Primera ministra de Gran Bretaña se rindió antes de luchar: renunció
Liz Truss batió el triste de récord de ser el gobierno más corto de la historia del Reino Unido: seis semanas.
Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: ARCHIVO
Liz Truss, que hasta ayer dijo que era una mujer dura, que no se daría por vencida pese a los obstáculos, se derritió como mantequilla, y este jueves presentó su renuncia como primera ministra de Gran Bretaña, apenas 45 días después de asumir el cargo, lo que constituye un récord para el país.
Truss tomó el fierro caliente con la idea de proporcionar una sacudida neoliberal al país y resucitar el espíritu de Margaret Thatcher, pero una cadena de errores de cálculo y torpeza política la despertaron del sueño de convertirse en una nueva “Dama de Hierro”.
El pasado 6 de septiembre, con una visita a la reina Isabel II en su castillo de Balmoral, Truss iniciaba su mandato y tomaba la posta de Boris Johnson. Sus detractores dicen que no podía ser un buen augurio que la monarca muriese sólo dos días después…
Los analistas dicen que el caos, la molestia y la indignación en el país llegaron a tal punto que algunos medios estaban cuestionando si Truss duraría más que una lechuga, mientras que otros hacían comparaciones con Italia, afirmando que su país se parece cada vez más políticamente a su vecino del sur, caricaturizado por su inestabilidad política.
La ex primera ministra llegó al cargo tras las primarias por las bases conservadoras, que apreciaron su discurso deslenguado y su propósito de dar un giro a la derecha en el rumbo del país.
Pero sin la legitimidad con la que contaba Johnson, gracias a su aplastante victoria en 2019, ni un gran respaldo en sus propias filas, Truss aterrizó en Downing Street con pies de barro.
Se trata de una crisis sin precedentes en la historia política británica, que comenzó tras la muerte de la reina y se acentuó la semana pasada, cuando despidió a su ministro de Finanzas, Kwasi Kwarteng, tras cambiar de opinión sobre un polémico programa económico que causó tumulto en los mercados financieros e hizo que la libra esterlina se hundiera a un mínimo de 37 años frente al dólar.
Muchos de sus seguidores se sentían defraudados, pues se trataba de un programa que, según afirmó durante la campaña electoral, impulsaría la estancada economía del país.
Para aumentar el drama y el caos, su ministra del Interior renunció el miércoles, por incumplir el código ministerial al enviar un documento oficial desde su correo personal.
Dicen que el 23 de septiembre marcó el día de su declive definitivo. Ese día, su entonces ministro Kwarteng presentó la mayor bajada de impuestos en medio siglo, sin más plan para financiarla que endeudar al país. Los mercados respondieron disparando la prima de la deuda soberana y hundiendo la libra.
Luego de despedirlo (pedirle la renuncia), enmendó el rumbo hasta que el nuevo ministro de Economía, Jeremy Hunt, desmontó el lunes por completo su plan lleno de lo que llamó “errores”.
Su rictus inexpresivo aquel día, en la bancada detrás de Hunt, le valió comparaciones en la despiadada prensa británica con un “espectro” que seguía en el cargo sin poder.
Sus últimos movimientos a la desesperada, como aparecer en la BBC para hacer un acto de contrición y pedir perdón, no sirvieron de nada: su destino ya estaba escrito.
Con fama de ser una política hábil en las distancias cortas, durante la campaña de las primarias “tories” y su corto paso por Downing Street crecieron las dudas sobre su capacidad de movilizar a las masas, especialmente como sucesora de alguien tan carismático como Johnson.
En su discurso de renuncia frente al 10 de Downing Street, su residencia como primera ministra, Truss reconoció que no pudo “cumplir el mandato por el que fui elegida”. Permanecerá en el cargo hasta que se anuncie su reemplazo, tras un concurso de liderazgo que se espera que tenga lugar la próxima semana.
Por ahora, se va con la cabeza gacha, lejos de sus primeros días y su avasallante paso. Bien dicen que antes de la caída está la soberbia, viejo refrán que calza a la perfección para una mujer que pretendía pasar a la historia y que apenas será un borrón en los libros de historia.
