Columna de Ignacio Figueroa: ¿Existe aún la izquierda y la derecha?

Una corriente intenta eliminar la fuente de la rebelión de las clases populares. Es decir, desvanecer la potestad esencial del proletariado para contradecir y derrocar al poder. 

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Por Ignacio Figueroa
Actualizado el 29 de enero de 2026 - 10:07 pm

La teoría marxista dio sus frutos con la revolución rusa de 1917. Foto: ARCHIVO

Diversos analistas y expertos electorales levantan la hipótesis de que la división política entre izquierda y derecha no tiene lógica en la actualidad. Según ellos, las personas no votan por afinidades ideológicas, sino que por intereses particulares. Indican que el “clivaje” (fractura o división estructural, social o cultural) entre los polos no es relevante en el mundo actual. 

Esta tesis intenta eliminar lo que es imposible de desaparecer porque es parte de la esencia de la historia. La fuerza dialéctica que enfrenta a quienes pertenecen al sector de los explotados en contra la de los explotadores, de los expropiados contra los expropiadores.

La idea de estos expertos es interesada, al borrar la oposición dialéctica. Se elimina la fuente de la rebelión de las clases populares, se intenta desvanecer la potestad esencial del proletariado para contradecir y derrocar al poder. Se acaba, así, con siglos de luchas por crear un mundo equitativo confrontando la base del capitalismo. 

Un intento por desaparecer la herramienta principal del marxismo como interpretación de la realidad. En suma, la despolitización de las masas necesaria para terminar con toda resistencia.

Desde la revolución francesa de 1789 se crearon las características políticas que determinarían la lucha social hasta nuestros días. En la Asamblea Nacional, quienes apoyaban al rey se ubicaron en el sector derecho mientras que los sectores liberales ocuparon el lado izquierdo.

Nueva clase controladora

En esos tiempos de revuelta, el pueblo carecía de derechos políticos, mientras la ascendente burguesía se agrupaba para la búsqueda de la conquista del poder. La nobleza, en el extremo derecho, intentaba mantener el statu quo donde todos los privilegios se les otorgaban.

Desde aquellos tiempos se entendió que la lucha entre las facciones políticas era un enfrentamiento existencial entre dos formas de entender la sociedad radicalmente opuesta. 

La diferencia central entre los polos está en la representación de los grupos sociales. La izquierda promueve los derechos políticos de las clases desposeídas, los sans-culottes (sin calzones), utilizando las herramientas de la rebelión popular contra lo establecido. La derecha presenta sus armas de la policía, la milicia del Estado y el capital con la intención de mantener todo en su lugar.

El enfrentamiento entre el grueso de la población contra quienes la controlan y explotan su trabajo tuvo una serie de explosiones expresadas en insurrecciones populares, especialmente en Europa, que se conocieron como “la comuna”.  

El triunfo de la ideología liberal económica con la democracia representativa en lo político empoderó a la burguesía como nueva clase controladora de la sociedad.

Cambio radical o paulatino 

Se impulsó el consenso que la economía tanto como la política debiera ser controlada por la doctrina del liberalismo. Y esto no supuso un cambio significativo en la forma de vida de los trabajadores. Es más, significó un retroceso por la introducción del maquinismo de la revolución industrial, naciendo el concepto de proletariado. O sea, quienes venden su trabajo para lograr el sustento y el de sus familias.

La transformación radical en la lucha del proletariado fue la elaboración de la teoría del socialismo científico hecha por Karl Marx y Federico Engels. Configuraba un cambio que daría la fuerza ideológica necesaria a los sectores postergados para enfrentar y ganar la lucha de clases.

El enfrentamiento de clases sociales enseñada por el marxismo se convirtió en la centralidad de la política. Mientras, los patrones abrazaron el liberalismo como su fuente doctrinaria esencial y el cristianismo como fuente para la pacificación de las exigencias proletarias.

La derecha, agrupada con la fuerza del capital y con base en la construcción del Estado moderno, enfrentó la insurrección de las clases populares con una debilidad ideológica frente al marxismo. Eso, a pesar de que éste se dividió entre comunistas (que buscaban un cambio radical con la abolición de las clases sociales), y los reformadores socialistas (que querían cambios paulatinos que no pusieran en riesgo la democracia liberal).

Destrucción de las ideas

La teoría marxista, en conjunto con la práctica de Lenin, dio sus frutos con la insurrección bolchevique en la revolución rusa de 1917. La construcción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) creó la primera república proletaria, gran éxito que supuso una amenaza directa para el capitalismo.

La respuesta de la derecha fue la creación de una nueva ideología que fuese exactamente lo contrario al marxismo revolucionario. El nacimiento del fascismo en Italia de los años ’20 fue una ideología “frankenstein” que tomaba aspectos organizativos del bolchevismo, pero haciendo hincapié en el nacionalismo tanto como en la alianza entre las clases medias con los grandes capitales en contra del mundo popular.

Sin embargo, la nueva ideología era débil: no podía tomar el poder sin destruir a las fuerzas organizadas del proletariado donde primaban socialistas y comunistas. El Estado italiano y la burguesía fueron cómplices de que los fascistas destruyeran físicamente la organización y los liderazgos de la izquierda. Amén de errores estratégicos y divisiones en el seno de los partidos populares.

El fascismo y su variante alemana trajeron la ruina de sus países. Sometieron al mundo a la guerra mundial que tenía como última razón la destrucción de la izquierda revolucionaria.

La caída de la URSS y de los países socialistas en diferentes partes del mundo propició más que una derrota de los proyectos populares. Fue una destrucción de las ideas que sustentan la capacidad de acción, tanto como de la cultura que permitió el triunfo de la revolución desde la izquierda.

Esencia del enfrentamiento

La derrota central de los proyectos populares estuvo en la aceptación por parte de la izquierda de la nueva ideología de la derecha: el neoliberalismo. La izquierda buscó su identidad en ideologías de género o de minorías (woke) que vieron en el marxismo una carga del pasado en vez de la herramienta esencial para interpretar la realidad. 

Actualmente, el ascenso del nuevo fascismo tiene por objetivo central la destrucción de la ideología woke anidada en el seno de la izquierda democrática. Pero no se percata de que su gran aliado para cercar a la izquierda revolucionaria es exactamente esa ideología.

El fin de lo que se considera el fenómeno del “wokismo” debe llevar a la izquierda a retomar las enseñanzas del marxismo para entender los nuevos fenómenos del mundo actual. Es decir, mantener la comprensión de la economía como rectora de las relaciones humanas, tal como enseñó Marx. Pero adaptando ese pensamiento a los cambios que representan las nuevas tecnologías.

Como la revolución industrial a fines del siglo XVIII creó las condiciones sociales y económicas para el nacimiento del proletariado, la nueva revolución de la tecnología digital y la inteligencia artificial crearán las condiciones para el nacimiento de un nuevo proletariado. 

Mientras no se imponga la eliminación del capitalismo y la lucha de clases, la existencia de la izquierda y la derecha se mantendrá. Es la esencia del enfrentamiento por el poder político, a pesar de que algunos lo den por superado.