Columna de José Antonio Lizana: Cuando hablar es lo más fácil

Defiendo a Cristian Garin incluso en la derrota, y no desde la condescendencia, sino desde la memoria, esa que tanto le falta al opinólogo de turno.

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Por José Antonio Lizana
Actualizado el 8 de abril de 2026 - 10:45 pm

A pesar de la derrota, Garin subirá al puesto 82º del ranking mundial / Foto: ARCHIVO

Sí, Cristian Garin tuvo el partido ante Alexander Zverev. Sí, se le escapó. Pero reducir todo a ese momento es no entender nada. El tenista chileno está intentando reconstruirse después de un golpe personal durísimo, y pretender que compita como si nada es, derechamente, inhumano.

Aun así, dio la cara en la Copa Davis, volvió a mostrar señales de vida en el ATP de Santiago y en el Masters de Montecarlo arrancó con dignidad. Pero claro, eso no vende tanto como destrozarlo en redes.

A muchos se les olvida o prefieren omitir, que al frente estaba el número 3 del mundo, un jugador que, cuando el partido quema, responde con oficio y categoría. No cualquiera te cierra un partido así.

Garin y Zverev partieron prácticamente juntos. En 2013, el chileno le ganó la final juvenil de Roland Garros. Ahí estaba el talento, intacto y evidente. Entonces, ¿qué pasó después? ¿Qué ocurre en Chile entre los 17 y los 20 años que sistemáticamente frena o derechamente diluye carreras prometedoras? ¿Cómo se forma un tenista en Alemania y cómo se “forma” en Chile?

La pregunta de fondo no es si Garin pudo ser top ten, la pregunta es por qué un país entero parece incapaz de sostener a sus talentos, cuando dejan de ser promesas y necesitan estructura real.

¿Había talento? Sí, de sobra. ¿Hubo sistema? Ahí es donde el silencio se vuelve ensordecedor.

Entonces, basta de apuntar al jugador. ¿De verdad el problema es Garin? ¿O es una estructura que abandona, improvisa y después exige resultados como si hubiera hecho bien la pega?

Y otra cosa ¿quiénes son los que disparan con tanta facilidad? ¿Hinchas reales, o perfiles anónimos que viven del castigo rápido y la memoria corta? Porque criticar desde una cuenta falsa o de un perfil sin foto no es análisis, es cobardía digital.

¿Somos un país deportivo o sólo nos gusta ver ganar? ¿Somos o no somos?