Diego no merecía un final así…
Sobre la base de un documental de la televisión argentina, nuestra colaboradora escribe una crónica en torno de los últimos días de Maradona. La descripción del ídolo previa a su deceso es, sin lugar a dudas, estremecedora: alcohol, drogas, abandono, desatención médica y, por sobre todo, falta de cariño.
Por ROMINA FONS, desde Ciudad de México.
Días atrás, TN Noticias de Argentina, publicó un video documental de investigación periodística en el que se reflejan imágenes y testimonios que dan cuenta de cómo fueron los últimos días del máximo ídolo futbolístico argentino.
Mauro Baudry, abogado y representante legal de Diego Fernando Maradona, hijo del 10, declara en dicho documental: “Si Diego hubiera estado en cualquier otra casa que le hubieran tenido un poco de cariño, hoy Diego está vivo… De la causa surge que lo drogaban para que durmiera y sacárselo de encima”.
Se dice que las personas de su entorno más cercano, en quienes él confiaba, no lo cuidaron, sino más bien le hacían creer que él mismo tomaba decisiones pero, en realidad, lo manipulaban para que siguiera generando ingresos, sin importarles su salud. Le facilitaban alcohol, le suministraban fármacos sin demasiado control y lo dejaban solo para que “no molestara”.
Nicolás Taffarel, kinesiólogo de Maradona, explica en el documental: “Diego es un capital en vida y pelean por ese capital. Ese es el tema, ese el juego… pueden seguir haciendo negocio y sacando rédito de todo eso”.

Entonces, es así como su séquito cuidaba su imagen ante la prensa y el público, con el propósito de que no se estropeara el negocio en derredor del crack.
Cuando era necesario que Diego se viera bien, le ponían suero un tiempo antes para que se repusiera rápidamente o pergeñaban algún plan para disimular sus adicciones y el deterioro progresivo e inminente de su salud, tanto física como psíquica. De este modo, Diego seguía firmando contratos, concurriendo a eventos, es decir, seguía facturando y beneficiando a su entorno.
Maximiliano Pomarco, asistente personal de Diego, en una conversación telefónica con Leopoldo Luque, médico de cabecera de Maradona, expresa: “Hay que hacer un plan de todos los días para el cumpleaños. Aunque sea que esté presentable para el cumpleaños”.

El 30 de octubre de 2020, Diego debía concurrir a un homenaje con motivo de su cumpleaños número 60 en la cancha de Gimnasia y Esgrima de La Plata, en Buenos Aires, Argentina. Sin embargo, el ídolo ya había empezado a presentar síntomas de Párkinson, tal vez, por efecto de los sicofármacos o las drogas y, además, también presentaba signos de demencia por alcoholismo.
Por tanto, unos días antes del gran evento, se montó un estratégico plan que cerró a la perfección con un certificado médico emitido por su psiquiatra en el que se aseveró que Diego se encontraba orientado en tiempo y espacio. El detalle es que la psiquiatra no tuvo contacto con el paciente en la fecha de la emisión del certificado.
Después de su cumpleaños, su deterioro físico y psíquico era tan pronunciado que ya no decidía por si mismo y a su entorno no le quedó otra alternativa que asumir su situación. Por entonces, faltaban sólo 24 días para su muerte.

En oportunidad de un chequeo médico le encontraron un edema subdural en la cabeza, por lo que lo llevaron a la Clínica de Olivos para operarlo. Allí se hizo presente su médico de cabecera, el doctor Luque, como era lógico, pero Víctor Stinfale, abogado y amigo de la familia Maradona, no permitió que lo operara y se ocupó de que lo hicieran otros tres médicos en su lugar. Aparentemente, la decisión de Stinfale era que Luque y Diego se habían peleado unos días antes. Llamativamente, fue Luque quien salió en la foto de portada de los diarios principales abrazado a Diego tras la intervención quirúrgica, como si él lo hubiera intervenido.
El miércoles 11 de noviembre de 2020, a las 17:30 horas, siete días después de su operación, recibió el alta clínica, pero no el alta médica, que recomendaba a Diego someterse a un tratamiento psiquiátrico, clínico, de rehabilitación y toxicológico con internación en un centro de rehabilitación y un equipo de especialistas como apoyo.
Pese a eso, el doctor Leopoldo Luque y su psiquiatra Agustina Cosachow prescribieron el seguimiento y atención médica de Diego en su domicilio, con asistencia diaria de enfermería y acompañante terapéutico. La familia del ídolo, por su parte, refrendó esta decisión mediante el consentimiento escrito requerido y Maradona finalmente se hospedó en una casa del country San Andrés, en la localidad de Benavídez, en el partido bonaerense de Tigre.

Durante el posoperatorio aparecieron fuertemente los síntomas de la abstinencia al alcohol. Pero su entorno seguía empeñado en ocultarlo dado que de difundirse tal situación se podían cancelar los contratos de Diego por motivo de su adicción.
Claramente, las condiciones en las que se encontraba Diego no se condecían con una internación domiciliaria y, por si algo más le falta a este cuadro desolador, prontamente, su entorno se encargó además de despedir a sus enfermeros y a los acompañantes terapéuticos que asistían su tratamiento domiciliario. Así, el entorno maradoniano no permitía que nadie viera o estuviera con el ídolo.
En sus últimos días de vida, Diego, con su salud totalmente deteriorada se la pasaba acostando y los que supuestamente debían cuidarlo lo llamaban “la bella durmiente” en señal de burla.

Finalmente murió a causa de un edema de pulmón -producido por un edema de corazón severo- el 25 de noviembre de 2020. Dicho cuadro no se produjo de forma repentina, sino que se desarrolló durante varios días. Si alguien de su entorno permanente lo hubiera cuidado lo suficiente como para prestarle atención al principal síntoma que fue la hinchazón generalizada, con un simple diurético le hubieran salvado la vida. Sin embargo, nadie se mostró lo suficientemente preocupado por la salud de Diego como para evitar su triste y prematuro desenlace.
