La coronación de Palestino: el único campeón chileno al que aplauden de todo el mundo

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Por Daniel Pérez Pavez
Actualizado el 18 de noviembre de 2018 - 12:48 am

40 años después de su último título, el equipo árabe ganó la Copa Chile para regresar a sus viejas glorias y a la Libertadores. Por lo que representa, su festejo incluye a millones de personas que, fuera del país, también sienten suyo al combativo cuadro palestino de La Cisterna.

En los últimos cuarenta años Chile cambió tanto que Pinochet ya está bien sepultado junto a los amargos recuerdos de su dictadura, aunque la economía de libre mercado campea como antes. La juventud cambió el rock latino de entonces por el reggaetón actual, mientras la sociedad sigue discriminando por igual a los mapuches y a los inmigrantes. El fútbol creció con un bicampeonato de América y volvió a retroceder cuando inmoló su ética con el robo en descampado de Jadue desde la dirigencia. En ese péndulo que va y viene para recordarnos las lecciones de la historia, Palestino volvió a ser campeón en una tarde de calor agobiante en La Cisterna, con banderas combativas desplegadas sobre el enrejado y un puñado de figuras que le concedió el título de la Copa Chile que le devuelve a la Copa Libertadores.

La anécdota futbolística final del 3 a 2 sobre un Audax pujante se zanjó con los goles de Matías Campos López, César Cortés y su capitán Luis Jiménez, tras una lucha apretada y emocionante que el equipo “paisano” había presagiado con la victoria inicial de 1-0 en La Florida. En este Palestino campeón de nuevo cuño ya no están los gloriosos viejos estandartes como Popeye Fabbiani, Elías, Rodolfo Dubó o el Loco Araya, con Caupolicán Peña en el banco, pero palpita la misma sangre y pasión de un equipo que siempre fue símbolo de lucha contra la adversidad, como el pueblo que representa. Los tricolores de entonces fueron campeones del torneo nacional en 1977 y un año después ganaron la copa, en el ciclo más brillante de su vida deportiva.

Este Palestino tan distinto está iniciando su recuperación, tras un año irregular en que pasaron otros técnicos y a final fue Ivo Basay quien encontró la clave para capitalizar la sinergia de un plantel provisto de buenos jugadores. El Hueso armó el equipo a partir de los experimentados -Roberto Gutiérrez fue el emblema- y contó con la vigencia de un retornado como Luis Jiménez, que después de asegurar su fortuna profesional en el fútbol árabe vino con el gran objetivo espiritual de jugar y ganar para acceder sin deudas a los cuarteles de invierno. A ellos sumó, entre otros, al volante argentino Agustín Farías y al goleador Matías Campos -siempre ignorado por el seleccionador Rueda- como pilares de una campaña notable, que renueva el orgullo de los hinchas “paisanos”.

Cuando ya culminaba la premiación en el campo de La Cisterna, un hincha emocionado se secaba las lágrimas sentado sobre el cemento desnudo de la galería y otro, a su lado, ensayaba una reflexión con sabor a venganza: “Al final al único Mago del campeonato lo tuvimos nosotros. Y un Pájaro también”, rumoraba con sorna en clara alusión al equipo millonario de Colo Colo que no pudo disfrutar de Valdivia y Valdés.

Después de la mayor alegría de sus últimas décadas, Palestino regresa a la vitrina refulgente de la Copa. Con gloria y orgullo. En rigor, los mismos sentimientos de millones de palestinos que desde todo el mundo hoy miran hacia Chile con admiración por “su equipo” sin fronteras…