Prohibido limitar a la nueva generación

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Por Gerardo Silva
Actualizado el 10 de junio de 2021 - 6:32 pm

Martín Lasarte aplicó sistemas de juego que pretendían proteger a los históricos, más que aprovechar las virtudes de los que vienen llegando. Una vez resultó, y en la otra no. Pero fueron muchos los que, para eso, debieron renunciar a sus características de juego y esconder sus talentos.

Por GERARDO SILVA

Permiso, tengo algo antipopular y políticamente incorrecto que decir.

Para dar el gusto y cumplir con el capricho de la gente, el técnico de nuestra selección, el señor Martín Lasarte, debe esforzarse para elegir la táctica, el sistema, el plan de juego y saber rodear muy bien a los históricos con gente que sea capaz de ir un poco más allá de su propio rendimiento; es más, muchas veces estos deben renunciar a sus propios talentos para ponerse al servicio de los requerimientos tácticos. 

Por ejemplo: en el partido debut del uruguayo a cargo de La Roja, decidió jugar con un sistema 1-4-2-3-1. Al parecer, adaptó el sistema a los futbolistas de mayor trayectoria. Esto no tiene nada de malo; por el contrario, me parece que es una medida inteligente, pero debemos advertir y considerar el enorme sacrificio que realizan los que tienen un menor peso específico. Y valorar su desempeño.  

En el partido con Argentina como visitante, el seleccionador quiso cubrir las bandas. Entiende que Mauricio Isla y Eugenio Mena ya no tienen las mismas capacidades físicas para dar respuestas a las exigencias del juego por sí solos y optó por ofrecerles una mano: ubicó a Pablo Galdames por la derecha para colaborar en el trabajo defensivo de Mauricio, y por la izquierda puso a Jean Meneses, un futbolista bastante más ofensivo que  tuvo que olvidarse de aquello para doblar la marca junto a Eugenio Mena.

No era menor el trabajo que debían realizar, ya que había que anular nada menos que a Lionel Messi y Ángel di María. Todo bien, perfecto, ¡resultó!: ganamos las bandas, sin la necesidad de que se produjera un desgaste innecesario de nuestro principal referente en el ataque como es Alexis Sánchez, quien en otras oportunidades es el que tiene que realizar este trabajo. Y con esta modificación táctica se le dio plena libertad. 

En definitiva, nuestro seleccionador leyó perfectamente bien el partido y lo sacó adelante sólo con un damnificado: el otrora Turbomán y el ahora Varguitas, que se encuentra solo deambulando a ver si agarra una pelota para convertirla en gol: no obstante, para la prensa, los históricos siguen siendo intocables, menos el segundo goleador con 38 goles. ¡Él puede salir en cualquier momento! Es más: piden que sea cambiado y, por qué no, borrado del mapa futbolero. 

Mientras tanto, a los que se van incorporando les falta mucho para ser reconocidos en el logro deportivo de conseguir un buen resultado como se hizo en Argentina. Sin ir más lejos, la mayor parte de la prensa está buscando reemplazantes justamente para éstos, que se esforzaron muchísimo por obtener un buen resultado y cumplir funciones más allá de sus propias virtudes y fortalezas. 

En el segundo encuentro, enfrentando a Bolivia ahora como local y con un dejo de soberbia, los acomodamientos fueron otros: al parecer, nuevamente vamos a ayudar a Mauricio Isla y a Eugenio Mena, pero ahora para que ataquen. Porque son “superhéroes” les vamos a formar una línea de 3 en el fondo, inédita. Nunca antes jugaron juntos, pero no importa: queremos ver cómo el “Huaso” y el “Keno” le ofrecen al equipo el volumen ofensivo que necesita, porque no hay otros para hacer ese trabajo, a pesar de tener a varios en el banco que podrían hacerlo perfectamente porque son especialistas en el ataque. Pero no: nuestro entrenador prefirió atacar con defensores y cambiar el sistema para poder hacerlo. Así les ofrecemos mejor compañía a Eduardo Vargas y a Jean Meneses, que es delantero. 

También vamos a retirar del campo de juego al señor Pablo Galdames. Total, el cuadro boliviano no parece ser tan peligroso y si lo es por el centro del ataque con Moreno Martins, supuestamente con dos jugadores de más de 1,90 lo tenemos resuelto. Esta vez no resultó: sólo fue un empate 1-1 con el equipo del altiplano. 

En la última oportunidad que fuimos al Mundial, estos puntos eran fundamentales para alcanzar la cuota necesaria y asistir a la justa máxima. Parece ser que ahora las cosas son distintas y se va a complicar más de la cuenta. Lo que me preocupa, y mucho, es que después de todo este experimento rebuscado sigamos responsabilizando al tan manoseado recambio y no seamos capaces de jubilar paulatinamente a los históricos.

¿Qué nos está faltando? ¿Qué nos pasó en el camino? ¿Cómo es que esta generación pudo acceder a representarnos y ser tan ganadora?…  ¿No fue, acaso, porque hubo un entrenador que se atrevió a ponerlos cuando todavía nadie los conocía?

Esa lección, definitivamente, no sé aprovechó. Aprendamos a respetar y a querer a los nuevos integrantes de nuestra selección y démosles oportunidades verdaderas, con las que puedan desarrollarse a plenitud, y no tengan que venir a suplir con su esfuerzo lo que le está faltando a la ya desgastada generación dorada.  Guillermo Maripán,  Jean Meneses, Galdames, Francisco Sierralta, Tomás Alarcón, Erick Pulgar  y muchos otros son los que, bien o mal, nos representarán en los próximos años, y debemos valorar su trabajo. Que cada uno juegue lo que sea capaz, que se pongan en el once titular por méritos propios y que no tengamos la necesidad de seguir acomodando situaciones tácticas para mantener viva, artificialmente, a nuestra querida generación dorada. 

En otras palabras, nuestra selección debe jugar como mejor le acomode al colectivo y no solo a algunas individualidades, por muy históricas que sean. Por favor, reinventémonos en el éxito.