De la lente al switch: la historia de Felipe Cisternas
Desde sus primeros pasos detrás de cámara hasta asumir el liderazgo del matinal de Chilevisión, Cisternas comparte historias, anécdotas y reflexiones sobre la televisión que acompaña al país.
Acababan de terminar las Fiestas Patrias y hacía sólo unos días que celebró su cumpleaños. Quizá por eso la alegría aún asoma en sus ojos. Aun así, Felipe Cisternas llega puntual a nuestro encuentro: aparece con su sonrisa pícara, pero también con la amabilidad y la seriedad que lo distinguen. Así se presenta el director del matinal de Chilevisión, un hombre que ha hecho carrera detrás de cámaras y que hoy lidera uno de los espacios televisivos más influyentes del país.
Los primeros pasos y la curiosidad que guía
Cuenta que estudió Técnico Audiovisual en Duoc y que ya acumula más de una década de experiencia en televisión. Sus primeros pasos los dio como camarógrafo en Mega, pero pronto la inquietud por aportar desde otros lugares lo empujó a buscar nuevos desafíos. Ese camino lo fue llevando, poco a poco, hasta consolidarse como director general. Hoy, con la misma curiosidad que lo movió al inicio, repasa su trayectoria, la evolución de los matinales y los retos de conducir un formato tan exigente como predominante.
“Uno de mis jefes se trasladó a Chilevisión para hacerse cargo del matinal y me llevó junto a otros compañeros. Eso fue en 2012, cuando entré como director ayudante. Con el tiempo me fui fogueando hasta que, con la llegada de Julio César Rodríguez y Montserrat Álvarez, debuté como director general. De eso ya han pasado siete años”, relata Cisternas.
La responsabilidad de comunicar
Con convicción, asegura que lo más valioso de trabajar en televisión es el relato que se entrega a la audiencia.
“Queremos creer que la gente no es tan influenciada por los medios, pero lo es. La televisión sigue siendo un medio masivo, y esa responsabilidad está presente cada día”, reflexiona Cisternas, consciente del alcance de cada imagen y cada frase que cruza la pantalla.
Sobre su programa, Cisternas cuenta que los comentarios que reciben suelen ser muy positivos. Reconoce que no todos los conductores logran agradar a toda la audiencia, pero nunca interpreta esas críticas como un ataque personal; al contrario, el cariño y el reconocimiento que recibe por su trabajo siempre pesan más que cualquier opinión subjetiva.
“En varias ocasiones, el matinal llegó a liderar el rating durante semanas, alcanzando cifras que quedaron grabadas como históricas en la memoria de la televisión chilena”, afirma.
El ritmo del matinal
Cuando le pregunto sobre la dinámica del espacio, Cisternas lo describe con un ritmo casi frenético:
“El matinal funciona casi como un noticiero: estamos activos 24/7. Lo ideal es llegar a la reunión de pauta de las 2 de la tarde con el 70% del programa definido para el día siguiente. Pero siempre hay espacio para cambios, invitados de último minuto o móviles en terreno. Es un ejercicio constante de adaptación”, relata, reflejando la urgencia y la intensidad que requiere mantener un espacio vivo y conectado con la audiencia.
El matinal tomó un rumbo claramente más periodístico con su llegada.
“Antes el programa era más magazine: tarot, moda, temas livianos. Con la salida de Rafa Araneda y Carola de Moras, el canal apostó por un formato más cercano a la calle. Coincidió con el estallido social, y nos encontró bien preparados. Fue un desafío enorme: había que ser responsables y mesurados en un ambiente muy crispado”, reflexiona, evocando la intensidad de aquellos días y la exigencia de mantener la ecuanimidad frente a la presión de la sociedad y la pantalla.
Reinvención en tiempos de crisis
Sin embargo, se sincera cuando le consulto por la pandemia, la que los obligó a reinventarse por completo.
“Todos los programas se suspendieron y los matinales quedaron al aire. Llegamos a organizar tres equipos de trabajo para evitar contagios. Incluso animadores como Julio César y Monserrat se enfermaron, y tuvimos que reemplazarlos. Fue incómodo dirigir a distancia, pero logramos mantener el programa en pie”, recuerda Cisternas, evocando la tensión de aquellos días y la resiliencia necesaria para mantener vivo el pulso del matinal frente a la crisis.
Cuando habla de la audiencia, Felipe deja a un lado la sonrisa y su mirada se vuelve más reflexiva.
“La gente espera mucho de la televisión, a veces más de lo que realmente puede ofrecer, sin tomar en cuenta que la mayoría de los canales son empresas privadas que deben sostenerse para seguir en pie. Ese equilibrio es un dilema constante: ser responsables con los contenidos y, al mismo tiempo, cuidar a la teleaudiencia, porque de ese cuidado depende la propia supervivencia del programa”, explica.
El matinal y la sociedad
Acerca de la historia de estos espacios y sus formatos, Cisternas reflexiona:
“Los matinales siempre han seguido el pulso de la sociedad. En los ’90, todo era novedad y el formato liviano dominó durante años. Recién en 2018, Chilevisión apostó por un matinal periodístico, casi tres décadas después. Hoy, la audiencia exige contenidos más profundos, aunque la política, por ejemplo, tiene una presencia mucho menor que antes”.
A medida que la entrevista avanza, Felipe se permite hablar con emoción y empatía de Felipe Camiroaga, a quien describe como un auténtico fenómeno mediático y como el animador número uno de la televisión chilena:
“Camiroaga fue un ícono. Tenía carisma, talento y no le temía a expresar su posición política. Su historia, comenzando como asistente de cámara, le daba un valor aún más especial. Fue un comunicador completo, capaz de todo, y sigue generando admiración y afecto incluso después de su muerte”, confiesa.
Aporte y legado en pantalla
Al hablar de su aporte personal al matinal de Chilevisión, Felipe se muestra cercano y totalmente profesional:
“Me apasiona el contenido. Aunque mi fuerte es lo audiovisual, disfruto proponer temas y debatir las pautas con el equipo. Creo que mi contribución ha sido siempre la rigurosidad, la responsabilidad y el compromiso con lo que emitimos. Mi legado, más allá de los resultados, es hacer las cosas bien, de buena forma”, confiesa.
Entre risas, Cisternas recuerda una de esas joyas que solo pueden ocurrir en televisión en vivo.
“En plena pandemia, por error salió al aire una mención comercial de Julio César Rodríguez para Unimarc. Él, en tono de broma, lanzó: ‘¡Paga tu patente, conchetumadre!’. El condoro se volvió viral al instante. Y lejos de traer problemas, la gente lo celebró con carcajadas. Fue uno de esos momentos en que el desliz se transforma en complicidad con la audiencia”, comenta con la mezcla de alivio y humor que solo dan los años de experiencia.
Responsabilidad desde el switch
Cisternas asume con la serenidad de quien conoce el pulso del tiempo la presión de liderar un programa que cada mañana despierta y acompaña a miles de chilenos.
“En el ritmo vertiginoso de la información y bajo la mirada exigente de la audiencia, mi norte es sencillo: responsabilidad y compromiso en cada decisión, en cada imagen, en cada palabra que se enciende desde el switch, ese corazón invisible que late al ritmo del matinal”, concluye, con la convicción de quien sabe que la televisión es un delicado acto de equilibrio entre la pasión y la precisión.
