El rodeo, ¿con los días contados?

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Por Eduardo Bruna
Actualizado el 14 de septiembre de 2016 - 10:11 pm

Considerado deporte nacional desde 1962, se anunció durante la semana un proyecto de ley para abolir su práctica en el país. Mientras los que lo defienden apelan a la “tradición”, los que lo repudian cuentan con una batería de argumentos para conseguir su prohibición. La denominada “fiesta huasa” es disfrutada y protagonizada siempre – a juicio de muchos- por huasos de utilería, como “Los Quincheros”.

Considerado “deporte nacional” desde 1962, el rodeo es un espectáculo bárbaro, cruel y –objetivamente-, monótono, sin mayor gracia. Defendido a ultranza por sectores ruralmente muy acomodados, todo parece indicar que en el país la actividad tiene las horas contadas: Guido Girardi, senador, y Patricia Cocas, presidenta de la organización Proanimal, anunciaron hace unos días la presentación de un proyecto de ley que busca abolir una práctica tan ancestral como absurda.

El anuncio, como no podía ser de otra manera, provocó revuelo. Algunos huasos reaccionaron indignados contra este verdadero atentado a una “tradición” tanto o más antigua que la propia República, al paso que la gente común, esa que cada vez tiene más conciencia de que los animales no son cosas, sino seres vivos, se vienen manifestando tan de acuerdo con la iniciativa legal, que hasta pa- saron por alto que el promotor de la idea sea Girardi.

El portal Emol, perteneciente al grupo El Mercurio, reaccionó con presteza frente a la iniciativa legal.

No podía ser de otra manera: Agustín Edwards, su propietario, es uno de los tantos que no pierde oportunidad de disfrazarse de huaso para las Fiestas Patrias y para el Champions (y quien durante años ha hecho negocios con la venta de caballos corraleros surgidos de su criadero “Santa Isabel”), mandó a hacer una encuesta on line en la que, hasta fines de agosto, habían participado según la página 75 mil personas.

El resultado fue que, mientras el 49% se manifestó de acuerdo en abolir la brutalidad animal en las medialunas del país, el 51% votó en sentido opuesto.

Monótono

Pero, ¿en qué consiste este mal llamado deporte? Básicamente, en una disputa al interior de un recinto, llamado medialuna, cuyo objetivo es detener a un novillo en una zona determinada. Para ello, un par de jinetes deben arrear al animal en tres oportunidades consecutivas, mientras el jurado evalúa la postura de los huasos, la actitud del caballo y el lugar de los golpes, con puntuación diferenciada de acuerdo a las zonas del animal que son objeto de todo tipo de “caricias” por parte de los inocentes equinos.

Esa única acción, reiterada una y otra vez por los participantes, se convierte al final en una imagen tan repetitiva y tan sin variantes, que cuesta encontrarle el mérito y la gracia.

Mucho menos si se considera que se trata de dos huasos correteando y tratando de encerrar a un pobre animal que, lo que es mucho peor, no tiene ninguna posibilidad de escapatoria de la tortura que le espera.

Daño animal

Ya en septiembre de 2010, y mientras Ñuñoa celebraba la Semana de la Chilenidad con un rodeo en la medialuna emplazada en el Estadio Nacional, un grupo de jóvenes activistas irrumpió en el recinto exigiendo el fin del maltrato animal y la abolición de la práctica. Todo no habría pasado de la anécdota si no hubiera sido porque algunos de los propios espectadores decidieron registrar las escenas en sus teléfonos celulares y subirlas a la red.

Los videos que se pudieron ver resultaron tan estremecedores como indignantes. Mientras un delirante locutor ladraba por los altoparlantes, gritando “¡sáquenlos, sáquenlos…, que este deporte es nuestro y no de ellos!”, se apreciaba que, mientras algunos huasos les arrebataban las pancartas a los jóvenes protestantes, y procedían luego a agredirlos en forma cobarde, otro disfrazado de huaso se transformaba en el “héroe” de la tarde al lacear a una muchacha que intentaba huir para después arrastrarla inclemente por la medialuna.

El sufrimiento del animal no es poca cosa: “Hay daño. Es innegable. Los dirigentes del rodeo siempre dicen que tienen reglamentos y que han ido estandarizando las formas, pero lo concreto es que el animal sufre un gran daño. Porque se trata de un novillo que pesa 200 o 300 kilos que es impactado por un animal de 400 kilos a toda velocidad contra un muro. Los animales sufren fracturas de costillas, muchas veces no se quieren parar por los golpes recibidos. Y lo que hacen es picanearlos muchas veces mediante golpes de electricidad”, explica Pablo Reyes, médico veterinario y presidente de la Fundación Ceba.

La ley sobre maltrato animal no aplica en el rodeo, aunque suene extraño.

Efectivamente, la legislación nacional contempla sanciones para las prácticas que impliquen maltrato, estableciendo penas que van desde los 61 días a tres años de presidio menor en su grado mínimo y multas de 2 a 30 UTM. Sin embargo, de esta ley está exento el rodeo. En otras palabras, ni con pruebas contundentes, como fotos o videos, es posible acusar con éxito a nadie.

¿Actividad para niños?

No se trata, tampoco, de un espectáculo familiar, como sostienen los defensores del rodeo. Los que están en contra señalan, en cambio, que el espectáculo del rodeo expone a los niños a observar escenas de abuso y crueldad en contra de los animales que podrían causar más de algún problema sicológico. De hecho, algunos estudios señalan que el visualizar y practicar conductas violentas hace que los menores sean más propensos a su repetición. A tomar con naturalidad el maltrato y no tan sólo eso, sino que a disfrutar con el sufrimiento ajeno de un ser que es considerado inferior.

Señalan los críticos del rodeo, además, que se trata de una práctica de élites: se calcula que un buen caballo corralero cuesta 20 millones y el atuendo completo otros cinco millones o poco menos. Dicho claramente, no hay jornalero, peón o temporero que pueda competir en igualdad de condiciones con quienes tienen dinero de sobra. Como se ve, existen sólidas razones para acabar en el país con esta actividad. Lo propio está ocurriendo en España con la lidia de toros. Y con razón: ¿cómo explicar que un país europeo de cultura milenaria, que ha dado al mundo personajes de la talla de un Miguel de Cervantes, Federico García Lorca, Pío Baroja o Gustavo Adolfo Bécquer, por sólo nombrar algunos, continué aceptando inconmovible tal muestra de barbarie?

Este texto también lo puedes leer en la edición de esta semana del periódico Cambio 21.