El retorno de Virus a Chile: “Encontrarte en algún lugar”
En un repleto Gran Arena Monticello, el conjunto fundado por los hermanos Moura se presentó una vez más en escenarios locales junto al grupo Revive Soda.
Texto y foto: RODRIGO CABRILLANA
Una noche repleta de clásicos trasandinos fue la coronación del “Free Concert Argentina”, evento celebrado en el recinto de San Francisco de Mostazal el pasado sábado 26, y que tuvo como protagonistas a los históricos Virus y a Revive Soda, banda tributo nacional que reinterpreta los éxitos de Soda Stereo, el reconocido proyecto de Gustavo Cerati.
De hecho, la noche comenzó con la temprana presentación de los nacionales, pero adoleciendo bastantes problemas de sonido, que puso en alerta en los primeros temas a Ricardo Callealta, su vocalista, haciendo un llamado a que la situación pronto se solucionaría.
Y aunque el proyecto no presenta mayor variación con respecto a una estética y a un sonido que caracteriza a estos conjuntos, la presencia de su saxofonista les da un aire bastante fresco a las viejas canciones compuestas por Gustavo. Y por mucho que no fueran los mismos Soda que nos presentaran estas rememoradas piezas musicales, el público siempre está abierto a disfrutarlas dónde y cómo sea.
Así fue que, a un corpulento fan, se le iba la vida por los poros bailando y sudando cada uno de los hits que son parte del legado de Cerati, Bosio y Alberti.
Sin embargo, la noche estaba reservada para la historia, y con una puntualidad inglesa, a las 22:00 horas saltaron a escena Marcelo Moura, Julio Moura, Mario Serra y el resto de los músicos que completan la formación de Virus, para comenzar a deleitar a los fanáticos con una remozada versión de “Sin Disfraz”. Y lo que siguió de ahí en adelante, fue un reconocido repertorio de canciones que sólo confirman el prestigio musical de una de las emblemáticas bandas provenientes del país vecino más queridas en Chile.
“Ausencia” y “Tomo lo que encuentro” prosiguen, para luego dar paso a una fantasmagórica y añorada aparición de Federico Moura en el concierto con “Dame una señal”, participación que tiene lugar gracias a la indispensable tecnología y donde se puede apreciar su figura en una pantalla gigante, junto con su voz que se reproduce desde los viejos registros del conjunto. Un “invitado especial” como lo llama su hermano Marcelo, y que podría entrar desde cualquier lugar del escenario, para sorpresa de quienes presenciábamos el concierto.
Así y todo, la adrenalina musical no se detiene y “Lugares comunes” y “Superficies de placer” prosiguen la fiesta, para pronto “Imágenes paganas” despertar nuevamente el delirio de los seguidores de Virus. Una performance, en que destaca la sólida presencia escénica y en voz de Marcelo Moura como frontman de esta segunda etapa de Virus, donde también alterna con la voz de Julio, su hermano, en algunas de las canciones presentadas en el concierto.
“Dicha feliz” y “Los sueños de Drácula” avanzan con la noche en que también la presencia cabal de Mario Serra, baterista genuino de Virus, a ratos recuerda la musicalidad rocanrolera en la batería de otros referentes como Doug Clifford, el recordado baterista de los Creedence.
En tanto, las notas de “Destino Circular” le agregan esa atmósfera de misterio e incógnita al concierto, que se acompaña además de los bailes rituales de un enfundado en rojo Marcelo Moura, que sigue sorprendiendo a todos los que habíamos llegado hasta allí para confirmar la leyenda musical de Virus.
Y con “Pronta entrega” los éxitos en la lista de canciones crecen, y “Amor descartable” y “Hay que salir del agujero interior”, nuevamente con la voz de Federico, marcan el fin de la primera parte del concierto.
Pero, la euforia del espectáculo no cede, y los acordes en la guitarra de Julio Moura con “Wadu-Wadu”, llaman al viejo espíritu del rock latino y ponen de cabeza a todo el Arena Monticello a bailar con frenesí. Y se produce un momento peak con el cierre, donde la popular “Una luna de miel en la mano” es tal vez el instante más alto del show, con uno de los guitarristas de Virus aventurándose en los primeros planos del escenario junto a la teatralidad de Marcelo Moura, y el vocalista termina recibiendo y devolviendo golosinas al público, cuando algunos osados seguidores comienzan a lanzar confites desde el costado de la escenografía, al momento que Moura canta “Caramelos de miel entre tus manos”.
Pero, el mito no cedió y Virus se despidió en grande, y como tantas otras veces, su show dejó a los asistentes con una euforia tal, que viajar decenas de kilómetros para ver a los argentinos, resultó tan solo una anécdota, como las otras tantas que pudieron suceder después del concierto. Donde un afectuoso y preocupado Mario Serra se nos acerca a preguntarnos a la salida del Arena, por qué demora tanto en llegar nuestro transporte de regreso.
Es Virus, con toda su esencia de hospitalidad, talento musical y amistad que entregan a Chile cada vez que nos visitan. Ya habrá oportunidad de escuchar nuevamente sus canciones en directo, encontrarlos en algún otro lugar y disfrutar de sus canciones como adolescentes sin edad que somos en ocasiones.
