Laura, llegábamos a nuestra casa. Y me vuelvo a guardar esa emoción. Ha pasado mucho tiempo. Después de tantos años dando vueltas por el mundo, y habiéndome perdido infinitos momentos de mi equipo amado, me registré de nuevo. Una tarde, cerca del estadio Español de Las Condes, en la venta de automóviles de mi amigo Goyo Córdova, pasó Teresita a cobrar las cuotas, y allí me reincorporé… Teóricamente, puede decirse que en dos años más, si es que todavía estoy “en la cancha”, cumpliré 60 años como socio con sus lagunas, y hoy sigo siendo un hincha inclaudicable de mi querida Unión.
* “No quiero olvidar a Nino Landa –grande entre los grandes-; ni al Coto Sierra, que nos llenó de alegría; a nadie de los nuestros. Ni tampoco a sus generosos, inigualabes dirigentes, aquellos que metían la mano en su bolsillo para dar, para sostener nuestros sueños, y, por cierto, a los más recientes, a mis amigos ex presidentes Manuel Suárez, Alfonso Lobato y, hasta hace poco, mi querido y magnífico Francisco Ceresuela Muñoz. ¡Cuánto han entregado a nuestra querida Unión! Jorge Segovia convirtió a nuestra Unión en el Ave Fénix, y ésta vuela hoy muy alto para felicidad nuestra. En eso ha convertido esta amada Unión Española, a la que llevaremos siempre en el corazón. Y como dijo mi abuela murciana: ¡Seremos campeones! No importa cuando, porque ya lo somos”.
“Somos países hermanos, en igualdad”
“La colonia española, la hispanidad, no está sólo en el fútbol a través del club sino que está presente en toda la sociedad chilena, en sus artistas, profesionales, empresarios. Los españoles y la Academia de la Lengua dicen que no existe aquello de la Madre Patria, porque somos países hermanos, en igualdad”.
