Las lecciones del partido que nadie vio
Mientras la final de Champions atraía las miradas de todo el mundo, La Serena y Melipilla brindaron un encuentro que demuestra que hay técnicos chilenos capaces de aplicar un fútbol moderno y atractivo.
Por GERARDO SILVA / Foto AGENCIA UNO
Mientras se jugaba la final de la Champions, me dediqué sin pensarlo dos veces a observar con mucha detención el buen juego que ofrecían dos técnicos chilenos en el torneo local. No me cabe ninguna duda de que el partido que enfrentaba al Chelsea de Thomas Tuchel con el Manchester City de Pep Guardiola era un partido de interés mundial: jugaban ni más ni menos que por la mítica Orejona. Pero elegí el nuestro.
Para ser honesto, me parece que, por mucho esfuerzo que queramos hacer en nuestro continente, jamás nos podremos igualar, ni acercarnos siquiera a ese tipo de espectáculos. Las realidades son distintas.
Me quedé pegado al televisor viendo la competencia local. Preferí ver cómo seguimos bregando para demostrar que con un montón de precariedades sí podemos ofrecer un trabajo de calidad a nuestro fútbol chileno.
Como sé que muy pocos vieron este encuentro, el de Deportes La Serena versus Deportes Melipilla, les quiero contar que guardando todas las distancias los granates del Chupete Suazo y compañía junto al potro solitario de Vidangossy y sus boys ofrecieron un gran partido, digno de aplaudir. Un fútbol dinámico, alegre, atrevido, de transiciones rápidas, de buen trato al balón, dando muestras de una buena técnica. Pero esto no es todo: también pudimos observar muchísimo ritmo en el juego, un partido de ida y vuelta con propuestas absolutamente ofensivas.
Ustedes dirán “este señor está fantaseando”. Les digo que no: fue lo que verdaderamente realizaron dos equipos humildes de nuestra competencia nacional, austeros en sus presupuestos, pero que tienen dos técnicos nacionales formados en Chile, sin nada que envidiarles a los técnicos foráneos que vienen a sentarse en las mejores bancas del fútbol chileno.
No es mi intención hacer comparaciones odiosas, pero este encuentro me pareció muy atractivo. Pude ver muchas más facetas del fútbol moderno que en el clásico Colo Colo -Universidad de Chile de hace unas semanas. Y es ahí donde me pregunto: El señor John Armijo, y el señor Miguel Ponce ¿no tienen el apellido, estampa, traje o no sé qué?… ¿Qué es lo que les falta para dirigir al propio Colo Colo o la U?
Los postulados técnicos tácticos parecen ser los mismos, las propuestas metodológicas, pasando por la periodización táctica, la capacidad para generar un juego construido o un ataque directo, las transiciones bien aprendidas y adecuadas a los momentos de juegos, el estudio tecnológico de los rivales… Me parece que estos señores y otros técnicos están a la vanguardia del fútbol moderno. ¿Será que sólo por ser nacidos y criados en nuestra patria son discriminados y poco valorados o los hacen ver menos capacitados?
Yo, un humilde observador, les sugiero ver la repetición del partido en el TNT durante la semana para que se formen su propia opinión. Este partido dejará muchas enseñanzas: dos técnicos que mezclan jugadores experimentados, prácticamente ya terminados y resucitados por ellos mismos, con savia joven que se somete a sus requerimientos y se adapta perfectamente a los ajustes tácticos que proponen. Y es así cómo hoy estos colegas dignifican al técnico chileno y protagonizan con austeridad, humildad y pobreza franciscana un tremendo espectáculo con jugadores que conocen muy bien en qué etapa de su vida deportiva están, y ofrecen sólo lo que son capaces de ofrecer y jóvenes con ganas de aprender y forjarse un nuevo horizonte.
Lo cierto es que vimos un partido de ida y vuelta en el que nadie se guardó nada. Con un esfuerzo máximo lograron escenificar todo lo preparado en la semana: muchas aproximaciones, muchísimos tiros al arco, seis goles, cosa no muy común, que originan mi deseo de felicitar a ambos entrenadores por su gran desempeño en un fútbol dónde el 50 por ciento, entre cuerpos técnicos y jugadores, son extranjeros.
Recordemos que John Armijo se hizo cargo de un Deportes Melipilla que necesitaba algunos ajustes tácticos para jugar la liguilla de promoción. No sólo los consiguió sino que, además, logró ganar la tan ansiada promoción y a alcanzar la división de honor. Ahora, con mucho jugador joven proveniente de primera división B y con algunos refuerzos, está enfrentando decorosamente el torneo de Primera División.
Al otro lado, Miguel Ponce se hizo cargo de un equipo prácticamente descendido. La Serena estaba último y se veía muy difícil su continuidad en Primera División; sin embargo, logró enmendar el rumbo, sacarlos del mal momento, hacer que fueran protagonistas y finalmente terminaron salvados.
Ellos también mantuvieron gran parte de su plantel con el que están ofreciendo buenos espectáculos. De seguir así, tarde o temprano los empresarios y dueños de los clubes apostarán más por el rendimiento que por proyectos desechables, por el resultado y no por el discurso, por el comentario que generan sus trabajos y no por lo mediático que se hacen sus escándalos.
Tengo la convicción de que los tiempos cambiarán favorablemente para el técnico nacional.
