Columna de Sergio Gilbert: Eduardo Berizzo y la época de las vacas flacas
La obligación del seleccionador es encontrar la mejor manera de obtener buenos resultados y no tratar de llenarles el gusto a sus críticos. Aunque sea con un fútbol poco vistoso, arisco. Tal vez sea lo que somos y a eso hay que adecuarse.
SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO PHOTOSPORT
Eduardo Berizzo suma casi un año al frente de la selección nacional (asumió en mayo de 2022) y estadísticamente sus números no dan para aplaudir: en siete partidos, Chile no ha ganado ninguno, porque perdió cuatro (Corea del Sur, Túnez, Marruecos y Polonia) y empató tres (Ghana, Qatar y Eslovaquia), marcando sólo dos goles y recibiendo ocho.
En realidad, un espanto.
Claro, todos esos encuentros fueron de carácter amistoso y jugados fuera de Chile, pero ni siquiera se puede justificar tan mala estadística señalando que ellos sirvieron para encontrar nuevas alternativas en algunos puestos o que fueron el costo por buscar un funcionamiento colectivo adecuado. Nada de ello, en realidad, ha ocurrido.
Berizzo, sin duda, está al debe. Ya no le sirve la carta de haber sido el más directo de los ayudantes de Marcelo Bielsa en su época de entrenador de La Roja, ni tampoco el DT que llevó a O’Higgins a ganar un inédito título nacional. Ya no tiene a mano ni comodines que puedan mantenerlo incólume ante las críticas.
¿Significa eso que hay que buscar un reemplazo ya pensando que las eliminatorias al Mundial de 2026 comenzarán a disputarse en septiembre próximo?
Sin duda que hay que, al menos, comenzar a mirar otras opciones. Ningún entrenador del mundo se sostiene si no gana, por mucho que pueda tener otras cualidades.
Pero de ahí a tomar un fósforo y quemarlo todo en estos momentos, sin hacer una evaluación seria ni tener un sólido plan alternativo, parece ser una aberración y el camino más fácil al despeñadero.
En estos momentos en que Berizzo está en época de exámenes, hay que preguntarse varias cosas.
Una: ¿tiene él un material idóneo o al menos suficiente para conformar un plantel competitivo?
Claro que no. Y eso se sabe hacer rato. Chile se las ha batido en los últimos años con una mezcla inocua, desabrida, conformada por los restos de la generación dorada y un puñado de figuras que han emergido pero que, en su mayoría, no ha podido mantener un nivel internacional.
Tampoco existe un grupo de proyección joven de alto nivel al que pueda entregársele responsabilidades mayores.
Es cierto. Berizzo debía saber todo eso al momento de asumir y tendría que haber establecido un camino para superar o al menos aminorar este conflicto. Ese ha sido un error del DT. Pero él no es el responsable único y mayor de la casi nula generación de buenos futbolistas estos últimos años. Y aunque asumiera Guardiola, Klopp o Bielsa, el problema se mantendría igual.
Segunda pregunta: ¿cuál es hoy la prioridad, jugar como nos gustaría u obtener resultados?
Es evidente que la mayoría dirá que lo segundo. Los objetivos deportivos se obtienen ganando. Pero igual existe en el inconsciente colectivo del hincha y del periodismo chileno esa idea de que hay una sola forma de ganar: atacando siempre “como lo hacían los equipos de Bielsa y Sampaoli”.
Pésimo que se piense eso. Primero, porque la sentencia no es verdadera. Hay muchas formas de ganar. Y segundo, porque cualquier esquema o idea táctico-estratégica depende de los jugadores con los cuales se cuenta. Y si algo carece Chile hoy como equipo es, justamente, futbolistas de alto nivel con vocación ofensiva.
Por tanto, la obligación de Eduardo Berizzo es encontrar la mejor manera de obtener buenos resultados y no tratar de llenarles el gusto a sus críticos. Aunque sea con un fútbol poco vistoso, arisco. Tal vez sea lo que somos y a eso hay que adecuarse (hasta que nuevamente surjan jugadores con otras características).
Tercera y última interrogante: ¿quién se supone que hoy es el mejor DT o el más capacitado para trabajar en la selección en orden a los jugadores con los cuales se cuenta?
Es un misterio. Berizzo, según confiesan los propios jugadores, trabaja seriamente, ordena intensidad en las prácticas y su discurso llega bien. Además, conoce el medio. ¿Cuántos más, con esas características y que estén al alcance presupuestario de Chile tienen esas mismas condiciones? ¿Pekerman, que se fue entre escándalos de Venezuela? ¿Gareca, que ya se instaló con éxito en Vélez Sarsfield? ¿Martino, que viene de un fracaso sonado en México? ¿Holan o Quinteros, que hoy pasan por momentos de dudas en sus equipos en Chile? ¿Almeyda, Heinze?
Vamos, que es complicado el tema.
Por eso hay que bajarles un cambio a las expectativas, analizar si lo que estamos viviendo sólo es culpa del seleccionador y, esencialmente, ver para qué estamos.
Eso es lo que corresponde en época de vacas flacas.
