Serie Mundial Qatar 2022, capítulo 1: el Scratch quiere romper 20 años de sequía
La supremacía europea en los últimos cuatro mundiales y la pérdida de la última Copa América frente a su archirrival ha empalidecido la imagen de Brasil. Pero el equipo de Tite confía en sus numerosas estrellas para salir de perdedores en Qatar.
Por JOSÉ ROGGERO / Foto: SPORT
Corea-Japón 2002 fue su último grito de campeón. Después, sólo decepciones a lo largo de dos décadas que lo acabaron sacando del pináculo.
Pero esta vez el gigante dormido cree estar listo para recuperar su sitial y calzarse su sexta corona para despegarse de Italia y Alemania que ya le respiran en la nuca con sus cuatro títulos.
Es la esperanza de siempre que embarga a Brasil y que en los últimos cuatro mundiales se estrelló contra la realidad implacable del crecimiento arrollador del fútbol europeo. Esta vez los sueños se afincan en un plantel pródigo en calidad individual en todas sus líneas. Una quincena de sus seleccionados alinea en los mejores clubes de la Premier League, y otros militan en gigantes como el Real Madrid, Barcelona, el PSG y la Juventus.
El arco está muy bien protegido gracias a Alison y a Ederson, titulares inamovibles en el Liverpool y el Manchester City.
En el centro de la zaga resaltan Eder Militao, del Real Madrid, y Marquinhos, del PSG. A sus espaldas, como un primer suplente de lujo está el veterano Thiago Silva, que sigue demostrando su calidad, ahora en el Chelsea.
En los laterales hay menos brillo. Por eso sigue teniendo opciones el veterano Dani Alves (39), hoy viviendo sus últimos días activo en el fútbol mexicano. Es posible que Tite se decida por los laterales de Juventus, Danilo a la derecha y Alex Sandro a la izquierda.
La zona media es propiedad de Casemiro, emigrado al Manchester United, flanqueado por Fabinho, del Liverpool, y Lucas Paquetá, del West Ham. En la banca estarán atentos Fred, del Liverpool, Everton Ribeiro, del Flamengo, y Bruno Guimaraes, del Newcastle.
La delantera es un verdadero lío. O un trompo con muchas cuerdas. Neymar, que se esfuerza por no ser opacado por Messi y Mbappé en el PSG, tiene asegurada su titularidad. Es lo único claro. Porque a Tite le costará decidir, incluso para armar su lista final, entre Gabriel Jesús, revigorizado en el Arsenal, Firmino, del Liverpool, Gabigol y Pedro, ambos del Flamengo campeón de América, todos centrodelanteros; y Antony, del Manchester United, Rodrygo y Vinicius Junior, las joyas negras del Real Madrid, Richarlison, del Tottenham Hotspur, Raphina, del Barcelona, y Gabriel Martinetti, del Arsenal, en los costados.
Afincado en el Grupo G, el Scratch no debería sufrir para pasar a octavos. Serbia y Suiza son europeos sólidos, pero de segunda línea. Y Camerún clasifica seguido sin ambicionar nada más.
Si gana el grupo, en octavos deberá enfrentarse con el segundo del Grupo H, que seguramente terminará liderado por el poderoso Portugal. Así, el rival de Brasil podría ser Uruguay, que a priori se ve más sólido que Corea del Sur y Ghana que, sin embargo, no pueden ser mirados en menos.
Lucen potentes los celestes. Y los verdeamarelos siempre les tienen recelo. Pero a este nivel, en duelos decisivos, la mayor categoría brasileña debería terminar imponiéndose.
En cuartos de final la cosa se pone más difícil todavía. Su rival podría salir de un duelo en octavos entre España o Alemania y Bélgica o Croacia, dependiendo de cuáles acaban primeros y segundos en los grupos E y F, respectivamente. Los tres primeros son firmes pretendientes al título y los croatas, durísimos para cualquiera y que en el pasado mundial con una quincena de jugadores de nivel se las arreglaron para llegar a la final.
Es tan parejo todo allá en las alturas que nadie puede adelantar cómo le irá a un fútbol llamativo que hoy encabeza el ranking FIFA, pero que ha terminado por ceder espacio al crecimiento europeo, cuyas usinas generan sin pausa jugadores, especialmente de color, cuya habilidad y talento nada tienen que envidiarles a los talentosos chicos salidos de las favelas.
Sin ese monopolio de otrora, las posibilidades de Brasil son ahora siempre una incógnita. Si no, baste recordar ese humillante 7-1 que le endilgó Alemania en 2014, en el que era “su” Mundial.
