Secretos ocultos de la Catedral de Santiago
Una cripta arzobispal, campanarios y un patio con extrañas historias se abren al público como parte del legado menos explorado del principal templo religioso chileno.
La Catedral Metropolitana de Santiago, ubicada frente a la Plaza de Armas, es mucho más que el templo católico más importante de Chile. Además de su imponente presencia arquitectónica, alberga espacios poco conocidos, que conservan siglos de historia nacional.
Construida originalmente en 1541, la catedral se reconstruyó en varias ocasiones, debido a terremotos y otras catástrofes. Fijó su actual aspecto en 1780, gracias al diseño del arquitecto Joaquín Toesca.
Fue declarada Monumento Nacional el 6 de julio de 1951 y recibió diversas restauraciones. La más reciente, entre 2014 y 2015, tras los daños sufridos por el sismo de 2010.
Espacios ocultos
Uno de los rincones más impactantes del templo es la cripta arzobispal. Allí reposan los restos de destacados líderes religiosos, incluido el primer cardenal chileno, José María Caro.
A unos metros, el Patio de los Naranjos, poco visible para los visitantes y que guarda estrecha relación con el Palacio de La Moneda. Y es que semillas de ese lugar dieron origen al patio presidencial del mismo nombre.
También sobresalen los majestuosos campanarios, cuya visita sólo es posible mediante tours guiados por la empresa Turistik.
En las alturas, las vistas panorámicas del centro histórico de Santiago se combinan con la historia de las antiguas campanas del templo. Estas solamente suenan en fechas religiosas importantes y requieren al menos cinco personas para activarlas.
Intervenciones y restauraciones
La catedral ha enfrentado múltiples remodelaciones a lo largo de su existencia. En 2005, se modernizaron el altar mayor -tallado en mármol de Carrara- y la cripta.
Posteriormente, tras el terremoto de 2010, se realizaron importantes refuerzos estructurales con acero y fibra de carbono. Además, se renovó la fachada, mejoró la iluminación y se incorporaron miradores en ambas torres.
Hoy, el templo es uno de los lugares más visitados por santiaguinos y turistas, no sólo por su valor religioso, sino por su legado patrimonial. Desde sus vitrales europeos hasta los espacios menos explorados que conectan con el alma histórica del país.

