Columna de Luis Mora Obregón: Chile no es patio trasero de nadie

Memoria, soberanía y dignidad en tiempos de presión global.

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Por Luis Mora Obregón
Actualizado el 24 de febrero de 2026 - 12:17 pm

Chile es un país soberano y como tal decide su futuro / Foto (referencial): ARCHIVO

En 1970, Chile eligió democráticamente a Salvador Allende. Lo que siguió no fue sólo una crisis interna. Fue una operación geopolítica.

Hoy sabemos —por documentos desclasificados— que la administración de Richard Nixon y su secretario de Estado Henry Kissinger impulsaron acciones para desestabilizar al gobierno chileno. “Make the economy scream”, ordenaron.

El 11 de septiembre de 1973, el bombardeo a La Moneda no fue sólo un quiebre institucional. Fue la consumación de una presión internacional que terminó por fracturar nuestra democracia.

No escribo esto como consigna. Lo escribo como hijo de esa historia. En mi familia hubo exilio. Un tío partió a México y murió sin poder volver a su patria. No murió en combate ni en política. Murió lejos. Y esa distancia forzada es una forma silenciosa de violencia.

Por eso cuando hoy se habla livianamente de soberanía, algunos no hablamos desde la teoría. Hablamos desde la memoria.

Décadas después, el caso del informe Doing Business del Banco Mundial volvió a encender alertas sobre cómo decisiones técnicas pueden tener consecuencias políticas.

Y hoy, en medio de tensiones globales por tecnología, comercio y alianzas estratégicas, Chile vuelve a enfrentar presiones sutiles. Proyectos como el cable submarino hacia Asia no son sólo infraestructura, son independencia digital.

Cuando decisiones diplomáticas externas afectan a autoridades chilenas, el mensaje no es neutro. Es geopolítico.

La discusión sobre influencia extranjera ya no ocurre sólo en cuarteles o embajadas. Ocurre en rankings económicos, en algoritmos, en campañas digitales y en presiones simbólicas.

Las grandes potencias hablan de libertad. Pero toda libertad revela sus límites cuando entra en conflicto con sus propios intereses.

Chile no es una colonia. No es ficha en un tablero ajeno. No es patio trasero. Somos un país pequeño, sí. Pero con memoria larga.

La soberanía no significa aislarse. Significa decidir.

Podemos tener relaciones con Washington, con Beijing o con cualquier nación. Pero esas relaciones deben ser entre iguales.

La política exterior chilena debe responder a los intereses chilenos. No a la conveniencia de ninguna superpotencia.

La soberanía no se grita. Se ejerce. Y se defiende.