Colo Colo: era demasiado bonito que fuera dirigido por su gente
Los macucos de Blanco y Negro, movidos quizás por qué turbios objetivos y oscuras ambiciones, decidieron poner anticipadamente fin al exitoso ciclo de Edmundo Valladares a cargo del Cacique, un colocolino tan genuino como histórico. Las riendas las vuelven a tomar ellos, seguramente por aquello de que “quien pone la plata, elige la música”.
Por EDUARDO BRUNA
Era muy bonito, y además muy limpio para la realidad que estamos viviendo, a todo nivel. Edmundo Valladares, un colocolino genuino y de gran gestión a cargo de la usurpadora concesionaria Blanco y Negro, dejó de dirigir los destinos del club tras un año de ejercicio para dar paso, este martes, a la presidencia de Alfredo Stöhwing, definido como “hombre fuerte” del bloque Larraín Vial.
Lo insólito es que se dice que Stöhwing contó con el apoyo de Aníbal Mosa, hasta antes de la asunción de Valladares enemigo acérrimo del bloque de Vial. Tal parece que, para la mentalidad de estos usurpadores de Colo Colo, era inaceptable que la plata la pusieran ellos y que los elogios se los llevara un albo de toda la vida, ajeno del todo a enjuagues y componendas.
La renovación de la cúpula de Blanco y Negro tuvo que ver, fundamentalmente, con la renuncia de Paul Fontaine. Ello acortaba el plazo primitivo de tres años que teóricamente iba a tener Valladares y obligaba a una nueva junta de accionistas. Una junta donde los accionistas pequeños no tuvieron ni voz ni voto.
Edmundo Valladares, captando la encerrona que se venía, tuvo la dignidad de no prestarse para componendas. Le ofrecieron seguir, pero siempre que la vicepresidencia fuera ocupada por un “palo grueso” de la concesionaria, lo que significaba que el presidente albo se quedaba sin el para él inestimable apoyo de Edison Marchant. No sólo eso: conocedores de la interna aseguran que a Valladares para continuar le pusieron como condición, además, la salida de Daniel Morón del cargo de gerente técnico.
El presidente saliente de Colo Colo, y remarcamos lo de Colo Colo porque Valladares no es un advenedizo, como sí lo han sido el 90% o más de los que han llegado al club a través de Blanco y Negro, no sólo ordenó la casa y puso énfasis en esas ramas deportivas que para los regentes y accionarios son “un cacho”, sino que –con el silencioso trabajo de Morón-, no sólo concluyó con éxito las renovaciones que Gustavo Quinteros había solicitado de manera urgente (Emiliano Amor, Pablo Solari y Leonardo Gil), sino que sumó exitosamente a dos jugadores que no era fácil contratar y que han resultado todo un aporte, como Juan Manuel Lucero y Esteban Pavez.
A ellos hay que agregar a Cristián Zavala, de gran campaña en Melipilla el pasado año y que, vez que ha entrado, ha dejado en claro que de sobra se merece más minutos.
Es más: se dice que el déficit albo, que bordeaba los 4 mil millones de pesos, fue reducido a poco más de $ 2.500. Natural es pensar, por simple lógica, que en todas esas decisiones detrás estuvo que estar –necesariamente-, Blanco y Negro. La pregunta que sin embargo cabe hacerse es: ¿por qué frustrar un proceso que estaba siendo más que exitoso?
Porque hasta los socios e hinchas albos, gracias a la gestión de Valladares, se habían olvidado un poco de esa concesionaria que les robó el club para convertirlo “en el Manchester United de Sudamérica” y sus alrededores, como aseguró arrogantemente la tropa de audaces, sinvergüenzas e ignorantes que desembarcó con gran fanfarria de la prensa en el Monumental, tras la imposición a sangre y fuego de este tan corrupto como nefasto sistema de Sociedades Anónimas Deportivas.
Se sabe muy bien, a estas alturas, que, por obra y gracia de estos iluminados neófitos, Colo Colo estuvo incluso a punto de perder la categoría, lo que habría constituido no sólo un inédito baldón para el Cacique, sino que, además, la colosal paradoja de tener que conmemorar los 30 años de la obtención de la Copa Libertadores como equipo de Primera B.
Nada bueno puede salir de todo esto. Por Blanco y Negro ha pasado un largo desfile de pájaros de cuentas. Tipos con plata, pero pájaros de cuentas al fin y el cabo.
El colocolino no deja de sentir cierto alivio por el hecho de que, entre todas las turbias maniobras que se fueron urdiendo para sacar a Valladares, a nadie se le hubiera ocurrido resucitar, por ejemplo, a Gabriel Ruiz Tagle. Ganas no le deben haber faltado a Leonidas Vial, que siempre se ha movido desde las sombras.

No parece ser Alfredo Stöhwing, flamante presidente de Blanco y Negro, un dechado de virtudes. Ingeniero comercial, de 69 años, viene formando parte del directorio de Blanco y Negro desde el tiempo del caballero de las colusiones y pactos con los delincuentes de la “Garra Blanca”, encabezados por “Pancho Malo”. Pero de algo estamos seguros: si se para en el Paseo Ahumada, de cien transeúntes sólo lo va a conocer uno. Y con suerte.
Accionista de la Compañía de Seguros Continental, en 2019 hizo el intento por postularse a la presidencia de Blanco y Negro, pero no pudo al ser querellado por lo que se llama “conflicto de intereses”. Un eufemística forma, pero muy chilena, para calificar la sinvergüenzura.
El caso tiene vieja data, pero nunca está de más recordarlo: los apuntados en esa oportunidad fueron José Miguel Jiménez, porque era concesionario de los alimentos para las cadetes albas, siendo él accionista de la empresa proveedora, y, para variar, Ruiz Tagle, que proveía del papel tissue al estadio Monumental siendo él el dueño de Dipisa, la empresa distribuidora.
En cuanto a Stöhwing, enfrentó una querella interpuesta en el 4° Juzgado de Garantía de Santiago, donde se le acusaba del delito de omisión dolosa y de negociación incompatible.
En la querella se exponía que Stöhwing y otros accionistas controlaban la sociedad Agustinas Servicios Financieros Limitada, dueña del 50,004% de Inversiones Credere S.A., controladora de Seguros Continental, y firma que gestionaba los seguros de viaje de todas las series albas, incluido el equipo estelar.
Se cuenta que Inversiones Credere, en junta de accionistas, decidió realizar un aumento de capital de $550 millones. Stöhwing, como representante de Agustinas Servicios Financieros, no se presentó en la fecha establecida para la compra de acciones, pero sí lo hizo después, con el plazo ya vencido, para adquirir el mismo paquete a título personal y a menos de la mitad del valor de mercado.
Pero ahí está el señor Stöhwing. Sin haber pasado nunca un mal rato por la travesura cometida y ahora, por esas cosas del fútbol nuestro de cada día, al frente de los destinos de Colo Colo a través de la fracasada Blanco y Negro.
