Los Bunkers y su poder acústico: una celebración de raíces y memoria

La banda penquista repletó el Movistar Arena con un unplugged que repasó 25 años de historia, entre homenajes, reinterpretaciones y una conexión genuina con su público.

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Por El Ágora
Actualizado el 9 de noviembre de 2025 - 1:17 pm

Los Bunkers repletaron el Movistar Arena / Foto: GENTILEZA

Es impresionante ser testigo de la evolución de Los Bunkers desde su debut radial hace 25 años hasta lo que convocan hoy en términos de público en recintos como el Movistar Arena. La jornada de sábado demandaba un lleno total, con tickets agotados y una euforia que predisponía una excelente atmósfera para el éxito del show.

Apenas se ilumina el escenario y se aprecia la ambientación —con costales de arpillera inspirados en la obra de Violeta Parra—, te conecta inmediatamente con las influencias que provienen de la música folclórica de Los Bunkers. Es realmente una fotografía nítida de ese Chile antiguo, analógico, donde las raíces de la Nueva Canción están tremendamente presentes en la actualidad.

Un inicio potente y sin tregua

Considerando que se trata de un show unplugged, la partida es potente con “Miéntele”, luciéndose sobre todo el ensamble femenino de la banda. Cancamusa dándolo todo en la batería, y la mexicana Carmen Ruiz haciendo sobresalir sus facultades musicales en el acordeón. El grupo no da tregua y prosigue la energía de manera inmediata con “Yo sembré mis penas de amor en tu jardín”, que nos traslada a las melodías beatlemaníacas que evocan su primer disco.

“Las cosas que dejé y cambié por ti” está trabajada de manera alucinante en términos más acústicos. El theremin de Martín Benavides le otorga una belleza inusitada al tema. “Bajo los árboles” y “Calles de Talcahuano” nos trasladan a “Noviembre”, el último disco de la banda. En cambio, “El necio” nos hace viajar hasta la obra de Silvio Rodríguez.

Recuerdos del TIM y la presencia de Madinagoitia

“La exiliada del sur”, sin embargo, nos recuerda los primeros tiempos de los músicos en el TIM, el mítico Taller de Música del Salesiano de Concepción que Francis Durán menciona en el concierto, y donde junto a Álvaro López y Gregorio Madinagoitia hicieron sus primeras armas musicales con canciones del repertorio popular antes de saltar a la música pop rock.

Madinagoitia, músico invitado a la gira y de profesión profesor, se acopla muy bien a la dinámica musical del conjunto. Con el charango les otorga una particular interpretación a las canciones y sobresale con sus grandes condiciones artísticas, ampliando el rol del clásico docente y dejando en claro que no solo se limita a estar en una sala de clases, sino que también puede desarrollar roles versátiles que amplíen sus capacidades profesionales.

Una sorpresa que se volvió parte del viaje

“Cuando me invitaron a tocar, fue muy inesperado para mí. Una sorpresa. Ahora con el tiempo, con la gira y las tocatas, ya uno va sintiendo el proceso como parte de uno y se siente más compenetrado en el proyecto. La vivencia es muy placentera, porque Los Bunkers son músicos tan buenos que es un deleite cada vez tocar con ellos en un concierto. Donde también cada uno va poniendo de su cosecha y el show va creciendo y consolidando cada vez más. Es muy bonito todo eso”, cuenta Madinagoitia.

“Con el transcurrir de la gira agregamos algunos temas al repertorio acústico, como ‘Ángel para un final’, que no cambiaron tanto en términos estructurales ni del ritmo, pero sí en su timbre sonoro. Es como un redescubrimiento finalmente de las canciones. Siempre vamos tratando de innovar dentro de lo que se puede, para hacer el show mucho más fresco”, agrega el profesor.

Versiones, homenajes y guiños al pasado

El concierto avanza con versiones de “Fantasías animadas de ayer y hoy” y “Entre mis brazos”, que nos llevan nuevamente a la magia del disco homónimo de Los Bunkers, donde las influencias del rock clásico y los acordes de la Nueva Canción Chilena se entremezclan furtivamente.

“Let ‘Em In”, interpretada de manera magistral, llama al legado de los Wings a escena, y la participación del grupo de cámara Cuarteto Austral le da un matiz especial a las versiones acústicas de Los Bunkers, especialmente en “Llueve sobre la ciudad”, donde Francisco Durán interpreta la canción a capella, acompañado sólo por el grupo de cuerdas.

Cierre a lo grande

“El hombre es un continente” marca su debut en este formato, y el concierto avanza con interpretaciones llenas de energía, como las versiones de Silvio Rodríguez (“Quién fuera” y “Ángel para un final”), y “La velocidad de la luz” y “Una nube cuelga sobre mí”, donde Mauricio Durán pide la participación de los niños mientras Álvaro López sostiene un muñeco de 31 Minutos en escena.

“Quiero dormir cansado” le otorga ese matiz de teatralidad y dramatismo al concierto, y “No me hables de sufrir”, probablemente uno de los temas más bellos de la carrera de Los Bunkers, se impone categóricamente por su calidad, llevándonos de vuelta al disco “La Culpa”. Luego, “Nada nuevo bajo el sol” y “Miño” cierran la primera parte del concierto.

Encore y despedida

El encore llega con la versión cumbiera de “Ven aquí”, donde se luce nuevamente el acordeón de Carmen Ruiz, seguida por una versión más cercana a la original de “Llueve sobre la ciudad”, que se repite en el repertorio, y el cierre con “Bailando solo”, donde destacan los arreglos con instrumentos andinos de Víctor Contreras y Sergio Ramírez.

“Heart of Glass”, la canción de Blondie reinterpretada por Ruiz, marca el final de un show que brilla por su puesta en escena y la calidad musical de una banda que, a estas alturas, junto a La Ley, Los Tres y Los Prisioneros, está en lo más alto del pedestal de la historia de la música popular chilena.

Casi treinta canciones en total, desplegadas en tres horas de concierto que confirman el momento consagratorio de Los Bunkers.