Columna de Marcel Young: A 37 años del triunfo del NO

El 5 de octubre de 1988, la oposición chilena unida derrotó en las urnas a la dictadura terrorista cívico militar encabezada por Augusto Pinochet Ugarte. En el plebiscito destruyó el deseo del dictador de eternizarse en el poder.

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Por El Ágora
Actualizado el 6 de octubre de 2025 - 3:47 pm

La noche del 5 de octubre de 1988 la gente salió a las calles a celebrar la derrota de la dictadura / Foto: ARCHIVO

Después de 17 años de dictadura y su sistemática violación de los Derechos Humanos, el pueblo chileno logró destronar a Augusto Pinochet Ugarte.

Él, junto a un puñado de militares y civiles de ultraderecha generó una gran concentración de la propiedad luego de que la comprara a precio vil. Además, grandes empresarios, entre 1974 y 1989, asaltaron y se apoderaron de más de 500 empresas públicas estratégicas.

En relación a las concesiones mineras, a través de una ley orgánica de 1981 otorgó a privados derechos de propiedad plenos sobre muchos yacimientos. Y luego, a través del código de minería publicado en 1983, facilitó con mucha facilidad el traspaso de los recursos naturales.

En relación a la propiedad de la tierra, devolvieron grandes terrenos a antiguos latifundistas y muchos predios se remataron a precios irrisorios. Asimismo, se entregaron grandes extensiones de tierra fértil a empresas forestales y las que, además, se les subvencionaba el 75% del costo de la plantación.

Mientras se producía la destrucción de la economía social, aumentaba la vulnerabilidad de las grandes mayorías del país. Y se suprimía la libertad de expresión, se intervenían las universidades y todo el cuerpo social, con una brutal represión.

La organización popular

Desde los primeros años de la dictadura se empiezan a reorganizar los grupos políticos y la sociedad civil. Varias centenas de miles de exiliados se refugian en los más diversos puntos del planeta. Desde allí se establece un gran movimiento de solidaridad con Chile y se denuncian las violaciones de los Derechos Humanos.

Aunque la oposición política y social sufrió muchos reveses y una brutal represión, no se borró la aspiración democrática del pueblo de Chile. El costo fue muy alto. Según el informe de verdad y reconciliación de 1991, miles de personas fueron detenidas, torturadas y asesinadas. Hay 1.100 detenidos desaparecidos, 1.469 ejecutados políticos y 40 mil prisioneros políticos, en su mayoría brutalmente torturados.

Sin contar las fuertes presiones en los lugares de trabajo, en las aulas universitarias y a nivel territorial.

Contra el terror y la represión

A pesar del terror reinante a través del miedo, la censura y la represión, no se apagó el faro de la lucha por la libertad. Por el contrario, en silencio y convicción se empezó a articular la organización social y política en los distintos ámbitos de la vida nacional.

Primero fueron las organizaciones de Derechos Humanos ligados a las iglesias, luego en los colegios profesionales, en las poblaciones. Y, especialmente, el notable despertar de las federaciones universitarias y estudiantiles, las organizaciones sindicales y especialmente los mineros del cobre. Todos ellos en gran medida articulados por los partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil.

Un punto crucial en este renacer se generó el 27 de agosto de 1980. Ese día, en el teatro Caupolicán, Eduardo Frei Montalba, encabezó la primera manifestación pública en contra de Pinochet y la dictadura. Frei pronuncia un contundente discurso. Condena a la dictadura por su falta de legitimidad y su intención de instaurar -con un seudo referéndum- una constitución contra el pueblo. Inmediatamente se desplegó una fuerte represión y se censuró toda referencia al texto de llamado democrático de Frei Montalva.

Como consecuencia, el 22 de enero de 1982, Frei Montalva muere envenenado y estamos en presencia del primer magnicidio del siglo XX en Chile.

La semilla de la democracia

En los años 80 asistimos a una creciente movilización de la ciudadanía en favor de la libertad y la democracia. Desde allí se va germinando una convicción moral, que, a partir de la defensa y promoción de los Derechos Humanos, junto con la organización de la sociedad civil y a través de la movilización, permitiría recuperar la democracia en Chile.

El aumento de las protestas, sobre todo a partir de 1983, a pesar de la fuerte represión, instalaron la semillita. A través de la presión social se abriría el camino a la libertad y la democracia. Esto permitió que, de manera sostenida, muchos compatriotas despertaran y confiaran en que se podía cambiar.

Cientos de ciudadanos se sacrificaron por la causa de la libertad, unos entregaron sus vidas y otros sufrieron graves consecuencias.

Punto de inflexión de lo anterior, se concreta en 1986, nuevamente en el teatro Caupolicán. Se constituye la Asamblea de la Civilidad, con la convicción de que, para avanzar, era necesario generar una instancia unitaria de coordinación política de todas las organizaciones. Y fueron más de 200: políticas y sociales, juveniles, gremiales, pobladores y trabajadores, iglesias y movimientos de Derechos Humanos.

No hay momento sin antecedente

El triunfo del plebiscito del 5 de octubre de 1988 no se puede entender sin los múltiples acontecimientos que lo precedieron. Fue posible también por la gran presión internacional, que fue aumentando año tras año, ante la magnitud de las violaciones básicas en Chile. Además de los actos terroristas de la dictadura. Primero contra Bernardo Leighton, en Roma, y luego contra Orlando Letelier, en Washington.

Y, por supuesto, no hay que olvidar la movilización de miles de anónimos ciudadanos chilenos, que es donde reside el triunfo del NO.

Después de la gran gesta democrática, aparecieron muchos generales. Todos se atribuyeron la victoria y se autodesignaron mandatados para ser conductores del proceso de transición a la democracia.

(*) MARCEL YOUNG. Secretario ejecutivo de la Comisión Chilena de Derechos Humanos (1985-1992) y embajador de Chile en Haití (2004-2010).