Serie Música del Exilio: El disco de Juan Pueblo que desafió a la dictadura (I)
En 1978 el sello español Movieplay editó este álbum con ocho temas atribuidos genéricamente al pueblo chileno para proteger la identidad de su real autor, que vivía dentro del país y que estuvo encarcelado después del Golpe. Su historia contada en dos capítulos.
Manuel Guerrero Ceballos quedó atónito.
Corría 1977 y desde la casetera del automóvil en el que acompañaba a un camarada chileno en una carretera de la República Federal Alemana emergían canciones contra la dictadura. Emocionado, tardó sólo segundos en concluir que eran aquellas a las que se les había perdido el rastro hacía al menos un año y que eran parte de un ambicioso proyecto cultural de las Juventudes Comunistas chilenas.
Las canciones contenían estrofas denunciantes que a instancia de la directiva juvenil comunista -de la cual Guerrero era uno de los máximos líderes- otro compañero había grabado artesanalmente en un casete poco después del golpe militar.
Ese viaje en automóvil junto con el militante exiliado que guardaba esa grabación desde hacía meses -aparentemente sin ninguna otra intención que no fuera el escucharla de vez en cuando – fue una casualidad que libró del ostracismo musical a un disco singular del exilio musical chileno.
Titulado “Desde Chile resistimos, volumen 1”, fue editado en 1978 por el sello español Movieplay (reeditado posteriormente por el sello ecuatoriano Teen International) y durante la dictadura se le conoció en Chile en casetes clandestinos, cuyo arte gráfico fotocopiado permitía a los oyentes conocer los nombres de los ocho temas, pero no la identidad real del compositor, puesto que todas las autorías fueron adjudicadas genéricamente a Juan Pueblo.
Esa intencionalidad protectora fue reforzada en la presentación general del disco, cuyo proyecto fue llevado a cabo con secretismo máximo dado el riesgo de vida que implicaba.
Una explicación oportuna
Así, en la contraportada, un texto firmado por Antonio Gómez, director de la serie Gong de Movieplay y productor ejecutivo del disco, explica que “los artistas chilenos en el exilio, obligados a vivir fuera de su patria, pero entrañablemente ligados a ella por el anhelo común de la libertad, son los intérpretes insustituibles – únicos capacitados, por otro lado – para dar vida discográfica a estas canciones que, en el interior de Chile, han sido compuestas por el pueblo, como testimonio irrevocable en sus luchas cotidianas, del dolor de las cárceles y los muertos, de la soledad del reprimido o del torturado, y sobre todo de su amor a la vida”.
Pero ese pueblo anónimo tenía nombre y apellido: el de un entonces joven cantautor conocido durante la Unidad Popular por haber creado un himno de la canción social chilena: “Nuestro cobre”.

Detención y sobrevivencia
Eduardo Yáñez Betancourt (Campanario, Chillán, 18 de octubre de 1947) era un respetado y apreciado militante de las Juventudes Comunistas que se radicó en Santiago junto a su numerosa familia, en la que había también otros militantes de izquierda y artistas, como sus hermanos Fernando y Pedro, reconocidos cultores del canto campesino, siendo también el segundo uno de los fundadores del grupo Inti Illimani.
La autoría de “Nuestro cobre” lo había hecho conocido en el ámbito de la Nueva Canción Chilena (NCCh), pero estaba lejos del renombre de otros músicos ya consagrados como Víctor Jara, Patricio Manns, Rolando Alarcón e Isabel y Ángel Parra.
Fue ese cuasi anonimato artístico el que le permitió sobrevivir después del Golpe. Detenido el mismo 11 de septiembre en un departamento del barrio República, en el centro de Santiago junto a otros tres militantes de las JJCC, su tránsito entre el Regimiento Buin, el Estadio Chile (“donde alcancé a ver y conversar con Víctor Jara”) y el Estadio Nacional, donde fue duramente maltratado, terminó el 24 de octubre cuando fue puesto en libertad sin que los militares supieran su autoría de “Nuestro cobre”.
Luego de volver por un tiempo a su natal Campanario para recuperar el ánimo, retomó contacto partidario en Concepción y a inicios de 1975 regresó a Santiago.
Fue en la capital donde se gestó la idea que cuajaría tres años después en el disco.
Eduardo Yáñez recuerda: “Manuel Guerrero era uno de los varios compañeros que ‘me atendía’ en la Jota, fuimos muy amigos, y me contó que un compañero iba a salir de Chile hacia Europa y la dirección de la Jota, a través de Alberto Ríos -último presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Técnica-, quería saber si yo podía entregar un casete con canciones anti dictadura, que acá no se podían cantar, y sería muy bueno que este compañero las llevara para difundirlas allá”.
El cantautor aceptó la petición y habló con su hermano Pedro: “Me acuerdo que se lo conté al Pedro y él, muy cerebral, me dijo: ‘Sí, pero no tenís que grabarlo solo porque pueden reconocer tu voz, así es que tenís que juntar unos cuatro o cinco y cantar todas las canciones entre todos. Entonces, así no se va a reconocer ninguna voz”.
Eduardo contó entonces con la ayuda de un amigo que durante la Unidad Popular integró Los pasos rojos, dúo intérprete de “Nuestro cobre”, que en 1971 ganó el festival de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh).
Él era Rodrigo Cifuentes Seves, primo del vocalista de Inti Illimani José Seves. Ingeniero, cantante y compositor, después del golpe fue el autor del tema “Andar”, grabado en 1984 por el grupo Ortiga.
El casete fue grabado en el hogar de Cifuentes, en la Villa Olímpica, un barrio de edificios en la comuna de Ñuñoa. Yáñez recuerda que “ensayamos las ocho canciones que quedaron en el disco, si es que no fueron más, creo que diez, eso nos llevó dos o tres meses, no recuerdo cuánto tiempo teníamos para entregarlas”.
No hubo partituras, sólo el sonido grabado en el casete. Como recuerda también Cifuentes, “primero Eduardo me cantó las canciones para que me las aprendiera, luego, a solas, me las aprendí, y sólo después de eso volvimos a juntarnos varias veces para empezar a grabar en una radio casete de Eduardo y con una sola guitarra que tocábamos alternadamente”.

¿Cómo salió de Chile?
El casete fue uno de los recursos usados en dictadura para vincular a los chilenos del interior y de la diáspora. Así se intercambiaron relatos familiares, se enviaron mensajes políticos o se compartieron creaciones musicales que mantuvieron actualizada la producción que ya decantaba en el Canto Nuevo y la Canción del Exilio.
El casete de Yáñez fue sacado al exterior por Otto Eichin, alto funcionario de la Universidad de Chile y a la vez dirigente nacional comunista, que viajaría de forma legal a Europa.
En la historia de este disco teñida de misterio surge otro colaborador: el guitarrista clásico y militante comunista Eulogio Dávalos, que, cada vez más asediado por la dictadura, se exilió en España, radicándose hasta hoy en Barcelona.
Yáñez cuenta que “muchos años más tarde, en un reencuentro entre ambos, Eulogio Dávalos me recordó que yo le había pasado a él el casete, y cuando él se fue lo entregó afuera”.
En el aún no publicado libro “No me acuerdo bien”, del periodista e investigador Manuel Vilches, que relata la vida de Yáñez, el cantautor concluye que el casete “salió de dos maneras: con Eulogio Dávalos, creo que en el viaje que hizo cuando se fue de Chile, y por Eichin también”.
Recientemente, a través de un familiar que lo acompaña en Barcelona, Dávalos -ahora de 81 años- ratificó su gestión de hace ya casi cinco décadas y explicó que hizo varias copias del casete que repartió entre conocidos para ponerlo a buen recaudo.
Cambio de letras
Una decisión difícil de comprender hoy, pero entendible en esa época, es que Yáñez adoptó otra precaución. Como él lo explica en el libro de Vilches, las letras más comprometedoras no fueron cantadas sino que escritas en hojas anexas y cambiadas por otras menos duras, indicándose en qué parte deberían ser repuestas en las grabaciones definitivas.
“Como había frases muy decidoras sobre la Junta Militar, para que no tuviera problemas quien iba con las letras, le cambié cosas, no se decía lo que realmente escribí, sino una frase más suave, y en una hoja iba escrita la frase real”.
Un ejemplo concreto es la estrofa del tema “No me has querido decir”, que el autor del libro le propone como ejemplo:
Manuel Vilches: “Esta banda de asesinos tiene los días contados” no era muy aconsejable…
Eduardo Yañez: Claro, en la cinta cantábamos “esta manga de afligidos estaban muy resfriados y en otro papelito, más chiquitito y secreto…
MV: “Fe de erratas, donde dice… debe decir…”
EY: “Exacto. En otra hoja salía lo que en verdad quería decir. Fue gracioso hacerlo”.
(Continuará)
