Columna de ReneX: El mito del Estado obeso
Si el Estado chileno fuese una empresa, sería una de las que opera con menos personal por unidad de producción. Y, paradójicamente, es una de las más demandadas y más eficientes.
Mucho se discute en Chile sobre el tamaño del Estado, casi siempre más como recurso electoral que como un debate serio. Con cada campaña presidencial aparece el mismo mantra: “Achicar el Estado”. Una frase breve, pegajosa, que promete ahorro, menos impuestos y, por arte de magia, más dinero en el bolsillo de los trabajadores. Populismo en estado puro: simple en la consigna, imposible en la práctica.
Los datos son claros. Chile tiene uno de los Estados más pequeños del mundo considerando su PIB y población. Apenas 930 mil personas trabajan en el aparato estatal, lo que equivale a un 9% de la fuerza laboral formal. Para ponerlo en contexto: el promedio de la OCDE bordea el 18%, y en países de la región como Argentina o Brasil la cifra supera con holgura el 15%.
Dicho de otra manera: si el Estado chileno fuese una empresa, sería una de las que opera con menos personal por unidad de producción. Y, paradójicamente, es una de las más demandadas y más eficientes.
Obras necesarias
El gasto público en Chile alcanza el 24% del PIB. Nuevamente una cifra muy por debajo del promedio OCDE (40%) y en niveles similares a países africanos que están lejos de lo alcanzado por Chile a nivel institucional y desarrollo. Ese 24% sostiene fuerzas armadas, de orden y seguridad, hospitales, consultorios, colegios, universidades estatales, 345 municipios, ministerios, programas sociales y subsidios. Y además financia infraestructura pública que, en comparación regional, es la más moderna y eficiente.
¿De dónde, entonces, se recortaría el 15% que alegremente prometen los candidatos de derecha?
Veamos. La seguridad no es opción: todos coinciden en que requiere más policías, no menos. En salud, donde las listas de espera superan el millón de atenciones, reducir personal sería un suicidio político y social. En educación, un país que aspira a desarrollarse no puede darse el lujo de despedir profesores: necesita más y mejores. ¿Obra pública? Sería la única vía que queda, y equivale a decirle a los electores que acepten menos carreteras, menos nuevos hospitales y menos viviendas sociales entre otras variadas obras necesarias.
Engaño o ignorancia
Quedan, por tanto, los 345 municipios. En Chile, sólo el 29% del gasto municipal corresponde a gestión interna (sueldos y operación). El resto de dicho gasto municipal es salud (44%) y educación (27%). O sea, el margen real de “adelgazamiento” sería de alrededor de 115 mil a 120 mil personas de los municipios. Pero gran parte trabaja a honorarios, lo que es bastante menor que ese 15% de empleados públicos que se promete eliminar.
Entonces, para cumplir la promesa, cada municipio debería quedarse con suerte con el alcalde de turno y nada más.
Es decir, pasar de ventanilla única a ventanilla vacía, lo que a todas luces es un absurdo… Dos cosas: o los candidatos lo saben, y sería grave por el nivel de engaño que incluyen, o lo desconocen, y eso sería igual de grave, por la ignorancia que evidencia.
Populismo barato
Lo interesante es que estos candidatos nunca dicen dónde está la tijera ni cuánto ahorro real representaría. Prefieren la ambigüedad: que el ciudadano imagine recortes mágicos a burócratas invisibles, no a la enfermera que atiende en la posta ni al profesor que enseña en la escuela pública a sus hijos ni al funcionario municipal que tramita subsidios o el inspector de seguridad que vigila la manzana. Pero la aritmética es implacable: reducir el Estado en Chile en la magnitud prometida solamente puede hacerse a costa de empeorar servicios esenciales o frenar la inversión pública.
El discurso del “Estado obeso” suena bien. Pero la realidad muestra un Estado más bien anémico, que hace malabares para sostener servicios con una dotación reducida. La promesa de adelgazarlo aún más no es eficacia, es populismo barato. Una dieta que, aplicada en serio, no dejaría a Chile más liviano, sino desnutrido.
En Chile, la cuestión de fondo no es el tamaño del estado, sino su eficiencia, y eso es otra cosa.
