Columna de José Antonio Lizana: A propósito de Lio Messi y Donald Trump

El fútbol nunca ha sido sólo fútbol. Siempre ha sido también poder, dinero y política. Y frente a eso, cada jugador toma una decisión: posar para la foto con los poderosos o pararse del lado de la gente.

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Por José Antonio Lizana
Actualizado el 10 de marzo de 2026 - 12:31 pm

El criticado encuentro entre Messi y Trump en la Casa Blanca / Foto: AGENCIAS

El tango “Cambalache” dice que el mundo fue y será una porquería en el 506 y en el 2000 también. Y, casi como una profecía de una canción escrita hace un siglo, hoy estamos viviendo en un mundo de porquería, mirando cómo las guerras, impulsadas por los intereses de las grandes potencias, lo están destruyendo todo.

Por lo mismo, no me sorprende que Lionel Messi le sonría y le estreche la mano a Donald Trump, porque en ocasiones anteriores lo hizo con Joseph Blatter, Alejandro Domínguez, Gianni Infantino y otros. Es decir, el “enano atómico” es el regalón de los poderosos.

En tanto, su compatriota Diego Armando Maradona siempre enfrentó al poder y demostró una gran conciencia social. Así se ganó la persecución de la FIFA y el apodo de “El Diego de la gente”.

Pero esto no es nuevo. Pelé, considerado por muchos el mejor jugador de todos los tiempos, también tuvo acercamientos con Richard Nixon, uno de los presidentes estadounidenses más controvertidos de la historia.

Asimismo, los emblemas de Pelé no fueron los derechos de sus compañeros de profesión ni las necesidades de su pueblo; por el contrario, fueron las marcas Mastercard y Banco Santander, que adosó a su pecho casi como una patria. Todavía se recuerda que en un clásico universitario de 2011, «O Rei» dio el puntapié inicial vestido con la chaqueta roja de la casa bancaria, que al parecer no se la sacaba ni para ir a dormir.

En Chile también hay ejemplos. En 1988, Elías Figueroa participó en el spot del Sí, mientras Carlos Caszely lo hizo en el del No. Y antes, en 1974, Caszely le negó la mano al dictador Augusto Pinochet cuando la selección chilena se despidió antes de viajar al Mundial de Alemania 1974. Un acto valiente y lleno de convicción.

Además, Marcelo Bielsa en 2010, antes de viajar al Mundial de 2010, en Juan Pinto Durán no se quiso sacar una foto con el presidente Sebastián Piñera y de vuelta del Mundial, en el homenaje en el Palacio de La Moneda no saludó a Gabriel Ruiz-Tagle y con muy pocas ganas, le estiró la mano al mandatario.

Finalmente, el fútbol nunca ha sido sólo fútbol. Siempre ha sido también poder, dinero y política. Y frente a eso, cada jugador toma una decisión: posar para la foto con los poderosos o pararse del lado de la gente. La historia, tarde o temprano, termina recordando quién eligió cada lugar.