Columna de Claudio Gudmani: Cuestión de principios

A riesgo de ser catalogado de anacrónico, iluso, desubicado, pienso que en todo orden de cosas, los seres humanos nos movemos por principios, por valores, por ideales que nos inspiran.

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Por Claudio Gudmani
Actualizado el 12 de noviembre de 2024 - 1:42 pm

Que Gareca haya llamado a Vidal después de lo que éste lo denigró, es impresentable / Foto: ARCHIVO

Aún creo que las grandes cosas se consiguen cuando se promueven círculos virtuosos y no círculos viciosos. Algunos dirán… ¿y quién es éste para pontificar?… Otros dirán que soy “más papista que el Papa”, y posiblemente lo soy. Un bicho raro en peligro de extinción. Pero tiendo a creer, y quizá en esto soy más ingenuo aún, que hay mucha gente silenciosa a la que estas cosas les importan.

Tanto en nuestra sociedad como en nuestro amado fútbol, hay hechos que no dejan de sorprenderme, que me dejan abatido, desilusionado y que, poco a poco, me hacen sentir que vamos de mal en peor. Escucho a mucha gente que se indigna, que ya no cree en las instituciones ni en las personas, y que cuando las cosas se ven cada vez más oscuras, no se dan cuenta que se puede caer incluso más bajo.

Filosofía y fútbol

Jean Paul Sartre, filósofo y escritor francés del siglo pasado, dijo en torno al fútbol, que lo vislumbraba como un “fenómeno social” que movía muchas pasiones, y acuñó algunas ideas premonitorias, cuando que esta actividad todavía no era el monstruo inmenso que es hoy a nivel de comunicaciones, dinero y poder…

“El fútbol es una metáfora de la vida” y fue más allá aún, “un reflejo de la sociedad”.

Patrimonio de los pueblos

Por otra parte, César Luis Menotti, entrenador campeón del mundo en 1978 con Argentina, fallecido este año, decía en forma positiva que el fútbol era “identidad y patrimonio de los pueblos” y que debía representarlos. Nunca se imaginó que llegaría el momento que esa identidad sería tan negativa.

Hoy el fútbol, a nivel nacional e internacional, es reflejo de lo que vivimos como sociedad: todo parece guiarse por el dinero, por el exitismo, por las apariencias y por el poder político, empresarial y comunicacional.

¿El dinero es el éxito?

Metiéndome en las patas de los caballos, vivimos en un país donde “ganar plata, tener éxito, fama y poder” lo es todo, es lo que vale, y se siguen los principios de Maquiavelo: “El fin justifica los medios”.

Esto lo hemos visto en política, en el tráfico de influencias, en los negocios oscuros y en el manejo de los medios. Incluso en actos delictivos, donde algunos se creen con el estatus para estar sobre o fuera de la ley, con total descaro, incluso desafiando a la opinión pública y las instituciones.

Lo vemos en rostros oficiales, lo vemos en comunicadores, en redes sociales, en delincuentes, en narcos, en la farándula. Todo con una agresividad que nos deja a los demás como unos cobardes si no nos involucramos con esa virulencia.

El fútbol no escapa a la realidad

Y en el fútbol, sucede lo mismo. Cierto es que lo más importante es lo que perjudica a todos los ciudadanos, pero este deporte, “denominado lo más importante de lo menos importante”, es un espejo donde todos nos vemos las caras. Y lo que más vemos son “caras de raja” o “de palo”, para ser más finos.

Este final de campeonato en el fútbol chileno, ha sido uno de los más atrayentes de los últimos tiempos, porque los dos clubes más importantes (populares) del país lucharon con buenos rendimientos, muy por sobre el resto en los puntajes, palmo a palmo hasta la ultima fecha, incluso hasta los últimos minutos.

Una finalísima, pero con problemas

Algunos imparciales que no somos de ninguno de los dos clubes, nos solazábamos con un eventual empate en puntos y un imaginado partido de definición, de poder a poder. Sin embargo, probablemente eso habría sido impracticable por el sinnúmero de problemáticas que esto le provocaría a las instituciones involucradas.

Gobierno, Delegación Presidencial, Estadio Seguro, ANFP, tope de fechas, falta de tiempo y previsión, partidos de la Selección y otros pendientes, vacaciones programadas de los actores, etc, etc, etc… ¿Dónde jugarlo?… ¿Qué dicen las bases?… ¿Qué pasaría si se enfrentan las barras?… ¿Qué pasaría entre los jugadores después de las últimas declaraciones y provocaciones?… ¡Y después de los últimos cuestionamientos a la normativa y los desacatos en que ambos clubes se enfrascaron!

En esta sociedad que vivimos, sería un circo romano, con sangre y fuego, lo que a muchos les hubiera encantado, más por el morbo que por el partido en sí.

Todo sigue igual

Pero, nada de eso pasó… Colo Colo abrió la puerta a esa posibilidad empatando en Copiapó, pero Universidad de Chile no pudo ganarle a Everton, por errores e incapacidades propias, y también con polémicas arbitrales.

Así, de golpe, en un santiamén, se cerró la puerta. Y lo más fácil es echarles la culpa a los otros, pensar en maquinaciones, ponerle pelos a la sopa de la cual todos comen, y finalmente, salvo algunas excepciones, muy poco espíritu deportivo.

Sembrando odio

Digo esto porque el fútbol es ante todo un deporte, una actividad física donde se compite contra los rivales para obtener logros, respetando las normas que lo rigen, y aceptando las situaciones propias del juego, incluido el arbitraje.

Aceptar los resultados, parciales y globales, más allá de lo doloroso de la derrota o de la grandeza de la victoria, es lo deportivo. Y en esto, tanto ganadores como perdedores, fueron muy mezquinos y poco honorables (salvo el técnico Álvarez y el arquero Castellón).

Algunos dirán que es parte del folklore, a mí me parece que sólo contribuye a la odiosidad y después nos quejamos de los hinchas. Y menos lo perdono de los ganadores. ¡Qué pena!

Vuelta de carnero

Dato aparte, me parece un golpe a la cátedra que, en otro ámbito futbolístico, el seleccionador nacional, necesitado de triunfos y aprobación, llame a un jugador que ha denostado su liderazgo, sus decisiones e, incluso, a los jugadores (actuales compañeros) que el DT había considerado en La Roja, con un lenguaje vulgar.

Ese jugador, con grandes cualidades futbolísticas (lo que no se cuestiona), además estuvo involucrado esta misma semana en un “incidente” delicado con alcohol, denuncias y drogas, claro, todo dentro de lo privado dirán algunos. Pero es un campeón y eso, para la mayoría, lo avala todo.

Golpe a la consecuencia

Para mí, un paso más abajo en la integridad y la consecuencia, por más que el entrenador haya dicho que “las puertas están abiertas para todos”, creo que hay un límite, y ese tiene que ver con el respeto y con lo que se irradia hacia los demás integrantes de la Selección.

“No importa cómo te comportes, ni si estás en contra de lo que yo propongo”, la necesidad tiene cara de hereje.

Volvemos a los principios, muchos están de acuerdo, lo que importa es el resultado, el éxito, los triunfos, que tampoco la presencia de ese jugador asegura. Pero aquí se demuestra cómo estamos, confundidos, con los parámetros equivocados, sin principio de autoridad, orden y liderazgo.

Para mí, es cuestión de principios, aunque asumo que, bajo los parámetros imperantes, parece que soy yo el que está equivocado.