La agonía de los emblemáticos
En un mundo tan competitivo y dinámico, el fútbol chileno parece entender que no se puede vivir de recuerdos sino de rendimientos. La poda de Colo Colo es un primer paso hacia el indispensable recambio generacional.
Por GERARDO SILVA
Hace mucho tiempo que no somos protagonistas de verdad en la competencia internacional: en 1991 fuimos campeones de la Copa Libertadores de América con Colo Colo y luego de 20 años, en el 2011, campeones de la Copa Sudamericana con Universidad de Chile, dos de nuestros más grandes equipos; la Universidad Católica también realizó en algún momento buenas campañas en torneos internacionales cuando participar en ellos ya era bastante más accesible.
Recordemos que la mitad de los equipos participantes en el torneo local acceden a la competencia internacional exclusivamente por razones económicas, y no por el nivel competitivo.
Antiguamente, nos representaban el campeón y el subcampeón. Para que nuestro torneo tuviera atractivo, el campeón accedía directamente, y armábamos una liguilla cuyo ganador lo acompañaba en la Copa Libertadores de América. Bueno, las cosas han cambiado y es así cómo equipos de menor jerarquía han hecho campañas llamativas en los torneos mencionados. Para muestra, un botón: Coquimbo Unido llegó a semifinales de una cita continental.
En todo caso, son situaciones aisladas, pues la poca figuración en este tipo de competencias tiene directa relación con el bajo nivel competitivo que tenemos a nivel local. Y esto, a su vez, con el pensamiento de asumir el menor riesgo económico posible por parte de los dueños de los clubes nacionales. Agreguemos a esto el intento de complacer a la hinchada manteniendo en su plantel a futbolistas que terminan su proceso jugando solamente con el nombre, longevos, con ausencia absoluta de rendimiento deportivo.
Hoy observamos cómo algunas instituciones ya empiezan a entender que el futbolista tiene una vida útil determinada y que ésta no se puede prolongar artificialmente. Se empieza a dejar de lado a los principales ídolos mientras el hincha se manifiesta porque la memoria no les permite entender que el ciclo ya terminó. Nos enfrentamos de este modo a una situación compleja porque, producto de lo mismo, no se observa recambio en los clubes; tanto es así, que apenas aparece un futbolista con condiciones que marque alguna diferencia inmediatamente lo empezamos a elevar a condiciones de ídolo, como es el caso del chico Solari en Colo Colo.
Esto sucede porque los procesos de recambio en cada una de las instituciones de nuestro país no se dan de manera natural. Muchos futbolistas se pierden en el intento de formar parte del primer equipo justamente en ese período en que no pudieron participar porque jugadores ya desgastados y sin rendimiento mantenían de manera artificial un puesto de titular en sus equipos.
La salida de jugadores emblemáticos de los clubes más importantes de nuestro fútbol genera controversia, porque las sociedades anónimas ya no quieren mantener jugadores que por su trayectoria encarecen su planilla y que por rendimiento la empobrecen. El hincha les acusa de maltrato y quisiera que sus ídolos siguieran jugando.
Creo que llegó el momento de que todos empecemos a entender que el fútbol en todo el mundo es presente y nada más que rendimiento. Se acabó la vida útil del futbolista y de acuerdo a su comportamiento en su carrera deportiva mantendrá en el corazón del hincha su condición de ídolo por siempre.
Estoy de acuerdo con las decisiones que están adoptando los clubes de nuestro fútbol. Estoy convencido que de esta manera, en la medida de lo posible y paulatinamente, ahora sí se empezará a notar el tan ansiado recambio generacional que venimos buscando desde hace mucho tiempo pero de manera equivocada. Finalmente aparecerá el recambio natural en cada una de las instituciones de nuestro fútbol, y también observaremos con alegría y optimismo un recambio generacional en nuestra también desgastada Selección.
