Para no creerlo: cucarachas modifican su vida sexual para evitar venenos
Los intentos humanos de deshacerse de los bichos han tenido una barrera imprevista: los insectos cambiaron su propio metabolismo.
Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: ARCHIVO
Las cucarachas han sido, desde siempre, uno de los enemigos más intratables del hombre. Quizá porque representan un perseverante ejemplo de ecología evolutiva muy difícil de exterminar.
Un grupo de científicos dieron un ejemplo más: la blattella germanica, la cucaracha alemana que ha evolucionado para vivir sólo en entornos humanos, “se dio cuenta” de que el hombre le ofrecía azúcar envenenado para eliminarla, por lo que lo sacaron de su dieta
El descubrimiento fue descrito en la revista Proceedings of the Royal Society B, y ofrece una ventana a una sorprendente adaptación.
Los controladores de plagas, a mediados de la década de 1980, fabricaron cebos con un insecticida rebosante de glucosa u otros azúcares que se descomponían rápidamente en glucosa. Los resultados fueron inmediatos: miles de cucarachas muertas.
Pero unos años más tarde, una empresa de control de plagas observó que una población de cucarachas en un apartamento de Florida no se podía controlar, porque había desarrollado una aversión a la glucosa. La glucosa ya no les sabía dulce sino amarga.
Pero al evitar la glucosa, los insectos ponían en riesgo su propia reproducción, por lo que aprendieron a modificar su metabolismo, explica el estudio encabezado por la entomóloga Ayako Katsumata, de la universidad estadounidense de Raleigh.
Ahora, para aparearse, la cucaracha macho despliega sus alas y segrega al mismo tiempo un jugo nupcial parecido a la maltosa, otra especie de azúcar. Y una feromona que emana de las cucarachas hembra, como un perfume embriagador, atrae a los machos.
Una vez que los dos hacen contacto, levantan sus alas, lo que expone una glándula en su espalda, de la que segrega un “regalo nupcial”: la papilla química dulce que la hembra consume. Pero para que la hembra se la coma, tiene que montar al macho, lo que coloca a la hembra en una posición perfecta.
Así, mientras ella se alimenta, el macho, que tiene un pene telescópico, lo extiende hasta penetrarla. Pero eso no es todo: el pene tiene un gancho que el macho utiliza para fijarse en los genitales de la hembra durante ¡90 minutos!, o sea, lo que dura un partido de fútbol.
En ese tiempo el macho crea un paquete de esperma que luego transfiere a la hembra, lo que da como resultado cientos de nuevas cucarachas para infestar nuestros baños y cocinas. Increíble, pero cierto.
