Crónicas de Sergio Ried: ¡Gracias, tenis!
El año 1998 fue uno muy especial, porque el azar me permitió conocer lugares emblemáticos que nada tienen que ver con el tenis. Aunque en este caso sí tienen mucho que ver.
Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO
GÉNESIS
Todo comenzó tras la final del ATP de Santiago celebrado en San Carlos de Apoquindo el año 1998, y que ganó mi amigo, el español Francisco “Pato» Clavet.
Había terminado la final y me encontraba entrevistando y fotografiando al flamante campeón, cuando Álvaro Fillol, director del torneo llama a “Pato” para que saque de una bolsa el nombre del ganador de un concurso creado por Bellsouth, auspiciador del torneo, para los periodistas acreditados. El premio consistia en un viaje para dos personas a Hannover, Alemania, para presenciar el ATP World Masters Championships, al cual Marcelo Ríos estaba clasificado entre los ocho mejores jugadores de la temporada.
“Pato” se disculpa por tener que interrumpir la entrevista, va al podio y saca el bendito papel que decía: Sergio Ried. Entre pifias, aplausos y bromas, porque en los momentos previos al sorteo yo estaba con quien sacó el papelito ganador, me apersoné a la mesa y agradecí emocionado el fabuloso premio.
Llamé a mi esposa Frieda (QEPD) y le conté la noticia, diciéndole que preparara las maletas porque nos íbamos a Europa.

TENIS Y TURISMO
El viaje desde Santiago tenía como última escala la ciudad de Frankfurt, lo que nos permitió conocer esa ciudad durante dos días, antes de embarcarnos a nuestro destino final, Hannover.
Y fue en esa hermosa ciudad, sede del torneo, donde el destino me dio otra manito. En mi calidad de periodista, relataba los partidos de Ríos para Radio Minería y cubría el evento para mi revista QuinceCero y el diario La Tercera y ya estaba, teléfono en mano, listo para relatar el duelo del “Chino” contra el español Albert Costa, cuando llega la noticia de que el chileno se había retirado y su lugar sería ocupado por el suplente, el inglés Greg Rusedsky.
El “Chino” había perdido el primer partido del Grupo Blanco con Tim Henman, 6-4 y 6-1, y decidió no seguir, ya que sus posibilidades de pasar a semifinales eran remotas y prefirió volver a casa.
Entonces, yo aprovecharía la oportunidad de tomarme el día libre para conocer lugares cercanos de interés, con mi nuevo amigo, un taxista chileno de Quellón que vivía en la ciudad germana desde hacía varios años. Desde el primer apretón de manos me dijo que estaba a nuestra disposición para mostrarnos la ciudad y otros lugares de importancia histórica.
Ya ese día, con Ríos ausente, era el indicado para cobrarle la palabra Siguiendo sus consejos decidirnos ir al campo de concentración de Bergen-Belsen, el segundo de más triste recordación, junto a Auschwitz , a una hora por carretera. De ahí, a otra hora de viaje, estaban el puerto de Hamburgo y el escandaloso Sankt Pauli, con su famoso Barrio Rojo (foto principal), que atrae a miles de turistas de todo el mundo.
Del horror de estar en el lugar donde murieron hacinados más de 50 mil judíos rusos y de otras nacionalidades, junto a 6 mil prisioneros de guerra, al mundano y pecaminoso barrio más conocido del mundo junto a su similar de Amsterdam.
Tarea más que cumplida para un día de turismo inesperado.
De regreso a medianoche a nuestro acogedor hotel y los días siguientes de vuelta al espectacular Centro de Comercio y Exhibiciones Fairground de Hannover, para seguir el torneo, que finalmente, y ante la sorpresa de todos, ganó el español Alex Corretja a su compatriota Carlos Moyá.
Gracias tenis, gracias Bellsouth y gracias “Pato” Clavet, por una quincena inolvidable.
