“La Memoria Infinita”: la película que también retrata al Chile de ayer
En una ceremonia celebrada la noche de este sábado en Valladolid, España, el célebre documental dirigido por Maite Alberdi consiguió uno de los Premios Goya otorgados al mejor de su género.
Por RODRIGO CABRILLANA / Foto: IMDB
“La memoria creo que tiene que ver con lo que permanece finalmente y de cómo lo hacemos permanecer”, expresa la directora cinematográfica Maite Alberdi en una conversación con la periodista Bárbara Alcántara para el programa radial “Artistas Invitados”.
En dicho espacio la directora del documental “La Memoria Infinita” cuenta detalles de su filmación. De la relación profunda que estableció con sus protagonistas y hasta de la banda sonora que complementa la película. Pero hace hincapié y énfasis sobre la importancia que tiene la memoria para contar una buena historia.
Por lo mismo, profundizar sobre el concepto de la memoria que trabaja la realizadora en especial en este filme, tiene que ver como lo señala ella y como también lo manifestaba el periodista Augusto Góngora, uno de los dos personajes elementales de esta película, con reconstruir un tipo de memoria social y colectiva. Pero no desde los números ni la información dura, sino desde lo emocional, es decir, desde lo sensitivo, lo afectivo, lo anímico y todo lo que comprende a las emociones. En el fondo, cómo realmente piensan, perciben y actúan sus protagonistas en el entorno, los que le dan vida a la historia misma.
Porque si bien la memoria social se perfila desde la oralidad, la pluralidad y la sociedad como tal, y la memoria histórica desde la textualidad y lo empírico, y está incluso más ligada a un oficialismo, aquí también Alberdi apunta a que lo histórico se puede construir “narrando y compartiendo el dolor”.
Sobre todo, porque Góngora -a pesar de su Alzheimer- siempre recordó sus dolores y amores en todos los contextos. Aflicciones que también están ligadas a la historia más estrecha y reciente de nuestro país. Por las vivencias y experiencias que tuvo que afrontar Góngora como un importante periodista opositor al régimen de la dictadura.
Un tipo que fue un gran activista cultural en tiempos de silenciamiento y en los que muy pocos podían decir cosas con un cuidado supremo, entre los que estaba Góngora y que llamaba a “(…) que no basta que la reconstitución de la memoria sea un acto meramente racional, (en que) no bastan las estadísticas ni las cifras. Yo creo que los chilenos necesitamos reconstituir nuestra memoria emocional, precisamente porque estos años han sido tan duros. Tan traumáticos, tan llenos de dolor, (que) también necesitamos recuperar nuestras emociones, asumir los dolores, elaborar nuestros duelos”. Todo esto se exhibe en el documental.
Sin embargo, la película es también una historia de amor. Cuenta la bella relación de pareja que establece Augusto con la actriz Paulina Urrutia, y que se manifiesta intensamente en todos los momentos del filme.
En ese sentido, también actúa la memoria histórica, porque se trata igualmente de dos actores que son distinguidos y que contribuyeron bastante a la historia y la escena cultural de Chile, desde sus trincheras. Góngora desde el periodismo cultural y Urrutia desde el teatro, la televisión y la gestión.
Entonces, apreciar este ilustre documental es también conocer un fragmento relevante de la historia de Chile. “Sin memoria no hay identidad”, le escribe Augusto a Paulina, en la dedicatoria de uno de sus libros que le obsequia y que muestran en el filme.
En una película en la que también se entrecruza esa evocación de la memoria social con la histórica. Está enraizada insondablemente en las historias de vida de nuestros protagonistas y que el espectador va redescubriendo en los distintos momentos que desarrolla la película. Un claro ejemplo, cuando se exhiben instantes en que se retrata el proceso del libro en que participa Góngora, “Chile. La Memoria Prohibida” y las distintas circunstancias que lo rodearon por esos años.
Por esa razón, “La Memoria Infinita” se enmarca como un documental conmovedor, cuidadosamente trabajado en su montaje. Espontáneo, a ratos desgarrador, y que basa su esencia en el amor. Pero que deja una apertura para la reflexión personal y la conciencia histórica. Es decir, la manifestación de la memoria misma.
Porque ver esta película acerca de Augusto y Paulina es también ver el reflejo de una parte fundamental de nuestra historia cultural. Dos personajes brillantes en sus áreas que también están destinados a trascender y a quedarse por mucho tiempo en nuestro imaginario como país. El Chile de los ’80, ’90 y 2000 está implícitamente representado en ambos.
La noche de este sábado 10, “La Memoria Infinita” ganó un Goya, premio importantísimo en el Cine Iberoamericano. Es un reconocimiento mayor a esta historia y al trabajo de Maite Alberdi como realizadora. Y como manifestó la joven directora en sus redes sociales, no solamente fue un día de fiesta, sino que también ha sido una notable oportunidad de ir abriendo puertas con esta categoría documental, además de perpetuar el testimonio de Paulina y Augusto.
Si hay algo que me llamó la atención desde lo personal el día que vi la película en el cine, fue que la gente no se iba de inmediato. Cuando terminaba la proyección del documental se quedaban reflexionando en sus butacas. Cuando comenzaban a pasar los créditos finales, muchos seguían estáticos e incluso algunos estaban profundamente emocionados. Eso no lo había experimentado antes con un filme, menos con uno nacional.
Maite Alberdi con este trabajo logra absolutamente instalar esta historia en nuestra colectividad y que la memoria de la misma prevalezca, se proyecte y permanezca entre todos quienes apreciamos su valor.
