La anticolumna de Ele Eme: Lo que no puede pasar en Viña 2026
Una vorágine de improvisaciones marcó esta versión del Festival. Acá un compendio de las más vergonzosas.
Mostrando la hilacha con todo
Este año tuvo lugar la elección de reina más pachanguera de la historia del evento. El voto que coronaba a Faloon Larraguibel apareció en la urna del sorteo de una moto para los periodistas, por lo que fue declarado nulo, lo que allanó el camino para que ganara la elección Emilia Dides. Como reacción a esta impresentable desprolijidad, el programa “¡Hay que decirlo!”, de Canal 13, inició una fuerte e infantil campaña de desprestigio contra la soberana, a quien acusaron, entre otras cosas, de no hacer campaña (como si le quedara tiempo a Emilia, que ya era jurado del Festival).
¡A luca y a mil, a luca y a mil!
Dio vergüenza ajena la actitud de mercachifle de cuarta de Bizarro. Esta productora no sólo metió en la parrilla del Festival a un desconocido artista de su corral como George Harris (con las desastrosas consecuencias por todos conocidas), sino que también contrabandearon en la transmisión de Mega menciones publicitarias a presentaciones de otros con quienes tienen intereses creados, como Camilo, a quien traen este marzo al Movistar Arena.
Que se note menos el localismo
No puede volver a suceder que ante un empate de puntaje para determinar el primer lugar de una competencia (en este caso la folclórica), dirima un jurado… ¡de la misma nacionalidad de uno de los países involucrados, por más que sea presidente del jurado! Eso pasó con nuestro compatriota Claudio Narea, quien favoreció a la canción chilena “La baba del sol”, en desmedro de la canción boliviana. La mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo. Más elegante se habría visto si hubieran hecho votar a todo el jurado entre esos dos temas.
Pastelero a tus teleseries
La animación no puede entregarse tan livianamente a elementos que hacen sus primeras armas en esta área. Si bien hubo aciertos, como el de Tita Ureta y Francisco Melo, también asistimos a cometidos que movieron a la burla (el de Paola Volpato, que se distrajo mucho con la “muela” y eso ralentizó su desempeño) y a situaciones que expusieron innecesariamente a rostros del canal organizador (a Rodrigo Sepúlveda tuvieron que bajarlo de su coanimación el día que le correspondía originalmente ya que el público rockero de esa jornada lo tapó a pifias por su pensamiento político, más afín a la derecha).
El circo del platino
De que Myriam Hernández merecía recibir la gaviota de platino no existen dudas. Sin embargo, ese logro se vio mancillado por el sobreactuado sketch que montaron el director ejecutivo del Festival, Daniel Merino, y el director ejecutivo del mismo, Rodrigo Norambuena, y para el que se prestó la alcaldesa de Viña, Macarena Ripamonti. Fingieron que estaban decidiendo en el momento si entregaban o no ese exclusivo galardón a la intérprete de “El hombre que yo amo”, en circunstancias de que esa decisión ya estaba tomada de antemano.
