Columna de Javier Saa Molina: El fútbol joven y sus múltiples desafíos

En este artículo, el doctor Javier Saa Molina, especialista en Medicina del Deporte y Actividad Física, se refiere a la importancia en la comunicación entre los distintos estamentos que trabajan con los jóvenes futbolistas y lo relevante del cómo se maneja el desarrollo de sus habilidades.

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Por El Ágora
Actualizado el 23 de abril de 2025 - 2:10 pm

El trabajo con los jóvenes tienen diversas aristas que no se pueden menospreciar / Foto (referencial): ARCHIVO

Sin la necesidad de entrar en explicaciones profundas y filosóficas, todos entendemos que los jóvenes y las nuevas generaciones tienen un rol fundamental, y hasta prioritario en muchos casos. Por eso, las trágicas muertes de jóvenes (y muy jóvenes) nos impactan tanto, así como las lesiones graves que truncan carreras de potenciales deportistas, más aún cuando fallece un deportista. Sin embargo, cuando debemos invertir en esos activos, pareciera que el tema se hace más complejo.

En mi caso, lo he podido observar de cerca en el futbol (y otros deportes), tanto femenino, como masculino. Con cierta nostalgia vemos entrevistas de los primeros entrenadores de grandes deportistas cuando eran jóvenes, o de sus primeros profesores, y si hacemos un pequeño esfuerzo, podemos ver cómo una serie de acontecimientos, fortuitos o planeados, se dieron lugar para que ese deportista llegase donde está.

Esto, probablemente, corre para la “norma” de los deportistas, siempre habrá excepciones, que vienen tan cargados de un talento natural, que podrán superar las distintas vicisitudes que se le presenten y llegar a lo más alto.

Pero así también, ¿cuántos casos tenemos de deportistas con un gran talento, pero que no llegan a ese lugar, por “falta de compromiso”, “flojera”, “poca disciplina”, “poco apoyo”? Pongo todo entre comillas, porque muchas veces se malentienden esos distintos argumentos, y viéndolo a través de la prensa o las redes sociales es fácil emitir juicios sin conocer la realidad de los deportistas y los clubes, en el caso del fútbol.

El deporte y las lesiones

Como médico del fútbol y otros deportes, el diagnóstico de lesiones son mi tarea y preocupación, y son parte inherente de todo deporte competitivo, más aún si es de contacto. El futbol ha acaparado la atención en este aspecto, tratando de optimizar el rendimiento al máximo, haciéndolo cada vez más dinámico e intenso. Eso probablemente nos lleva a empujar más “al límite” a nuestros deportistas. En respuesta a eso se intenta manejar las distintas cargas de entrenamiento y partidos con GPS (el peto que usan los jugadores no es un sostén, lleva un GPS en la espalda).

Éste es un sistema costoso, generalmente reservado para aquellas divisiones y planteles que cuentan con más recursos. Y para ser claro, no es que sean cosas necesarias para la práctica del futbol y la competencia, pero si nos dan información de cómo rinden nuestros jugadores y cuándo podemos sospechar que estamos pasándonos de rosca.

Falta de recursos

En la gran mayoría del futbol joven, la vigilancia y control que se tiene es notablemente menor en comparación con los planteles adultos y profesionales. Contando con menos recursos para cuantificar estas cargas de entrenamiento y competencia; menos personal del área física para una correcta preparación, que no sólo busque el rendimiento, sino también la protección del jugador, que inevitablemente van de la mano; menor cantidad de kinesiólogos para una correcta rehabilitación y reintegro al deporte; nutricionistas que apoyen con una correcta educación nutricional para una composición corporal adecuada y combustibles necesarios para el deporte; asistentes sociales que puedan identificar la vulnerabilidad de los distintos deportistas y como protegerlos; psicólogos que traten al deportista como una persona y no sólo el aspecto del entrenamiento mental de la competencia, que también son inseparables ambos aspectos; médicos que estén en estrecha relación con los clubes en el cual los jugadores y los otros profesionales puedan confiar, y otros profesionales que apoyan el quehacer del deporte y muchas veces son fundamentales (masoterapeutas, paramédicos, podólogos, etc).

Y para hacerlo más complejo aún, el desafío cuando se cuenta con todos estos profesionales pasa a ser el manejo de los egos y los objetivos de cada profesional, que a buenas y primeras pueden chocar unos con otros. En esos casos, la comunicación es la clave, y no hay otra. Así como en la cancha, cada profesional cumple su rol principal, pero cada profesional a veces va a cumplir el rol de otro, a veces un defensa pasa al ataque, a veces un lateral debe cubrir a un central, incluso algunos defensas a veces han jugado de arquero, enfrentando penales cruciales (el uruguayo Luis Suárez en el Mundial 2010).

Toda esta gran explicación es simplemente para decir que el futbol joven está, en muchos casos, en condiciones subóptimas para lo que el deporte de alto rendimiento exige.

El tema del pasto sintético

Las canchas sintéticas suelen ser un gran tema de discusión. Si uno conversa con jugadores y entrenadores, ninguno prefiere una sintética a una natural; que muchas veces se prefiera la primera por un tema de costos de mantención, es una discusión aparte.

La evidencia científica sugiere que las canchas sintéticas puras, podrían ser más lesivas, sin embargo, existen muchos confundentes que podrían ser los responsables de este aumento de lesiones en jóvenes deportistas que entrenan en estas superficies.

Un confundente es un factor que altera la relación o los resultados sistemáticos de un fenómeno, como en este caso podrían ser las edades de los deportistas, las condiciones físicas que presentan al momento de entrenar, la planificación de los entrenamientos, el cambio de superficies al entrenar y competir, y así uno podría enumerar muchas.

Así mismo, las lesiones deportivas son multifactoriales, por lo que es prácticamente imposible determinar un único factor responsable de las lesiones.

La importancia de la comunicación

Habiendo dicho todo la anterior, vuelvo al concepto de la comunicación. Los responsables de estos deportistas deben tener una comunicación fluida y día a día, de manera de ajustarnos a los cambios, necesidades y problemas que se presentan en un ambiente altamente dinámico, porque al igual que en la cancha, hay que saber adaptarse según los recursos que se tengan, el objetivo y las condiciones.

En un mundo ideal, uno cuenta con un profesional especializado en cada área para resolver los temas, si no tendremos que ajustar con el personal que se tenga, por lo tanto, la voluntad y capacidad de aprender es clave también. Como ejemplo: el médico debe conversar con los kinesiólogos para ajustar y estimar los tiempos de reintegro, el psicólogo debe conversar con el nutricionista en caso de existir trastornos de conducta alimentaria (de alta incidencia en otros deportes), el preparador físico debe conversar con el kinesiólogo y médico para reintegrar progresivamente al deportista a los entrenamientos y la competencia.

En resumen, todos deben conversar con todos, y así cuando los problemas ocurren, no se convierte en una cacería de brujas, sino en un análisis del problema y como reducir el riesgo de próximos eventos similares, es decir, todos deben manejar la información pertinente de cada deportista, cada profesional con más detalle de su área. Lamentablemente eso requiere recursos, ya que se necesita “tiempo en cancha” de esos profesionales de apoyo, que, a mi parecer, deben estar en la cancha o a la vista del jugador y cuerpo técnico (entrenadores), ya que como personal de apoyo necesitamos ganarnos la confianza de jugadores y entrenadores, y compartir el mismo espacio, manteniendo ciertos límites, es la mejor forma. Esa confianza ganada nos podría hacer “hombres y mujeres del futbol”, alusión recurrente a gente que trabaja en este hermético rubro, que espero a lo largo de mi carrera poder ganarme.