Columna de Ignacio Figueroa: Misantropía… filantropía y licantropía

Las tres categorías de análisis del sentimiento humano que utilizamos: la misantropía, la filantropía y la licantropía están conectadas entre sí por hilos conductores que a través de la historia muestran las formas de condicionamiento a que son sometidas las personas.

Imagen del autor

Por Ignacio Figueroa
Actualizado el 9 de abril de 2026 - 4:52 pm

Donald TRump es el ejemplo más claro de licantropía / Foto: ARCHIVO

En la humanidad existe una serie de formas que adquieren los sentimientos hacia las personas o la sociedad, cada una de ellas signadas por consecuencias claramente preestablecidas, podríamos conjeturar que son pre ideológicas, lo que a posteriori se concretaron en ideas o tendencias.

Son producciones mentales y morales que llevan a situarse en un lugar determinado para entender a la especie humana.

En un mundo lleno de amenazas en donde el caos de la guerra permanente se instala en el más alto eslabón del liderazgo de la nación hegemónica, la clasificación de los sentimientos humanos se convierte en importante referencia para la comprensión de los fenómenos políticos.

La actuación grotesca de Donald Trump al empujar hacia la guerra total muestra con claridad que el fascismo no es inocuo, se convierte en una carga para todos en el planeta. No solamente la amenaza del armagedón nuclear, sino que, la ruina económica de los pueblos.

No pueden existir condenas a medias, la actuación gansteril del presidente de los Estados Unidos y la sionista Israel, son de máximo riesgo, solamente comparable a lo ocurrido con el nacionalsocialismo durante la Segunda Guerra Mundial.

La postura de un nuevo imperialismo recargado, donde se deja de lado cualquier consideración humana, es lo suficientemente explícita para unir a todas las personas, evidenciando que los proyectos ultraderechistas llevan al desastre.

Los seguidores de esta corriente muestran signos palpables de un odio preternatural contra sus semejantes.

Es una condición esencial el dejarles en minoría, rompiendo sus políticas hegemónicas que corrompen a la democracia, mostrar las conexiones entre ellos alrededor del mundo tanto como el aprovechamiento que hacen de las más bajas pasiones humanas.

Las tres categorías de análisis del sentimiento humano que utilizamos: la misantropía, la filantropía y la licantropía están conectadas entre sí por hilos conductores que a través de la historia muestran las formas de condicionamiento a que son sometidas las personas.

La división más clara entre estas formaciones mentales está dada por el humanismo, las tendencias que separan a los individuos de la especie entre quienes buscan beneficiar la condición humana; quienes creen que ha sido hecha para altos cometidos, donde anidan la esperanza de un mundo mejor, más igualitario, versus quienes creen que las reales interrelaciones están dadas por el egoísmo o la codicia.

El desenmascaramiento que hace el imperio al dejar de lado las aparentes condiciones humanitarias – con todo lo brutal que puede ser-, tiene un lado positivo, al dividir a la especie en categorías fácilmente reconocibles.

Quienes apoyan las medidas imperialistas forman parte del lado más oscuro de la humanidad.

Quedan flancos abiertos para la comprensión e interés de cualquier persona sobre los asuntos geopolíticos, que, por lo general, son trivializados por los medios de comunicación corporativos. Estos buscan que las personas solamente se conmuevan por la coyuntura que les afecta en sus bolsillos, dejando de lado las circunstancias morales, consustanciales al género humano.

Misantropía

Éste es el universo de los poetas. Un mundo de individualismo contra la opresión que se odia a sí mismo y desprecia a la humanidad por su corrupción y por sus innúmeros crímenes. Se reconocen como parte de una especie miserable, en un aborto de lo posible. Es una condición de sufrimiento y melancolía interior que conflictúa a quienes la padecen.

La misantropía oculta un enorme amor por la humanidad, pero, por la búsqueda de una especie liberada de su carga de podredumbre. Un anhelo porque la justicia sea el faro de la política y de la vida individual de las personas.

No se puede incluir en esta categoría a los delincuentes, los abusadores, los fascistas o dictadores, ya que estos, como veremos más adelante, son personas que en su psicopatía buscan el aprovechamiento de sus semejantes.

Poetas malditos como Charles Baudelaire o Isidore Ducasse (El Conde de Lautréamont), son dignos representantes de estos inconformistas; personas que buscan alcanzar lo imposible azuzando contra la banalidad del mal. La utopía es su norte, lograr la realización del ideal; la perfección, su meta.

Filantropía

Según la definición se trata de personas que buscan hacer el bien a los demás; son comprometidos con mejorar la vida de los otros. Lo central es el humanismo como la alta cota del destino humano. Las ideologías de izquierda, especialmente el marxismo, están al centro de la filantropía, generando un compromiso con la especie humana para mejorar al mundo.

La filantropía ha sido usada por la religión, generalmente como forma de manipulación de las poblaciones. Especialmente, con el cristianismo como base moral del capitalismo.

La consideración más elevada de la humanidad sólo puede ser anticlasista y antirracista; en estos tiempos, antitecnológica.

Licantropía

La esencial forma de comportamiento depredador que presentan los humanos. Buscan servirse de los otros convirtiéndose en el lobo del hombre. El capitalismo en su forma más brutal del imperialismo contra las naciones y del neoliberalismo en la política interna, como extremo de explotación de los pueblos.

La política racista llevada adelante por el sionismo israelí en conjunto con la extrema violencia física y moral de Donald Trump, donde las poblaciones y sus culturas son solamente peones que pueden coaccionar, utilizarse para fines económicos (cosificación) y despreciar su moralidad.

Lo vemos en el intento de asfixiar y hambrear a todo el pueblo cubano o los bombardeos a una escuela de niñas y la infraestructura civil de Irán. Cuando la ambición de la tiranía se lleva a extremos, las formas del hombre lobo se hacen esenciales como totalitarismo moral. Todo se reduce a la utilidad, al cálculo de la ganancia.

La sumisión de los individuos y las poblaciones es necesaria para que se consuma la energía vital de estos, en el extremo actual de abusos, literalmente se alimenta de la carne de los menos favorecidos, son antropófagos.

La psicopatía del emperador no conoce límites a sus dictados, viviendo en una euforia permanente de dominio. Quien tiene el poder total, lo usa sin escrúpulos en un vacío total de sanos sentimientos, solamente conoce el desenfreno del odio y el utilitarismo de lo humano.

La derrota propinada por Irán al Imperio es un freno radical contra la licantropía de Donald Trump. Después de toda la violencia, las injusticias, engaños y genocidio, el gran dictador queda como un charlatán debilitado, políticamente preparado para la defenestración por los incontables enemigos que cosechó en su propio país.

China, bajo el liderazgo de Xi Jinping, se alza como el gran ganador de la batalla sin disparar un tiro, apelando a la diplomacia como arma anti licantrópica, usando la bala de plata que mata al lobo hombre, oponiéndose al gran dictador al “dejarlo cometer sus errores sin interrumpirlo”.

El hombre es diferente a un perro o un cerdo… Si a estos les das un hueso, lo comerán… Si se lo das a un hombre, hará una aguja, una escultura o un puñal… trabajará para rebelarse a través de las ideas o de la violencia si fuese necesario.