Columna de Eduardo Bruna: Cuba y el “romanticismo” de su revolución
Un connotado académico chileno señala que la isla se quedó en el pasado, en la gesta que derrocó a Batista, pero que económicamente nunca pudo funcionar. Aparte de usar el eufemismo de “asedio petrolero” en lugar de bloqueo petrolero, para el señor Jorge Sanz parece no haber existido jamás Estados Unidos.
Jorge Sanz, académico de la Universidad del Desarrollo (UDD), analizando para cooperativa.cl la crisis que vive Cuba a raíz del “asedio petrolero” (sic) impuesto por Estados Unidos, señaló que el régimen cubano nunca logró una estructura económica para sostenerse. Que se había quedado “en el romanticismo de la revolución”.
Sanz, definido como “experto en relaciones internacionales”, afirmó que el problema central de la isla no es el “asedio petrolero”, sino que en 60 años “no se han construido para sostenerse como país”.
Llama la atención que un experto en relaciones internacionales ponga énfasis en el agudo déficit petrolero en la isla, que es enteramente efectivo, que use el eufemismo de “asedio”, y que omita señalar que este bárbaro bloqueo estadounidense a Cuba es apenas la guinda de la torta de más de 60 años de agresiones de todo tipo, que van desde las sanciones económicas, políticas, diplomáticas y financieras, pasando por una invasión fracasada, varios intentos de asesinato a Fidel y actos de terrorismo con el claro intento de hacer fracasar los cultivos de la caña de azúcar, principal ingreso de la isla junto con el tabaco.
Eso, aparte de un turismo cada vez más venido a menos, gracias en buena parte a las acciones del Imperio y a la narrativa que instala su prensa genuflexa a nivel latinoamericano y mundial.
¿Quién va a querer conocer Cuba con el miserable y desolador panorama que los medios de comunicación muestran?
Aparte, ¿qué es eso del “romanticismo” por la Revolución? A los cubanos, señor Sanz, no les dieron tiempo ni siquiera para ese supuesto romanticismo, que vendría a ser algo así como mirarse a sí mismos el ombligo por la gesta de haber derrocado a un Fulgencio Batista tan títere de los gringos como inepto y corrupto.
El romanticismo por esa revolución, que efectivamente existió, y afortunadamente sigue existiendo entre los dignos de este continente, ha perdurado en el tiempo por ser un ejemplo inmortal para todos aquellos que se resisten a ser vasallos de un país que ha hecho de la prepotencia y el abuso con los débiles un estilo de gobierno que supera con largueza la tenue diferencia ideológica entre demócratas y republicanos.
Para decirlo sin más rodeos: excepto claras diferencias valóricas entre ambos (aborto, divorcio, homosexualismo y alguna otra), hacia el interior y el exterior tanto republicanos como demócratas son la expresión rotunda y unívoca de una oligarquía que, llegado el momento de las definiciones, defiende con dientes y uñas sus ventajas e irritantes privilegios.
Aproximadamente a 145 kilómetros de las costas del estado de Florida, el sempiterno matonaje estadounidense jamás dejó ser a Cuba. La “lepra” del comunismo -siempre pensó Washington- estaba demasiado cerca como para permitirse medias tintas. Por lo que, pasado un corto tiempo de hipocresía y de aparentes buenos modales, en los cuales John Kennedy era todo un experto, Estados Unidos fracasó primero en su intento de invasión a Cuba en Playa Girón, para luego buscar estrangular a la isla recurriendo a las maniobras más reiteradas, arteras y viles, para devolverles la libertad y la democracia a esos pobres cubanos que tan bien lo habían pasado con Batista en la presidencia.
Cuba pudo rendirse. Como ocurre por estos días con Irán, y como ha pasado tantas veces a través de la historia con otros países, Cuba prefirió luchar. Había sido mucho sufrimiento, mucho el sacrificio, y mucha la sangre derramada, como para levantar bandera blanca ante Kennedy primero y frente a los doce que llegarían después a la Casa Blanca, desde Lyndon Johnson hasta Donald Trump.
El país más rico y poderoso de la historia lo intentó todo para doblegar a Cuba. Desde declararle un bloqueo total, impedirle el acceso al sistema financiero mundial, castigar a quienes se atrevieran a hacer negocios con la isla y hasta probar en los cultivos cubanos de azúcar y tabaco las armas químicas que, años más tarde, el Imperio utilizaría en Vietnam, otro país al que había que salvar del “bloque del mal”.
Se limaron los dientes en el empeño. Y van a seguir limándoselos.
“Cuba es una dictadura”, dicen hoy los gringos, provocando el horror de todos esos zopencos que se creen libres cuando en muchos casos -la mayoría- no tienen ni donde caerse muertos. ¿Y qué querían, muchachos, cuando ustedes mismos contribuyeron en forma entusiasta a hacer de Cuba lo que es hoy? Es como cuando se enojan con Rusia, a la cual acorralaron groseramente tras la caída de la Unión Soviética, y el pueblo que derrotó a Napoleón, y ganó la II Guerra Mundial, supo sobrevivir e ir creando, poco a poco, su propia esfera de influencia.
Lo malo es que ustedes nunca aprenden, muchachos estadounidenses. En los últimos tiempos también se les atravesó China, a lo mejor cuando vieron que un país comunista se los llevaba olímpicamente por delante en todos aquellos ámbitos en los cuales ustedes siempre se creyeron insuperables. Tecnológica, económica, financiera y geopolíticamente, China les da hoy cancha, tiro y lado.
Lo sabe todo el mundo. Sólo ustedes parecen no darse cuenta.
Sólo falta ver el aspecto militar para saber si hoy roncan los chinos o ustedes, pero verlos bravuconear en el Medio Oriente con portaaviones que arrancan al primer misilazo, me lleva a pensar que esa es una maquinaria de guerra adecuada para el siglo pasado, pero no para nuestros tiempos, en que te matan sin necesidad de mirarte la cara.
Por eso, declaraciones respecto de Cuba por parte de un académico como el señor Sanz, no pueden dejar de llamar la atención. Tiene razón cuando señala que el bloqueo petrolero de Estados Unidos a la isla no es lo más importante. Por cierto que no. No cuando dicho bloqueo es sólo la última agresión del decadente Imperio en contra de Cuba en más de 60 años.
En otras palabras, señor Sanz, usted sostiene que Cuba simplemente no se la pudo. Pero, ayudado por mapas y auxiliado por la historia, a pesar de mi voluntad y de mi empeño no encuentro ningún país que, a esa corta distancia de Estados Unidos con poca población, carente de importantes recursos naturales y bloqueado toda una vida, pueda alcanzar una economía no digamos de país nórdico, sino simplemente autárquica.
No soy académico. Tampoco un experto en relaciones internacionales. Pero respecto de Cuba la tengo clarita: nunca Estados Unidos la dejó ser, la obligó a transformarse en una dictadura y el problema petrolero, como usted mismo dice, es un pelo de la cola frente a tantas perversas agresiones juntas.
Optando por mirar el vaso medio lleno, en lugar de medio vacío, me quedo con esa Cuba que ha sido ejemplo de solidaridad, desparramando gratuitamente sus capacitados médicos por todo el mundo; que tiene un nivel deportivo que jaguares como nosotros estamos lejos siquiera de rozar, y una educación que, a pesar de todas sus carencias, convierte al niño cubano del montón en toda una eminencia al lado de la inmensa mayoría de nuestros niños de escuelas públicas.
