Hey, profes, ¿nos ubicamos?
¿Sabe que más? Los numeritos de los entrenadores del torneo local al borde de la cancha me tienen hasta más arriba del paracaídas.
Por ELE EME / Foto AGENCIA UNO
Tengo varias cosas que decir a propósito de las acusaciones de racismo y discriminación de Gustavo Poyet contra el guardalínea Juan Serrano en Santa Laura, en la derrota de Católica con Unión.
Primero, que el entrenador cruzado nos diga cuándo se pegó en la cabeza tan fuerte y si ya se hizo un escáner para descartar secuelas. Claro, porque un chileno no puede ser “racista” contra un uruguayo. Ni contra un italiano ni contra un francés ni contra un argentino ni contra un ruso. Es cosa de ver las fachas promedio. Es como si Mr. Bean menospreciara a Thor.
Segundo, que ya basta con todos los entrenadores del torneo local jugando a ser primadonas y haciendo show como nunca se vio antes en las canchas chilenas.
Cuando había un solo Clavito Godoy o un solo “Peineta” Garcés era hasta chistoso, pero con todos los encargados de dar el ejemplo a sus dirigidos mostrando la hilacha esto está pasando de castaño a oscuro.
Repasemos:
Hasta hace poco, los gritos destemplados de Ronald Fuentes cuando estaba en Wanderers. Puede que la paupérrima campaña de los porteños no diera para menos, pero los reclamos a viva voz de “Chilenita” contra los árbitros de cada uno de sus partidos, todos lastimeros, todos en rol de “vístima”, todos potenciados por el silencio que dan los estadios vacíos y hasta el tono más agudo que grave de los gritos definitivamente no contribuyen al espectáculo televisivo. Muy por el contrario.

Está lo de los Poyet, que es una verdadera Pyme familiar de la mala leche. Contra Nacional de Montevideo, por Copa Libertadores en San Carlos de Apoquindo, le escondió la pelota a Andrés D’Alessandro cuando el argentino buscaba desesperado reanudar las acciones sirviendo un lateral. Poyet, el ayudante de Poyet, es su hijo. La duda que surge espontánea es ¿en qué lo ayuda con actitudes tan infantiles?

Los diálogos de Rafael Dudamel, el errático “mister” de la U, con los jugadores rivales ya son pan de cada día. Ni siquiera lo amigable que pareció su intercambio de palabras con el colocolino Gabriel Suazo lo eximen de aparecer entre esta galería de malportados. Hace poco, en el Estadio Nacional, se trenzó en un áspero palabreo con Matías Donoso, cuando él defendía a Iquique. ¿Dónde se vio eso antes? Lo caballero se le quedó en la aduana.
Prácticamente cada DT tiene algún episodio del tipo de los referidos en las 8 fechas de campeonato que van. Sigamos.
Incluso entre los que no se han descuadrado hasta ahora figuran varios con el prontuario no muy limpio, por lo que no me dan muy buena espina. Por ejemplo, Víctor Rivero, que reemplazó a Fuentes al mando de los caturros. El 2018, siendo DT de Calera y tras ser boleteado por Everton a domicilio 4-0, le dijo a un futbolista contendor, el “Pato” Rubio, “van a descender igual”. He buscado esa frase en mi manual de fair play del fútbol y le juro que no aparece.
Al resto lo veo constantemente alegando con el cuarto árbitro, pero nunca haciéndole ver que el juez principal se equivocó a favor de su equipo, que también pasa. Pocos se salvan. Uno puede ser José Luis Sierra, de Palestino, que dirige tan callado como jugaba. Su pase gol de 40 metros (como en Wembley) y era. Su pizarrita piola en el camarín y que sea lo que Dios quiera.
Es la excepción que confirma la regla. El Tribunal de Penalidades debería ser más drástico con esta gente, dada su alta y muy mal llevada responsabilidad como pedagogos.
Un último y revelador caso. En enero de este año Gustavo Quinteros, el “profe” de Colo Colo, le hizo un “Pato Yáñez” a Carlitos Muñoz en Antofagasta, acompañado del respectivo “CTM”, todo reproducido en asombroso HD y delatora cámara lenta, con lectura de labios incluida.

¿Cuántas fechas le habrían dado a Guardiola si se agarra y sacude la zona “donde nace la vida”, como dicen nuestros relatores, mirando desafiante a un jugador rival como Verratti o Lewandowski? En Europa el rango de castigo a esa sanción partiría de un piso de suspensión de por vida para arriba.
Quinteros recibió 3 partidos. Esa insólita e insultante mano blanda ante un hecho histórico por lo escandaloso, que por lo demás nunca le vimos a los Fernando Riera, a los Caupolicán Peña, a los Pedro Morales, auténticos caballeros, ayuda a explicar por qué lo seguirán haciendo. La puerta giratoria llegó al fútbol chileno.
