Yo lo viví: la noche mágica de Hugo Villanueva

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Por El Ágora
Actualizado el 24 de junio de 2024 - 9:34 pm

El sucesor de Sergio Navarro en el Ballet Azul falleció con 85 años de edad, y deja el recuerdo de un jugador serio, limpio y eficiente que impuso su categoría en la U y en la Selección.

Por JULIO SALVIAT / Fotos: ARCHIVO

Había transcurrido poco menos de una semana después del infartante desenlace del campeonato nacional de 1963, cuando el campeón (Colo Colo) y su escolta (Universidad de Chile) estaban midiendo sus méritos en los legendarios torneos internacionales de verano, esos que congregaban multitudes en el Estadio Nacional.

El domingo 5 de enero, Enrique Hormazábal liquidó las pretensiones de la U haciéndole desde mitad de cancha el gol del triunfo albo a Universidad Católica, cuyo arco era defendido por el pintoresco y eficiente Pancho Fernández. Y el sábado 11, los azules debutaban en el Pentagonal con triunfo de 2-0 frente a Nacional, campeón de Uruguay, mientras los albos caían 1-3 ante Racing, tercero del también recién terminado campeonato argentino.

Fue en el partido siguiente cuando vi por primera vez en acción a Hugo Villanueva. El espigado lateral izquierdo venía apareciendo y desapareciendo de las alineaciones de la U desde 1960, opacado por la figura inmensa de Sergio Navarro, su gran capitán. Luis Álamos ya le había dado la responsabilidad frente a Nacional, donde se las arregló muy bien en la marca del renombrado Jorge Oyarbide, e insistió con él en el encuentro contra Flamengo, campeón del estado de Guanabara, y favorito para quedarse con el trofeo.

La tarea era inmensa para el novato: al frente iba a tener a la figura cumbre del campeonato, al que nadie identificaba por su nombre (José Armando Bufarte Ventoso), pero todos conocían como Espanhol. La marca individual de esa noche (otro acierto del Zorro Álamos) nos deslumbró a todos, porque no era lo usual en el fútbol chileno. Villanueva tomó en serio la orden y el crack carioca no sacó nada con jugar por el medio o por el sector izquierdo, porque al lado suyo estuvo siempre el lateral azul hasta opacarlo totalmente.

Tres a dos ganó la U esa noche, remontando un 1-2 con que terminó el primer tiempo, con goles de Rubén Marcos y dos de Leonel Sánchez.

El tercer encuentro de la U en ese Pentagonal fue contra Colo Colo. Goleada 3-0, con anotaciones de Héctor Fumaroni, Leonel y “Chepo” Sepúlveda. Y Villanueva sobresalió nuevamente, esta vez anulando a Eugenio Méndez, refuerzo wanderino de los albos.

Defensa habitual de la U en esos años, con Luis Eyzaguirre, Carlos Contreras, Humberto Donoso y Hugo Villanueva.

La culminación del torneo fue con otro triunfo azul: 1-0 a Racing, con gol de Fumaroni. Villanueva, ya consagrado, dejó en la oscuridad a José Mattera, un uruguayo que era la gran contratación de los de Avellaneda. Y con ese resultado, la U fue campeón con campaña perfecta, todo lo opuesto a Colo Colo, que perdió sus cuatro partidos.

Después de la cuarta fecha del campeonato local, Villanueva se apoderó definitivamente de la camiseta titular. La U fue campeón cómodamente, con nueve puntos de diferencia (hoy serían 13) sobre Universidad Católica. Volvió a dar la vuelta olímpica al año siguiente con igual facilidad, pero no tan amplia diferencia: seis (nueve ahora) sobre el mismo adversario. Y el lateral izquierdo fue considerado el mejor de su puesto en esos dos torneos. Y repitió la gracia en 1967, cuando los azules fueron campeones nuevamente y consiguieron su sexta estrella, la quinta para el jugador y los integrantes del Ballet Azul.

Villanueva jugó los tres partidos que disputó la selección chilena en el Mundial de Inglaterra. No fue figura, pero tampoco desentonó. También fue titular con la Roja en la Copa América de 1967, en la que Chile remató tercero.

Cuando iba a cumplir una década en el equipo de sus amores, Villanueva defendió la casaquilla del Universidad de El Salvador. Y de ahí emigró a Estados Unidos, donde trabajó como ingeniero de LAN en Miami y se radicó por muchos años en ese país.

Tenía 85 años y su corazón se detuvo por estos días. Debe estar pichangueando con Leonel Sánchez, Carlos Campos y Alfonso Sepúlveda, sus mejores amigos en el Ballet Azul.

La afición futbolística lo recuerda como un jugador serio, limpio y eficiente. Yo lo rememoro por esa noche mágica de enero de 1964 cuando cumplió una misión que parecía imposible: anular a un jugador que en ese momento era considerado entre los mejores de Brasil.