Columna de Rodrigo Cabrillana: El coraje de ser independiente
Los sellos independientes siempre han marcado pauta en el mundo de la música popular. Desde su interna emergieron grandes nombres en el concierto de la industria transnacional como Elvis Presley, Roy Orbison, y Jerry Lee Lewis. Y hasta bandas de renombre en el universo del rock como Oasis, Nirvana y Soundgarden pasaron por allí. El libro “Independientes. 101 Sellos Discográficos” editado recientemente por Santiago-Ander resume éstas y otras historias que están profundamente marcadas por un fuerte espíritu de pasión, lucha contra la adversidad y amor a la música desde diversas trincheras.
Por RODRIGO CABRILLANA / Foto: ARCHIVO
“En el colegio se enseña que cultura es cualquier cosa rara, menos lo que hagas tú”
(“Independencia Cultural”, Jorge González, Los Prisioneros).
La industria de la independencia discográfica siempre ha sido sinónimo de aventura, peripecia y azar. De hecho, la autonomía ha existido desde siempre en el mundo de la música y la cultura en general. No son pocos los creadores que han optado permanentemente por mantener un manejo individual o de manera más focalizada el control de la distribución y difusión de sus obras.
Una acción que, si bien tiene un costo enorme en distintos ámbitos, también es una declaración de principios que muchas veces es parte de la esencia de todo artista. Si no, pregúntenle a Ian MacKaye, dueño de Dischord Records (sello de música hardcore), que continuamente ha mantenido esta particular forma de ver el arte.
En Estados Unidos, país asociado a los orígenes del blues y el rock, tiene en su marcada historia cultural la disputa constante que existió en los años ’20 entre las grandes discográficas y las compañías independientes que distribuían la música negra. Muchas de las cuales fueron decayendo en su accionar en el tiempo, con la irrupción de la crisis económica de 1929, donde sus catálogos fueron siendo traspasados finalmente a la gran industria, con motivo de buscar preservar las distintas obras que estaban bajo su custodia.
Sin embargo, su ímpetu de contienda no terminó ahí, porque el grito de libertad se mantuvo intacto en la naturaleza de las canciones.
Ésta y otras lecturas pueden hacerse de un tema que es extenso y con un gran bagaje, pero también muchas veces efímero. Porque la independencia tiene sus formas libertarias, sus ventajas y también su ética, pero igualmente involucra decisión, actitud y, como decía anteriormente, un alto precio que pagar en el sistema del que somos parte.
Por lo mismo, siempre se asocia la independencia a corrientes culturales y musicales como el punk, el hipismo y otras que preservan en su filosofía y en su arte, una manera de trabajar fuera del contexto tradicional y hegemónico. Con políticas culturales propias y no dependientes de lo que el mercado impone.
Ser independiente finalmente es una posición, una conducta y una lógica en sí mismo. Una forma no tradicional de coexistir en un mercado exigente y feroz.
Esta mirada, y otras, es lo que se resume en el libro “Independientes. 101 Sellos Discográficos”, que la editorial Santiago-Ander lanzara el pasado viernes 23, reuniendo una gran cantidad de información de lo que acontece en la industria del autogobierno fonográfico y donde se expone el devenir de más de cien discográficas nacionales e internacionales que han sido trascendentales para la historia de la música popular en el mundo.
Escrito por una multiplicidad de autores y autoras, podemos encontrar las historias de discográficas sustanciales como Creation Records, donde se forjó gran parte del movimiento alternativo inglés de los ’80 y principios de los ’90; Sub Pop donde se publicó una cantidad considerable del catálogo que hizo trascender al denominado rock filoso de guitarras conocido como grunge, y, por supuesto, Sun Records, donde músicos como Elvis, Johnny Cash y tantos otros hicieron sus primeras armas musicales.
Asimismo, en el plano nacional encontramos las historias de Quemasucabeza, fundado por los integrantes de Congelador; Hueso Records, que ha editado a grupos como Pinochet Boys, Electrodomésticos, Pánico y Cleopatras; Mylodon Records, en Concepción, que ha hecho un trabajo excepcional con el legado del rock progresivo, y también la permanencia de sellos originarios del puerto de Valparaíso como Acople, que ha publicado una cantidad importante de artistas de la Quinta Región.
Como podemos ver, la amplitud del marco de la independencia en el mundo de la música es enorme y muy abundante. Porque las mismas historias traspasan también las intenciones, los años y la norma que autoimpusieron estas mismas discográficas en la industria.
Muchos proyectos y solistas consagrados internacionalmente nacieron igualmente de estas mismas ligas, y saltaron al plano del mainstream solamente cuando el fervor popular y la cobertura necesaria de un mercado más grande fue sustancial para la expansión de su música. Michael Jackson y Diana Ross que se iniciaron en el sello estadounidense Motown, son el más claro ejemplo.
Es más, hasta artistas consagrados hoy, como la misma Madonna y el fallecido Prince optaron en su momento trabajar por sí mismos y autogestionar su propio catálogo. Por lo que, incluso algo que nació como empujado por la contracultura y el underground de la ocasión, también ha sido materia hoy día de admiración, prestigio y por qué no de celebridad. Sobre todo, cuando lo “under” tiende a volverse igualmente digno de la taquilla.
En el libro, se cuentan decenas de estas historias y se destacan, asimismo, las plumas de escritores ya fogueados en el ámbito de la literatura musical como Cristóbal González Lorca, Emilio Ramón (que además escribe el prólogo), Sergio Cancino, el español Marcos Gendre, Ricardo Martínez-Gamboa, Álvaro “Tribi” Prieto y el uruguayo Tabaré Couto.
Asimismo, escritoras como Cristina Mars, Naty Lane, la croata-inglesa Tessie Spoljaric-Woodgate, Paola Zúñiga Marro y las periodistas Fernanda Hein y Fernanda Schell aportan cautivadoras miradas desde sus reseñas de la industria independiente.
Punto aparte, el interesante debut literario de la bogotana Vanessa Laverde, quien aporta con tres vistosos textos ligados a las discográficas que difunden cumbia y música bailable.
Adentrarse en la historia de “Independientes. 101 Sellos Discográficos” le permitirá al lector ampliar la mirada sobre cómo opera el mundo de la música en general. Y que no siempre lo que predomina en las parrillas radiales tiene un origen que ha sido impulsado por las discográficas transnacionales que todos conocen.
RODRIGO CABRILLANA
(Santiago, 1978), es profesor con un magíster en Literatura (Usach) y escritor de crónica musical. Ha publicado diversos libros sobre música chilena y actualmente graba y produce, en conjunto con la radio del Centro Cultural de España en Santiago, el podcast “Noches de Rock & Roll”, basado en la cultura musical de Concepción.
