Desarrollan un chicle que mejora la concentración
Investigadores del Instituto de Tecnologías para la Innovación en Salud y Bienestar trabajan en un dispositivo que aprovecha los efectos de la masticación sobre el cerebro para mejorar el rendimiento cognitivo. El proyecto apunta a adultos mayores, trabajadores por turnos y sectores como minería y salud, y ya avanza en protección intelectual.
Un equipo del Instituto de Tecnologías para la Innovación en Salud y Bienestar (ITiSB) de la Universidad Andrés Bello trabaja en el desarrollo de un chicle funcional que busca mejorar la concentración y el rendimiento cognitivo a través de la masticación. El proyecto se basa en evidencia científica que vincula los procesos fisiológicos de mascar con respuestas cerebrales asociadas a la atención.
La iniciativa surge desde el cruce entre la neurociencia y la práctica clínica. En este contexto, el chicle no se concibe sólo como un producto, sino como un dispositivo capaz de inducir estados óptimos de funcionamiento cerebral a partir de estímulos físicos. El foco está en identificar una formulación específica —en términos de volumen, dureza y características mecánicas— que maximice esos efectos. Actualmente, el equipo trabaja en la optimización de esa fórmula tras resultados experimentales que ya evidencian mejoras cognitivas.
«Es un dispositivo transversal que contribuye a potenciar la actividad cognitiva y la activación, pero también integrar medicamentos o estimulantes, ampliando las alternativas frente a formatos tradicionales en salud y bienestar», señala la Dra. Carla Taramasco, directora del ITiSB, en la Facultad de Ingeniería de la UNAB.
La neurociencia detrás de mascar chicle
A cargo del Dr. Sebastián Espinoza, el proyecto analiza cómo los ritmos corporales influyen en la actividad cerebral. La masticación es entendida como un estímulo motor capaz de modular procesos neuronales vinculados a la concentración. Uno de los efectos principales identificados es el aumento del flujo sanguíneo hacia zonas cerebrales asociadas a funciones ejecutivas, especialmente en regiones frontales del cerebro.
A ello se suma la liberación de antioxidantes endógenos durante la masticación, asociados a mecanismos de protección frente al deterioro cognitivo, y la modulación de oscilaciones cerebrales. «La actividad neuronal se organiza en patrones rítmicos que se asocian a distintas tareas cognitivas, y la masticación ayudaría a alinear estos ritmos de forma más eficiente. Aumenta la cantidad de sangre que llega a zonas frontales y, al masticar, se enrielan estas oscilaciones, se mejoran o se acentúan las tareas cognitivas», indica Espinoza.
Las aplicaciones proyectadas son amplias: actividades académicas, trabajos por turnos, y labores en sectores como la minería o la salud, que requieren atención continua. Uno de los focos principales es la población mayor, donde la pérdida de funcionalidad masticatoria y el deterioro cognitivo suelen avanzar de manera paralela. «Agregamos un componente cognitivo que se traduce en mecanismos de conservación del estado cognitivo, en intervenciones no invasivas, de bajo costo, orientadas a la mejora cognitiva en adultos mayores», puntualiza Espinoza.
El carácter no farmacológico de la propuesta permite además evitar efectos secundarios de estimulantes tradicionales, como alteraciones del sueño o fluctuaciones de energía.
El proyecto también se perfila como vehículo para la administración de compuestos activos. La mucosa oral ofrece una vía de absorción rápida, lo que podría mejorar la eficacia y adherencia a tratamientos. «La solución no solo permite administrar medicamentos de manera más eficiente, mejorando su absorción, sino que además incorpora un componente de estimulación cognitiva a través de la masticación», finaliza Espinoza.
Actualmente el equipo avanza en paralelo en la protección intelectual de la invención, paso clave para su eventual transferencia y escalamiento.
