Libertadores: mejor veamos la Copa por la tele…
Salvo los argentinos -y solo con un equipo del tonelaje de River Plate o Boca Juniors- pueden hoy aspirar a discutir en algo la supremacía actual incontrarrestable de los poderoso equipos brasileños.
Por SERGIO GILBERT J.
El Flamengo de Mauricio Isla enfrentará al Palmeiras de Benjamín Kuscevic en la final de la Copa Libertadores 2021. Y la prensa -y también un grupo de twitteros que sabe amplificar sus opiniones- celebra el hecho. Dos compatriotas serán protagonistas -uno más que otro-, del partido que la Conmebol fijó para el 27 de noviembre en el estadio Centenario de Montevideo.
En verdad, es lo único que podemos aspirar a celebrar. Que un compatriota logre alzar la ansiada Copa vistiendo los colores de un coloso brasileño porque ni pensar que un equipo nacional logre estar en esas instancias.
Y es que ya no solo se trata de que los equipos chilenos son mediocres y que la liga interna es tan mala que es imposible pensar en una proyección internacional. Claro, algo de verdad hay en eso, pero hay que convenir que salvo los argentinos -y solo con un equipo del tonelaje de River Plate o Boca Juniors- pueden hoy aspirar a discutir en algo la supremacía actual incontrarrestable de los poderoso equipos brasileños.
La Copa Libertadores, de hecho, se ha ido transformando en los últimos años en una competencia para definir clásicos del fútbol brasileño, o entre ellos y los argentinos. Nadie más puede siquiera pensar en discutir esta tendencia. Puede que al inicio de la Copa cada año haya muchos invitados en la mesa y que más de alguno, acaso por orgullo histórico o por una inversión considerada “alejada de la normalidad”, se ilusione con llegar a las últimas instancias. Pero no, es puro sueño. Seguro que alguno, como aconteció este año con Barcelona de Ecuador, puede dar el batacazo. Sin embargo, es casi imposible que al final pueda alzar la Copa. Eso es pelea de perros grandes y no de quiltros. Por muy enchulados que estos estén.
Está de más decir que parece necesario -en forma tajante- realizar modificaciones para que la Copa Libertadores no siga perdiendo su esencia competitiva, esa que la hizo famosa, querida y constantemente deseada.
Es preciso repensar el “producto” (si quieren verlo en términos mercantilistas) para que las noches de partidos de la Copa Libertadores vuelvan a ser épicas, imborrables, inauditas y emotivas. Para que un equipo de La Paz crea que con la altura como aliada puede alzar la Copa o que un puñado de jugadores paraguayos sientan que tirando centros para los cabezazos interminables de los guaraníes sean el arma para dar la vuelta olímpica.
También debe buscarse la manera de que la sangre “charrúa” quede desperdigada en la cancha hasta el minuto final o que el trato coqueto de los peruanos o colombianos sea factor decisivo para alcanzar la gloria.
La Copa Libertadores está en crisis. Hoy solo es un torneo que se define por lo abultado de las chequeras y no por el pundonor, el esfuerzo y la pasión de todos los que participan en ella. El Colo Colo de Luis Álamos y el de Mirko Jozic; la Unión Española de Luis Santibáñez; el Cobreloa de Vicente Cantatore; y la UC de Ignacio Prieto llegaron a jugar una final de la Copa porque ella pedía algo más que billetes para poder acariciarla. Había sueños, ansias, deseos de doblarle las manos al destino.
Si ya no es así, si esto es solo cosa de dinero, ¿sabe qué más? mejor nos quedamos en casa y la vemos por la tele.
