¡Gracias, Roger!
Pese a que se sabía que esta edición de la Laver Cup iba a girar en torno al retiro del tenis del más grande de todos los tiempos, Roger Federer, la realidad superó con creces a las expectativas. Porque el atiborrado 02 Arena de Londres, vestido de gala para la magna ocasión, sólo sirvió de escenario para ver en acción, por última vez de manera oficial, al King Roger, aunque fuera en un partido de dobles junto a otro grande, Rafael Nadal.
Por SERGIO RIED
Es difícil analizar un partido que se hizo para destacar sólo a uno de los cuatro competidores, pero como hay que dejar de lado las emociones por un rato, y referirnos a un match de tenis, diremos que el binomio estadounidense de Jack Stock y Frances Tiafoe cumplió su tarea de «malos de la película», con profesionalismo, pundonor y sin condescendencia alguna con el homenajeado. A tal punto que Tiafoe estuvo a punto de volarle la cabeza al mismísimo Roger Federer con una feroz derecha al cuerpo, en una devolución de saque de Nadal.
Y que el manacorí sufrió la misma afrenta, gentileza de Stock, quien de paso fue el mejor de los cuatro en las dos horas y 21 minutos de partido.
Si bien el resultado del mismo, favorable a los “villanos» por 5-7, 7-6 y 11-9 (súper tiebreak a 10 puntos), carece de importancia, hay que recalcar el aporte al espectáculo de los representantes del equipo rojo del Resto del Mundo, que lo dieron todo para ganar el partido; aunque al frente estuviera el idolatrado Roger Federer.
Si hubiera que analizar el partido como tal, habría que decir que ni Nadal ni Federer son eximios doblistas, pero que con su calidad individual suplen con creces sus deficiencias en el juego de binomios. Y como se trataba de un homenaje al rey del tenis, hay que decir que éste cumplió con creces su cometido, que era justamente despedir en gloria y majestad al ídolo de todos.
Abrazos, vítores interminables de un público fervoroso que pagó hasta 10 veces el valor real de una entrada para ver por última vez a su ídolo, hasta lagrimones del homenajeado, sus padres y su esposa Mirka, le dieron a esta inolvidable despedida del campeón, un carácter épico. Es tanto lo que se ha dicho, escrito y fotografiado de esta noche mágica y de lo grande e importante para el tenis y el deporte que ha sido Roger Federer, que sólo nos queda decir: ¡Gracias, Roger!
