Colo Colo: estuvo en la lona y después casi noquea
En un partido intenso y lleno de emociones, albos y “canarios” igualaron a tres goles en el Monumental. ¿Partidazo? Sí que lo fue, pero más que nada producto de la mediocridad de nuestro campeonato, en que se ha nivelado para abajo y cualquiera le gana a cualquiera.
Podría decirse que el vibrante empate a 3 entre Colo Colo y San Luis fue un partidazo, y realmente lo fue. Por emoción, por cambiantes alternativas, por el fragor que tuvo siempre, será este duelo sin duda uno de los que perdurarán en la memoria de este campeonato. Sin embargo, no podemos hacernos los desentendidos y sumarnos incondicionalmente a los corifeos, a los apologistas de nuestro fútbol.
Más allá de los indudables méritos de San Luis, más allá de la elogiable levantada de Colo Colo, que estuvo en la lona y completamente nocaut, la equiparidad de fuerzas entre un cuadro chico y uno de los eternos candidatos al título está evidenciando la inmensa mediocridad de nuestro fútbol y de nuestro campeonato, en que claramente se ha nivelado hacia abajo y cualquiera le gana a cualquiera.
La tabla de posiciones es el mejor reflejo de ello. Un equipo que está en las últimas posiciones gana uno o dos partidos y se pone a tiro de campeonato. Por el contrario, basta un contraste para que un cuadro con aspiraciones vea abatirse sobre él la amenaza de quedar ocupando las últimas posiciones de la tabla.
La gente –mayoritariamente alba- se fue feliz. No tanto por el resultado, que supone un traspié inesperado y un retroceso en lo que venía siendo últimamente el rendimiento del Cacique. El público abandonó el Monumental satisfecho porque pudo ver a Colo Colo como lo quiere ver siempre: poniéndolo todo, rebelándose ante un resultado adverso y echando mano a ese temple y ese espíritu que es quizás si la razón principal de su popularidad y su éxito.
Porque decíamos que Colo Colo estuvo en la lona, nocaut, y no estábamos exagerando para nada.
San Luis salió a plantearle un partido si no de igual a igual, bastante cerca de eso. Es decir, peleó cada pelota y cada metro de terreno como si fuera lo último, se protegió del ataque albo, pero nunca renunció a sus posibilidades de hacer daño. Es más: hasta tuvo la suerte y el mérito de abrir la cuenta bien temprano, obligando a Colo Colo a arriesgar mucho más de lo que había venido arriesgando en sus últimos confrontes.
Y jugándose, reaparecieron los fantasmas albos. Esos que hablaban de un equipo desbalanceado. Que, procurando ir por el partido, perdía las marcas y dejaba espacios amplios que el rival podía aprovechar si tenía los hombres indicados para ello.
Y San Luis los tuvo. El uruguayo Sirino, por ejemplo, fue un dolor de cabeza permanente durante la primera etapa. Propició el primer gol escapándole en velocidad a Baeza y cada vez que tomaba la pelota hacía tambalear la estantería colocolina.
Buscando Colo Colo con ahínco no exento de claridad, tuvo ocasiones para conseguir pronto la paridad. La más clara, cuando Ramírez sacó en la línea un cabezazo de Paredes que iba limpio a las mallas luego que el meta Reyes hubiera quedado totalmente desubicado.
El cuadro quillotano tuvo el mérito de que nunca se desesperó. Su despliegue era superior y con ello neutralizó a los teóricos armadores albos, el Pajarito Valdés y Fernández, que vez que tomaban la pelota demostraban estar una marcha por debajo del resto, incluidos sus compañeros. En otras palabras, cuando la pelota iba a sus pies, la ofensiva alba perdía esas décimas de segundos imprescindibles para provocar la sorpresa.
Buscando Colo Colo, era San Luis el que estiraba las cifras, llenando de asombro el recinto albo. A los 33 Sirino convirtió un penal por falta de Martín Rodríguez a Escobar y a los 40 minutos, en un rápido contragolpe que dejó a dos defensores albos frente a tres atacantes canarios, luego que el Pajarito resbalara y perdiera el balón, Fiorina puso la tercera conquista, que, en ese momento, se antojó lapidaria y definitiva.
A juego perdido, Guede arriesgó al extremo. Mandó a la cancha a Bolados por Figueroa, a Fierro por Valdés y, aún con diez minutos por delante, al juvenil Jorge Morales por Pavez. En otras palabras, apostó a “matar o morir”, porque en un buen tramo del partido el Cacique sólo tuvo tres hombres de marca: los tres del fondo.
Y la apuesta le resultó. Con más temperamento que fútbol, con más ganas que ideas, Colo Colo acorraló a un San Luis que, sin salida, se ahogaba.
En esa instancia, de buscar goles como fuera para evitar el bochorno, surgió la figura gigantesca de Esteban Paredes, autor de los tres goles albos y protagonista de otra jugada, en el minuto 86, en que le sacaron el balón desde la línea.
Colo Colo, pues, fue una tromba en la segunda etapa. Tal vez, incluso, pudo tener un poco más de suerte de no haber movido Guede a Martín Rodríguez hacia la derecha, en circunstancias que es por la banda izquierda donde mejor rinde. A lo mejor varias cargas albas pudieron tener mejor destino si no hubiera sido porque Bolados se mostró tan torpe e irresoluto con el balón en los pies, como si todavía la camiseta alba le pesara una tonelada.
Fue, en suma, un partido vibrante, adrenalínico y para ver al borde de la butaca. Hay que agradecer a ambos cuadros por ese espectáculo, por las muchas emociones que brindaron.
Peo no nos encandilemos: cuando un campeonato es tan mediocre, como el nuestro, vamos a ver con mucha más frecuencia tambalear a los grandes, a veces caer y, como en esta, recuperarse.
PORMENORES
Torneo de Apertura. Décima fecha.
Estadio: Monumental.
Público: 19.895 espectadores.
Arbitro: Franco Arrué.
COLO COLO: Garcés, Zaldivia, Barroso, Baeza; Figueroa (46´ Bolados), Pavez (81´ J. Morales), Valdés (67´ Fierro), Rodríguez; Fernández; Rivero, Paredes.
SAN LUIS: Reyes; Gómez, Ramírez, Silva (71´ V. Morales), Bravo; Césped; Sirino (60´ Leal), Saavedra, Martínez; Escobar (67´ Grondona) y Fiorina.
GOLES. Para San Luis, Fiorina a los 4´ y 40´, Sirino (penal) a los 33´. Para Colo Colo, Paredes a los 50´, 74´ y 81´.
Tarjetas amarillas: En Colo Colo, Rodríguez, Paredes y Zaldivia. En San Luis, Sirino, Reyes, Césped, Saavedra, Grondona y Fiorina.
