Colo Colo no se aburre nunca de tropezar con la misma piedra
Lánguidamente, en medio de una mediocridad manifiesta y una llamativa impotencia futbolística e incluso anímica,
Colo Colo quedó una vez más eliminado en fase inicial de Copa Libertadores al empatar a un gol frente a Botafogo, en el Estadio Monumental.
En el partido “de ida”, el elenco albo había caído por 2 a 1.
Lo cierto es que el Cacique defraudó en toda la línea, acaso porque ilusa y equivocadamente muchos –en rigor la inmensa mayoría del pueblo albo- pensaban que ir a una siguiente ronda era perfectamente posible. Fundados en el segundo tiempo más que aceptable que el equipo realizó en Río de Janeiro, en el partido de ida, en lo poquita cosa que se vio en la oportunidad Botafogo, y sobre todo en la maciza actuación que había cumplido el equipo albo frente a Unión Española, los hinchas del “popular” sacaban cuentas alegres.
Pensaban que Colo Colo por fin podría romper este verdadero “maleficio” que arrastra en Copa Libertadores, donde en los últimos años suma fracaso tras fracaso. Y aunque todos los supuestos anteriormente enunciados tenían sustento y validez, nada de eso puede servir de algo si, llegado el momento de la verdad, el equipo no sabe atar ni desatar ante un adversario apenas discreto para los corrientes parámetros del fútbol brasileño. Y es que, convenzámonos de una buena vez: una cosa es nuestro mediocre campeonato interno y otra cosa muy distinta la alta competencia internacional.
Dicho más claramente aún: con este equipo y con estos jugadores, Colo Colo puede aburrirse de ganar torneos caseros, pero fracasará una y otra vez en el plano internacional simplemente porque carece de la calidad y la jerarquía suficientes. Y menos si, como en este caso, la escasa cuota de jugadores a poder agregar al plantel se invierte en elementos que, sumando y restando, en ningún caso son superiores a los que ya había en la plantilla del campeonato pasado.
Es más: de no haberse lesionado Zaldivia en el encuentro de Río, Guede habría mandado a la cancha a los mismos jugadores con los que terminó el torneo pasado y aún menos, porque se le fue Martín Rodríguez, claramente el jugador más desequilibrante de que disponía.
Pareció que la noche iba a ser alba cuando, transcurridos apenas 3 minutos de juego, Colo Colo tuvo la fortuna de abrir la cuenta. Y decimos fortuna porque, para llegar al tanto que daba la clasificación, no había hecho mayores méritos. Ahogado contra la línea, Véjar tiró al arco, a lo que saliera, y al arquero Fernández, al ir a controlar, se le escapó la pelota. Hizo efectivo el tiro de esquina Ramón Fernández, peinó el balón Pavez y en el medio del área el central Marcelo se volvió loco, clavándola en su propio arco.
¿Qué equipo que necesita ganar como mínimo por 1 a 0 para seguir avanzando no sueña con un panorama igual, tan prometedor e idílico? Pero la conquista, en lugar de tranquilizar a Colo Colo y desesperar a los brasileños, paradójicamente mostró el panorama absolutamente inverso: eran los albos los que se atolondraban, la perdían a cada rato y eran incapaces de prosperar sobre el terreno de juego: los brasileños, por contraste, sin gran profundidad, al menos podían hacerla rotar y tenerla, algo que al Cacique le costaba un mundo.
Teóricamente, se suponía que de cualquier forma el panorama para el Cacique tenía que ser prometedor: Botafogo, a la búsqueda del empate, tendría que adelantar líneas y, por lo mismo, mostrar claros. El problema es que el paso de la teoría a la práctica marcó siempre un abismo. No había quien pudiera tenerla, jugarla bien en profundidad, y las pocas veces que la instancia se produjo dejó una realidad palmaria: Colo Colo carece de los jugadores para picar a las espaldas de los defensas brasileños, porque no tienen la velocidad para ganar metros de ventaja y entrar al área con posibilidades de gol.
Paredes, a nivel internacional, ya no está para eso; Rivero, que en el medio local puede sacar ventaja, esta vez no pudo nunca, porque al fin y al cabo no es lo veloz que suponemos o quieren hacernos creer, con el agravante de que su manejo de balón carece por completo de pulcritud. Como si todo ello fuera poco, el “Pajarito” Valdés repetía su mala actuación de “la ida”, Figueroa producía poco y Véjar, el más inquieto y punzante, amenazó mucho, pero jamás terminó bien una jugada.
Colo Colo era un frontón, y si no pasó más zozobras que las vividas en ese primer lapso, sólo fue porque la mayoría de los jugadores brasileños con el balón en los pies no eran tampoco de los mejores dotados ni iluminados.
Así y todo, fue Villar quien, con un par de intervenciones de su marca, evitó el empate que se presentía.
Nada mejoró en la segunda etapa. La pelota seguía siendo de Botafogo y los jugadores albos sólo podían correr detrás de ella. Físicamente también resultaron un fiasco: los mano a mano, los entreveros y las trabadas, tenían siempre un invariable vencedor: el jugador brasileño. Para qué decir respecto de aquello que se denomina “la segunda pelota”. Anímicamente, incluso, Colo Colo quedó al debe: sus hombres ni siquiera soslayaban con una mayor cuota de entereza, o de espíritu combativo, lo que no mostraban de fútbol.
El empate, con ese panorama, se veía venir. Reiteramos: no porque este Botafogo tenga tantas luces, sino más bien por lo poquita cosa que era Colo Colo para equilibrar siquiera la tenencia de la pelota. El gol podía llegar no por calidad y méritos, sino como fruto de tanta insistencia.
Y tal como se presumía, ocurrió. Remató Guilherme, Roger la desvió en la boca del arco provocando la atajada monumental de Villar, pero el balón le cayó a Pimpao, quien liquidó con el arco abierto.
Asunto terminado. ¿A qué podía aspirar Colo Colo si durante todo el partido había sido incapaz de procurarse siquiera una sola oportunidad clara de gol? Roberto Fernández, arquero de Botafogo, sólo había tenido que estirarse en el primer tiempo ante un remate de Fernández y en la segunda etapa frente a otro de Morales, que atrapó abajo y sin mayores dificultades.
¿Un equipo puede tener ambiciones si jamás puede despercudirse de su bajísimo nivel?
Mustía y lánguidamente, Colo Colo volvía a defraudar en el plano internacional. Desde el 2008 que no supera una fase de grupos y eso no es ninguna casualidad. Sus actuales regentes, que al parecer siguen pensando que el almacenero le puede competir al “mall” o al supermercado, con tal de no invertir siguen comprando en el Persa.
Y así es como les va… Sumando y sumando frustraciones, y haciendo cada año más pesada la carga.
Como canta el viejo tango, respecto de Colo Colo y esa cada vez más añorada Copa Libertadores, “la historia vuelve a repetirse…”.
PORMENORES
Partido por la segunda fase de la Copa Libertadores.
Estadio: Monumental.
Público: 40 mil personas, aproximadamente.
Arbitro: Ricardo Loustau (Argentina).
COLO COLO: Villar; Meza, Barroso, Baeza; Figueroa (46´ Fierro), Pavez, Valdés (80´ Morales), Véjar (71´ González); Ramón Fernández; Rivero, Paredes.
BOTAFOGO: Roberto Fernández; Jonás, E. Silva, Marcelo, Víctor Luis; Bruno Silva, Airton (64´ Guilherme), Montillo, Lindoso (76´ Roger); Pimpao y Joao Paulo (90+2´ Cearense).
GOLES: Para Colo Colo, Marcelo (autogol) a los 3 minutos; para Botafogo, Pimpao a los 81.
Tarjetas amarillas: En Colo Colo, Meza y Pavez; en Botafogo, Jonás y Airton.
