Las claves del bicampeonato cruzado

Imagen del autor

Por Matías Alcántara
Actualizado el 16 de diciembre de 2016 - 9:45 am

  • Título Clausura 2016

Sin la obtención de la corona del primer semestre, el proyecto de Mario Salas difícilmente hubiese resistido la presión de buena parte de la hinchada que antes de la vuelta olímpica del 30 de abril ya pedía a gritos la salida del ex volante. El título ratificó las convicciones de una directiva que se renovó en el éxito, porque coincidió con la llegada de un presidente (Juan Tagle) con mayores ambiciones deportivas que su antecesor (Luis Larraín).

  • Renovación de Nicolás Castillo

Los 11 tantos dejaron al goleador de la Universidad Católica en lo más alto de la tabla de artilleros del Clausura, lo que abrió el apetito de varios clubes que además vieron cómo Castillo celebró la obtención del bicampeonato de América, justamente con una importante participación en la tanda de penales en la final ante Argentina. El delantero había anunciado que llegaba a la UC para salir campeón, deuda que pagó con creces. Las gestiones de José María Buljubasich fueron exitosas: los cruzados aseguraron una buena cuota de goles para el Torneo de Apertura.

  • Se mantuvo la base del plantel

Mario Salas sólo lamentó la partida de Jeisson Vargas, joven valor de muy buenas presentaciones en el primer semestre, aunque con poca presencia en las redes rivales (sólo anotó tres goles). Además, abandonaron San Carlos de Apoquindo los volantes Marco Medel y Diego Rojas (préstamo a Everton). La columna vertebral se mantuvo.

  • Excelentes contrataciones

Buonanotte, Kalinski, Noir y Parot fueron los cuatro refuerzos de la UC para el segundo semestre, con rendimientos individuales sobresalientes.

Sin aparecer en los planes de Mario Salas, Alfonso Parot esperó su oportunidad en Huachipato, club que lo recibió en calidad de préstamo. Esforzándose en cada presentación, el zurdo demostró que quería ser titular en la UC y lo ratificó con creces: con 1.350 minutos fue el jugador de campo que más actuó en el certamen.

Universidad Católica fue el equipo con las incorporaciones más efectivas. Enzo Kalinski fue el primer refuerzo que llamó la atención, por su buen despliegue y presencia en las dos áreas. Luego se sumó el aporte de Ricardo Noir, quien inmediatamente se adaptó a las necesidades del equipo: rindió por ambos frentes del ataque.

Pero definitivamente el refuerzo que se robó las miradas fue Diego Buonanotte, a pesar de tener un debut para el olvido: fue expulsado ante O’Higgins. A partir de ahí, el Enano comenzó a destacar al punto de convertirse en el mejor jugador del torneo, aportando regates, pases milimétricos y vistosas definiciones que le permitieron festejar ocho goles.

  • Fin de la rotación

Comenzando el campeonato, Mario Salas exageró en la dosificación de un plantel que necesitaba afiatarse de cara a los distintos compromisos que se avecinaban: Apertura, Sudamericana, Copa Chile y Supercopa. Católica sólo pudo ganar en la quinta fecha, cuando recién se empezó a esbozar un once tipo.

  • La deuda internacional

El bochorno por la eliminación en la Copa Sudamericana ante el Real Potosí generó todavía más dudas para un semestre que comenzaba de la peor manera. Afectados por la confusión de un entrenador que no encontraba el equipo, la UC sucumbió ante un rival de tono menor, pero que dejó en evidencia los problemas de funcionamiento de Católica, especialmente de su última línea, que a esas alturas parecía un verdadero pasadizo.

La fantasmal aparición de la UC en la Sudamericana se repitió en la vuelta de la semifinal de la Copa Chile, cuando Mario Salas decidió darles descanso a sus titulares. El DT apostó más por tener una salida decorosa del certamen antes de pelear con todo la clasificación a la final, decisión que fue respaldada por la directiva.

Goles en los últimos minutos

Católica sufrió un gol en los descuentos en Rancagua, que significó el 1-1 final. Pero la UC también celebró en las postrimerías de algunos partidos, como ante Palestino, donde pudo estirar el largo invicto en San Carlos de Apoquindo gracias al gol de Germán Lanaro.

La misma suerte corrió la UC en el clásico ante Colo Colo: en un partido que parecía perdido, Nicolás Castillo decretó la igualdad desde los 12 pasos cuando casi no quedaba tiempo.

  • Se impuso en canchas muy duras para la UC

Universidad Católica cargaba una mochila muy pesada, porque había hipotecado varios títulos por sus derrotas en canchas ingratas, las que aparecían en el horizonte del equipo de San Carlos de Apoquindo. Si bien no pudo con San Luis en Quillota, sí ganó en reductos que parecían inexpugnables para la UC, como Antofagasta e Iquique.

  • Los clásicos

La UC vivió las dos caras de la moneda en sus enfrentamientos ante los rivales históricos. Mientras las sonrisas abundaron frente a la U, con tres victorias y un empate en el semestre (cuatro triunfos, que incluye el título de la Supercopa, y una igualdad en el año), ante Colo Colo el panorama fue muy distinto: empate en el Apertura y derrotas en la Copa Chile (tres caídas y una igualdad en 2016).

Ningún rival anuló tanto a la UC como lo hizo Colo Colo. Mario Salas fue incapaz de darle la vuelta al destino en los partidos ante Pablo Guede, que supo proponer a partir de una presión asfixiante.

  • Ganó los partidos clave

Producto del mal arranque, la UC enfrentó determinados encuentros como verdaderas finales. Luego de empatar sus tres primeros partidos y caer en el cuarto, ante Wanderers, Católica fue al Estadio Nacional con la obligación de vencer a la U, que llegaba al Clásico Universitario con dos victorias consecutivas. El contundente 3-0 fue el inicio de la remontada.

Otra prueba de fuego se vivió en el Santa Laura, especialmente luego de ir 0-2 abajo en la cuenta ante la Unión Española. El triunfo 4-3, en el mejor partido del certamen, dejó a Católica todavía con opciones, las que fueron refrendadas con la gran victoria 6-2 ante Iquique: el partido jugado en Cavancha fue la verdadera final del torneo, y la UC se impuso con plena autoridad ante un cuadro que amenazaba con hacer historia. En Temuco, los cruzados no tuvieron problemas para saltar la última valla y ponerle la guinda a la torta.