La ineptitud y arrogancia tienen a Colo Colo en un estado calamitoso

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Por Gerardo Silva
Actualizado el 17 de febrero de 2021 - 6:00 pm

Con el avenimiento del sistema de Sociedades Anónimas Deportivas, al “Cacique” y a muchos clubes llegó gente con dinero, pero desprovista de experiencia y conocimientos para conducir una empresa que tiene variables que no consulta una fábrica de ollas o de calcetines.

Por GERARDO SILVA

Colo Colo es el fiel reflejo de lo que puede ocurrir cuando llegan accionistas que funcionan en base a la prepotencia y arrogancia pero, principalmente, ignorando por completo el funcionamiento del fútbol, negándose a entender que las variables de la actividad son ajenas a su conocimiento y están lejos de su alcance. 

Es así como el club de fútbol más popular de este país cayó en desgracia. La incompetencia se transformó en una cadena de errores y decisiones que tienen a Colo Colo en un estado calamitoso. No se respetan los cargos de quienes asumen las distintas responsabilidades, jefaturas o gerencias, llámele como usted quiera. Cargos que ellos mismos ofrecen, creyendo en sus múltiples capacidades, disfrazados de amigos, ídolos, y un montón de discursos aprendidos. A estos mismos que acercaron para encontrar la solución, luego les utilizan como blancos perfectos para las críticas de periodistas deportivos y de la hinchada, que siempre se manifiesta, responsabilizándolos absolutamente de todo lo que fracasa, haciendo sentir que todo lo que se hizo mal es responsabilidad de los empleados, y no de los dueños. 

Finalmente, Colo Colo terminó haciendo el ridículo en la elección de técnicos, jugadores, funcionarios y estos, a su vez, en los protocolos del Covid-19 y negociaciones con el plantel. 

Parece ser que uno de los clubes más importantes del país no posee gente con habilidades blandas para empatizar en ninguno de los departamentos del club y menos con el entorno. Lo más triste es que esta situación es transversal a un montón de instituciones del fútbol chileno que trabajan de la misma forma y que cometen los mismos errores. Claramente, no tienen la misma resonancia, pero las dificultades son exactamente las mismas.

Dueños que invierten muchísimo dinero, pero que definitivamente no poseen la capacidad para visualizar y elegir acertadamente las jefaturas en cada uno de sus departamentos para que la empresa del fútbol funcione como ellos quisieran. No tienen la experiencia que se necesita para esta industria, llena de factores anexos que hay que tener en cuenta para conseguir el mejor resultado y hacer que sea rentable. Esto, poniendo atención solamente en lo resultadista que suele ser el trabajo del primer equipo. 

Si profundizamos un poco más y nos dedicamos a investigar lo que sucede en el fútbol base de cada una de las instituciones nos daremos cuenta de que las incongruencias, el mal funcionamiento y la poca competencia de quienes lo lideran, es tanto o más lamentable que lo que vemos en la alta competencia. Quizás la mejor enseñanza que podemos sacar de lo sucedido con uno de los más grandes de nuestro fútbol es que por mucho dinero que se disponga para echar a andar la maquinaria, si los maquinistas son incompetentes, lo más probable es que nada funcione. 

Lo comenté y lo acentúo en esta última parte de la columna, con la finalidad de que pongamos atención a lo que sucede, porque definitivamente la pésima experiencia que ha sufrido nuestro único campeón de América es transversal a muchísimas instituciones qué desde hace un buen tiempo ostentan la figura de Sociedades Anónimas. 

Como en la vida se aprende de las propias experiencias, y también de las ajenas, es el momento de rescatar la mejor de las enseñanzas. Y que, de aquí en adelante, los que compren un automóvil lo sepan manejar o que, por lo menos, hagan un curso para conducir, o definitivamente contraten un chofer profesional. 

Para terminar estas líneas con algunas luces de esperanza, quiero destacar que en nuestro fútbol no todo es malo. También existen instituciones que, aun siendo disímiles en su capacidad económica, han realizado un excelente trabajo. Me refiero específicamente a Universidad Católica y a Cobresal, dos clubes que han demostrado que no basta con invertir, sino que hay que invertir bien, donde claramente las figuras de sus directores deportivos Juan «Chamaco» Silva y José María «El Tati» Buljubasich, respectivamente, están señalando el camino correcto de cómo se deben hacer las cosas.

Definitivamente, la experiencia no se improvisa.