Columna de José Miguel Ortiz: Decencia en tiempos decadentes
A 50 años del brutal Golpe de Estado chileno, un grupo de ex Presos Políticos y usuarios Prais de la Región del Biobío se reunieron con el Arzobispo Fernando Chomalí. En el encuentro explicaron la serie de actividades que han venido realizando los ex detenidos post Golpe de 1973.
Por JOSÉ MIGUEL ORTIZ VERA / Foto: ARCHIVO
Daría para un largo libro relatar todas las experiencias vividas por quienes sufrieron las consecuencias de un episodio traumático, y ojalá irrepetible, de la historia chilena. A la reclusión surgieron largos destierros, cambios forzados de vida, pero por sobre todo una permanente lucha por reivindicar los motivos que llevaron a tomar una opción de construir un país mejor, equivocadamente o no, con dignidad y mucha superación personal y familiar. Lo que hoy llamamos rescilencia ejemplar.
Lo cierto es que la gran mayoría de ellos, han hecho un aporte al país, desde sus respectivos espacios, oficios y profesiones. Se podría decir que el proceso ha sido largo y complejo, pero también digno, transparente y reconfortante.
Mantener la memoria viva no sólo sirve para no repetir errores históricos, sino que básicamente es una demostración de la trascendencia atávica del hombre y su instinto de sobrevivencia. Como magistralmente dicen los Inti Illimani; “…nunca el hombre está vencido, su derrota es siempre breve”.

La activa mesa de dirigentes agradeció el importante apoyo y ayuda de la Iglesia Católica en tiempos muy duros, esa Iglesia de Raúl Silva Henríquez, del cura Aldunate, del cura Puentes, del cura obrero Mariano Puga, entre tantos otros. Por cierto, las iglesias protestantes también supieron defender y jugarse por la defensa de los chilenos perseguidos en uno de los momentos más oscuros de la historia patria.
La idea es que cuando se inaugure el monolito recordatorio de la ex cárcel de Chacabuco 70, se haga una ceremonia ecuménica. El momento es propicio y adecuado, porque saber agradecer, con la perspectiva del tiempo transcurrido, nos hace más dignos y gigantes que nunca.
