Columna de Sergio Gilbert: La UC debe dar un giro para pagar sus deudas

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Por Sergio Gilbert
Actualizado el 7 de marzo de 2024 - 10:57 am

Hay unas cuantas preguntas que los cruzados tienen que hacerse si pretenden salir del hoyo en que hoy están.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: AGENCIAUNO

No la pasa bien Universidad Católica. No ahora no más cuando se concretó la salida del entrenador Nicolás Núñez (pese a que había sido “ratificado” hacía no más de 24 horas), sino que desde hace harto tiempo. Nicolás Núñez, en verdad, fue sólo un eslabón más en la larga cadena de desaciertos.

De hecho, el comienzo de su mal momento fue en 2021, pero la Católica pudo disimularlo ese año con el título obtenido en una arremetida final y que les dio a los cruzados el tetracampeonato, de la mano del DT Cristián Paulucci.

¿Por qué se puede poner como hito ese año?

Principalmente porque, a partir de ahí, la UC dejó de ser un equipo bien llevado y regido por principios muy claros y se convirtió en uno que empezó a sentir que podía hacer lo que quisiera porque había dado muestras de eficiencia.

Cruzados, su equipo y sus títulos era el resumen de la perfecta comunión entre planificación y ejecución.

Pero el suelo comenzó a tambalear.

La corta permanencia del entrenador Gustavo Poyet en la banca cruzada ese año fue un indicativo potente en ese sentido: el DT uruguayo detectó que tras los triunfos conseguidos los años anteriores era fundamental un giro en los principios del club y una renovación profunda del plantel para mantener en alto el tranco ganador y, ojalá, aumentarlo a nivel internacional.

Las palabras de Poyet -del todo lógica, por cierto- cayeron mal en todos los estamentos cruzados.

En la dirigencia encabezada por Juan Tagle, parecía exótico, por decir lo menos, que un recién llegado se inmiscuyera en temas de principios del club. En la dirección deportiva, terreno del inamovible José María Buljubasich, primó el criterio de que las cosas se estaban haciendo bien y que no había que cambiar, sino que Poyet debía ajustarse a las condiciones. Y en el plantel, claro, los “referentes”, esos que en su mayoría se sintieron tocados con el tema de la renovación enunciada por el DT, comenzaron a tomar distancia con él y a desestabilizar su continuidad con rendimientos sospechosamente bajos y filtraciones sobre el pesado ambiente interno que se vivía.

El resultado fue que Gustavo Poyet tuvo que salir prematuramente del club por malos resultados y poco nivel en el rendimiento, cosa extraña porque, como está dicho, hay que considerar que la UC igual fue campeón ese año.

Pese a ello, los problemas en la Católica no se borraron. Más bien, se profundizaron. El propio DT Paulucci tuvo corta vida laboral en la UC y su reemplazante, el ex campeón cruzado, Ariel Holan, tampoco pudo revertir la rodada que comenzó a exhibir el ex tetracampeón.

¿Nicolás Núñez era la solución en la banca?

Tal vez no, pero en realidad, como ha quedado demostrado, ya el tema no tiene que ver sólo con el entrenador de turno (cada cual tiene su grado de responsabilidad, sin duda, y Núñez deberá hacer una autoevaluación profunda), sino que también y en gran porcentaje, con los otros estamentos que conforman el club.

Hay preguntas que los cruzados deben hacerse para salir del hoyo en que hoy están: ¿Quieren mantener y aumentar su potencial interno variando y ajustando principios o prefieren que todo siga igual? ¿Hay interés real y verdadero por dar pasos de calidad a nivel internacional? ¿Se seguirá contratando jugadores de dudosa calidad en desmedro de los jóvenes de las divisiones menores? ¿Seguirá temblando la mano para ver la necesaria renovación del plantel? ¿No es la hora de un cambio en la conducción de la dirección deportiva? El entrenador que ahora venga ¿será escuchado o tendrá sólo que adaptarse a estructuras y decisiones macro? ¿Seguirán los dirigentes de Cruzados pensando que ellos y sólo ellos saben hacer bien las cosas?

Harta tarea para la casa tiene la UC mientras sus sufridos hinchas sólo esperan volver a ser felices como lo fueron algún día.