Columna de Ignacio Figueroa: A la hora señalada
Los errores del comando de Jeannette Jara no están tanto en la campaña, sino en una estructura política basada solamente en criterios electorales. La pregunta obvia es ¿cómo se puede corregir una estructura que lleva años en solamente algunas semanas?
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales siguieron la lógica instalada de la confrontación entre dos opciones en las antípodas del sistema político: Jeannette Jara por el progresismo versus José Antonio Kast por el regresismo.
Si bien el porcentaje obtenido por Jara pone una alta cota de parálisis, dudas y pesimismo, debería marcar la hora señalada. ¿Cómo? Confrontando directamente la amenaza de la ultraderecha, pasando a la ofensiva de forma decidida y permanente.
La izquierda históricamente basó su fuerza de representación política en ser parte integral de la vida de los trabajadores. Más aún, ser el corazón y la mente de estos en sindicatos, juntas de vecinos, comedores populares, marchas de protesta o centros educacionales.
Desde hace unos años la izquierda renunció a ser parte de esta simbiosis entre clase trabajadora y dirigencia política. Se convirtió en una cara más de la élite, causando un doble rechazo. Por un lado, el desprecio popular contra la clase política. Y, por el otro, por la sensación de que existe un uso de los trabajadores como capital político solamente cuando hay elecciones.
Pueblo abandonado
La elitización de la izquierda deja la idea de que lo único importante son los cargos obtenidos en elecciones, pues otorgan poder y dinero. La profesionalización de la política partidaria es un factor de desintegración, creando las condiciones para la separación de la representación de los trabajadores.
La izquierda cayó en la trampa del sistema liberal democrático. Y apostó todos sus esfuerzos por la política electoral, dejando descuidada la iniciativa por crear poder desde las poblaciones.
La lucha de clases ni siquiera es nombrada por la izquierda como una condición inherente al conflicto dialéctico de lo social en la política, avergonzándose de siquiera mencionar su existencia. Mientras, la ultraderecha utiliza el concepto para sus propios fines hegemónicos.
Las consecuencias del cisma entre partidos y pueblo son variadas:
-Hay una crisis de representación que afecta a todo el sistema político.
-Falta de educación política para las clases populares, que caen en manos de candidatos populistas y sus “ofertones”.
-Crear las condiciones para que la ultraderecha se muestre como el verdadero representante de las aspiraciones y esperanzas del pueblo.
Guerra de bots
Aparte, el sistema democrático liberal hace que la izquierda tenga que jugar en la cancha de los intereses corporativos y su poder dentro de la sociedad. La falta de medios de comunicación propios con audiencias significativas crea una dependencia absoluta de los medios de las corporaciones. Estos pueden tener tratamientos positivos para las candidaturas de izquierda, pero, en la suma total de los elementos semióticos, representan intereses que les son afines.
Marshall McLuhan, teórico canadiense de la comunicación, lanzó en 1964 la tesis de que “el medio es el mensaje”. Con esto destacaba cómo la tecnología es capaz de alterar la percepción de la realidad de las audiencias. La carencia de medios propios por parte de la izquierda nos hace parafrasear a McLuhan: “Sin medios no hay mensaje”.
La construcción de la campaña de la izquierda se tuvo que basar en las redes sociales. Pero también en estas la fuerza del dinero y la falta de escrúpulos a la hora de agredir de la ultraderecha es determinante. Tal como se demostró con los escándalos de sus militantes detrás de los bots que atacaron a Matthei y a Jara.
Carga de autoritarismo
La campaña en redes sociales de la ultraderecha estuvo marcada por el anticomunismo. Mostró uno de los elementos más característicos del fascismo: su odio visceral contra la izquierda. Como Pinochet, calificó de “comunista” a cualquier opositor, aun cuando la candidatura de Jara se manejó en los márgenes de la socialdemocracia.
Como hemos visto, los errores del comando de Jara no están tanto en la campaña en sí misma, sino que en una estructura política basada en solamente criterios electorales. La pregunta obvia es ¿cómo se puede corregir una estructura que lleva años en solamente algunas semanas antes del balotaje?
Las posibilidades de rectificación estructural en un lapso tan corto son imposibles, pues depende de una cultura política que se construye por años. Sin embargo, en el marco de la propia campaña se pueden corregir aspectos que dependieron de decisiones electorales del comando.
Se debe crear una condición emocional en los electores, que apele a la construcción de un proyecto común. Debe incidir en recuperar las banderas de la esperanza en una patria mejor y más equitativa. Los mensajes deben influir en la construcción de una épica simbólica sobre lo crucial de la derrota del fascismo en una lucha mundial mayor por salvar la democracia en contra de políticas ultraderechistas con su carga autoritaria.
Disputas abiertas
A diferencia de la primera vuelta (donde se hizo tangencialmente) la confrontación en esta hora señalada pasa por enfrentar a la ultraderecha como regresiva. Regresiva de derechos sociales ya adquiridos. Se tiene que hacer hincapié en que cualquier persona puede ser blanco de la arbitrariedad que promueve Kast con su mano dura.
También mostrar las similitudes ideológicas o anti ideológicas y los afectos de Kast y de sus seguidores con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. A este personaje la propia prensa chilena mainstream suele tratar con sus características burdas. Le ha cuestionado su política arancelaria, su trato a la prensa o su actuación en los archivos Epstein.
Además, fortalecer la propuesta del ingreso ético de 750 mil pesos hecho por Jeanette Jara. Explicitar los mecanismos de su realización presupuestaria, pero, preferentemente, el cómo llegará a los ciudadanos.
Demostrar la falta de equipos preparados de Kast que lo hacen dependiente de los cuadros burocráticos de Chile Vamos, donde existen disputas abiertas entre las derechas por la hegemonía en comparación a la unidad de la centroizquierda.
La izquierda de los ciudadanos
Hacer notar las fallas en gobernabilidad que tendrá el gobierno de la ultraderecha cuando intente una política de austeridad que afectará a los más vulnerables. Y mientras personeros de Republicanos son parte de una red de corrupción (caso del diputado Araya en la trama Bielorrusa).
En materia de seguridad, reforzar la propuesta de Jara de perseguir la ruta del dinero en la lucha contra el crimen organizado. Y hacer notar la oposición histórica de la derecha al proyecto.
El balotaje se ve difícil para la izquierda. Pero es una elección nueva, donde se debe recuperar el optimismo histórico por el triunfo de los trabajadores. Donde un mundo mejor es posible, que siente las bases de una corrección futura de los problemas estructurales en la representación de la izquierda de los ciudadanos.
