Columna de Sergio Gilbert: La Guerra de los Roses
El conflicto entre la Asociación Nacional de Fútbol Profesional y el Sindicato de Futbolistas Profesionales revive con fuerza este 2025, marcado por decisiones polémicas, acusaciones cruzadas y una amenaza de paro que pone en jaque el inicio de la temporada.
Como ya es una tradición arraigada, la temporada 2025 del fútbol chileno se inicia con una amenaza de paro por parte del Sindicato de Futbolistas Profesionales (Sifup) en contra de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP).
No se sabe cómo va a terminar esto, si es sólo una bravata o va en serio, pero es bueno aclarar la razón por la cual, esta vez, los futbolistas llegaron a este punto.
La gota que rebalsó el vaso fue la decisión tomada por el Consejo de Presidentes de la ANFP en torno a la intención de que el torneo de la Segunda División Profesional (Liga 2D) se juegue este año exclusivamente con jugadores Sub 23 debido a que un grupo de clubes señaló que así se podrían abaratar costos (hay que aclarar que la Liga 2D no recibe aporte alguno por parte de la ANFP, pese a su carácter de fútbol “profesional”).
El Sifup, encabezado por el ex jugador Gamadiel García, de inmediato puso el grito en el cielo por esta decisión del Consejo alegando que esta medida dejaría, al menos, 300 jugadores cesantes de una sola pasada.
Contratos por año completo
Los dimes y diretes entre ambos organismos fueron subiendo de temperatura y, la pasada, el Sifup aprovechó que la guerra estaba declarada para decir que la ANFP ni siquiera tuvo la decencia de contestarle una demanda de 11 puntos que el organismo gremial les había mandado en noviembre pasado. La lista incluía, entre otras cosas, que de ahora en adelante los contratos de los futbolistas sean por años completos y no sólo por los meses en que hay actividad competitiva (ocho o nueve meses, según sea el caso).
Y como si de La Guerra de los Roses se tratara, de ahí para adelante llegó todo el arsenal de uno contra el otro que ha constado hasta hoy de la ratificación de un paro, una acusación ante la Inspección del Trabajo, descalificaciones por parte del Sifup, y réplicas de la ANFP de no reconocimiento como interlocutores válidos a los máximos dirigentes del Sindicato (García y el tesorero Luis Marín), petición de mediación a la Inspección de Trabajo y anuncio de que la temporada 2025 se iniciará sí o sí el próximo 25 de enero con la disputa de la Supercopa entre Colo Colo y Universidad de Chile.
El panorama parece complejo eso en sí mismo, pero hay también elementos que terminan por hacerlo inentendible.
Y es que el Sifup y la ANFP, pese a ser organismos que representan veredas contrarias (jugadores versus dirigentes, es decir, empleados versus empleadores) han construido en los últimos años una especie de “sociedad” que termina por ser incompatible.
Cositas para echarles en cara
El Sifup recibe anualmente por parte de la ANFP una cantidad de dinero emanado de los derechos de televisión. Y Luis Marín, el ahora fustigado directivo del Sindicato, trabaja en el canal TNT Sports, que tiene los derechos de torneo. Es decir, el ex portero recibe honorarios del principal socio de la ANFP, el organismo cuya composición directiva califica como “cáncer”.
No es todo.
El Sifup, pese a que hace un par de años señaló que estaría atento que se cumpliera un espurio acuerdo con la ANFP en torno a rebajar el número de jugadores extranjeros en los torneos de Primera y Ascenso, no ha hecho gran cosa, al menos públicamente, para hacer respetar este trato.
La ANFP, por cierto, también tiene hartas cositas para echarles en cara.
Pablo Milad, el débil y poco eficiente presidente de la ANFP, dejó al Sifup sin posibilidad de diálogo amparándose en que cada decisión que se toma en el organismo no es atribuirle a él, sino que sólo al Consejo de Presidentes.
Intereses cruzados
Milad, además, sistemáticamente se ha negado a asistir a la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados donde se discuten las modificaciones a la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas y donde se hay en la mesa dos temas que para e Sifup son emblemáticos: la división entre la Asociación y la Federación de Fútbol, y la multipropiedad.
Todos estos elementos hay que dejarlos en claro para entender la profundidad del tema.
La batalla entre el Sifup y la ANFP no puede pensar en arreglarse si es que siguen existiendo intereses cruzados, denostaciones o inflexibilidades.
La pelota está detenida y desinflada por ahora.
