Milad, Tagle y Pirola: lumpen puro y duro
Se dijo en todos los tonos. La prensa y la opinión pública futbolera saltaron cuando la Segunda Sala del Tribunal de Penalidades dio orden de no innovar para que Universidad Católica pudiese jugar con público ante la U, pese al castigo aplicado tras la invasión de hinchas cruzados a la cancha de San Carlos, al término del partido ante Audax Italiano. Duelo que ni siquiera pudo terminar en su tiempo reglamentario. Bueno, aquí están las consecuencias…
Por MARCO SOTOMAYOR / Foto: AGENCIAUNO
Contexto: como nunca, esta temporada la barra brava de la Universidad Católica transformó al estadio San Carlos de Apoquindo en un reguero de hechos violentos. Durante la presente temporada, la conducta del lumpen cruzado superó todo lo normal: piedrazos, agresiones físicas a rivales, bengalas, invasiones a la cancha… Faltaba esto: bombas de ruido contra el portero rival (en este caso, Martín Parra) y la suspensión del consiguiente partido.
Lo último fue en la Copa Chile: pleito frente al Audax Italiano, que coincidió con el cierre del viejo San Carlos. Faltando seis minutos para el término, la barra brava estudiantil saltó las rejas, invadió la cancha e hizo que jugadores y árbitros arrancaran hacia sus respectivos vestuarios.
La guinda de la torta, pensamos. No. Faltaba lo de Valparaíso.
En el ínterin, la Primera Sala del Tribunal de Penalidades sancionó a la UC con dos fechas… sólo para partidos en la Copa Chile.
Eso no fue veleidad de sus integrantes: las bases «diferencian» si la violencia aconteció en el Torneo Nacional, en la Copa Chile o en cualquier otra competencia. Así, tal como lo leen: no se considera la reincidencia de la barra, ni del estadio, si los hechos acontecieron en torneos distintos. Tema cuestionable, pero que nos aleja de la matriz de esta comedia de corrupción y complicidad.
Porque, a pesar del «prontuario» ganado este año (nunca, insisto, San Carlos fue tan azotado por la violencia), los impúdicos dirigentes cruzados, comenzando con Juan Tagle y prosiguiendo con José María Buljubasich, gerente técnico, fueron a apelar de la sanción: pidieron «orden de no innovar» hasta después del partido de vuelta contra la U por la Copa Chile.
La razón del alegato fue la recaudación de un duelo que tendría siete mil personas en el Elías Figueroa Brander, de Valparaíso. Ese fue el aforo autorizado por las autoridades administrativas de la V Región. Hablamos, ceros más, ceros menos, de unos pocos millones de pesos.
Es decir, por unas exiguas lucas, Cruzados perdió una maravillosa oportunidad de darle sentido de realidad a la condena verbal que suele hacer frente a situaciones similares. Olvídense de los principios y valores. Acá lo importante era la plata. ¿El espectáculo? Poco importa. ¿La integridad física de los jugadores si se padecen hechos límites? Da lo mismo. ¿El respeto hacia sus hinchas decentes y que sólo quieren disfrutar de un partido (la UC los tiene y son miles)? Ya veremos.
Más importante que todos esos factores son los (pocos) millones de pesos que cosecharemos, tuvieron que pensar en el seno del directorio.
Pero también debió considerarse que el timonel del organismo que debía fallar sobre la apelación… «¡Es de los nuestros!», celebraron, abriendo una botella de espumante.
Nada más cierto: la testera de la Segunda Sala la ocupa Stefano Pirola Pifngsthorn, dirigente de larga data en el club y reelecto presidente de la rama de esquí de la franja hace pocos meses (en abril, para ser exacto).
O sea, la tormenta perfecta.
Sin embargo -y para reasegurarse- Tagle recurrió a Pablo Milad, con quien lo une una utilitaria y sospechosa amistad desde hace unos meses.
En el programa de televisión Círculo Central (que se transmite por TV Más), Mauricio Israel, su conductor, contó frente a la cámara que fue contactado por un integrante de la Segunda Sala, quien le confesó que fue Milad el que reforzó la idea sobre la orden de no innovar. Hablamos de una «sugerencia» del jefe. Se obedece o se obedece.
Lo demás ya es historia: la UC fue autorizada a jugar con público y, justo después de que Zampedri colocase el 1-0 (recién iniciado el cotejo), una bomba de ruido derribó al arquero Parra, quien terminó con trauma acústico e imposibilitado de actuar. Partido suspendido, el jugador en ambulancia y la gente yéndose lentamente del recinto, sin todavía asimilar lo ocurrido.
Se vivió, así, una especia de profecía autocumplida, aunque no por los sujetos de la acción, es decir, los impúdicos dirigentes de Cruzados y sus barrabravas (son ya, a estas alturas, la misma cosa), sino profetizada por los medios y por algunos miembros de los propios tribunales futbolísticos («No comparto lo que hizo la Segunda Sala», me dijo uno de ellos).
Ahora vendrán los predecibles descargos, explicaciones, condenas y otro largo etcétera de hipocresías que deberemos escuchar desde la testera de la ANFP y de la UC.
Nada vale ahora. Pasó la vieja, dirían en el barrio. Nada, reitero, de lo que digan o lo que hagan nos hará pensar que no son iguales al lumpen que dicen combatir. Perdón: son todavía peores.
